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Tom Wolfe regresa buscando sangre

Hace varios años que a Wolfe le pasó por la cabeza escribir un libro sobre inmigrantes

Hace varios años que a Wolfe le pasó por la cabeza escribir un libro sobre inmigrantes

Ocho años han pasado desde la publicación de su última obra, I am Charlotte Simmons, y ahora el gigante del Nuevo Periodismo se ha ido a Miami buscando sabor, locura y calor latino, con los que impregna las 720 páginas del libro que pretende desbancar a su gran clásico, La hoguera de las vanidades

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Inhalo… Exhalo… y me atrevo a admitir una enorme verdad: ¡Este tipo es un fuera de serie! No es un simple escritor, novelista, reportero, cronista o cualquier título que se le ponga a la gente que se gana la vida arrejuntando palabras entre sí y empaquetándolas en periódicos o libros: Tom Wolfe es de otra galaxia, tal vez la misma donde Siths y Jedis se baten en duelos por el uso de La Fuerza. La gran y única verdad es que es un maestro de maestros. Un pana de Yoda, pues.

Descubrí a Tom Wolfe la misma semana que leí Miedo y asco en Las Vegas del buen –y difunto– Hunter S. Thompson. Al terminar con las psicodélicas aventuras de Raoul Duke, acompañado por su salvaje y atroz abogado samoano, me sumergí en un texto llamado The Electric Kool-Aid Acid Test y si sentí envidia con el de Thompson, al leer este libro casi lloré aturdido por la impotencia. En estas páginas vemos (es tan gráfico que pude visualizar todos sus detalles) a Tom Wolfe persiguiendo el nefasto autobús amarillo de Ken Kesey y sus amigotes, los Merry Pranksters, en una verdadera odisea épica e histórica a través del desalmado territorio americano, saliendo y entrando de caminos bañados de locura, con un objetivo tan dramático como innecesario: llegar a la Feria Mundial en New York y, estando ahí, pues, salir a echar vaina.

En ese libro palpita, hierve y estalla, el corazón del sueño hippie; la valiente utopía del Peace and Love; y convierte a íconos como Kesey y Neal Cassady, en seres humanos, con carne que sangra y huesos que se rompen. Es un monumento a una generación única, mucho antes de que los Hell’s Angels se tragaran un cargamento de ácido y destruyeran en un solo festival (Altamont) el ideal hippie; y antes de que el universo maldijera a la humanidad pariendo a un monstruo llamado Charles Manson.

Tom Wolfe ha estado presente desde esa época, desde los sesenta. No sólo presente: ha tatuado la realidad americana como nadie más se ha atrevido. Con una prosa eléctrica, personal, suerte de metralleta de palabras, ideas y metáforas marinadas, siempre, en el caldo de la sátira, el autor ha tomado, de frente, las principales temáticas de cada década; siempre con el olfato del reportero que necesita conocer, que es adicto a investigar.

En Miami es la cosa
Hace varios años que a Wolfe le pasó por la cabeza escribir un libro sobre inmigrantes. Quería conocer el mundo de los que se trasladan de un país a otro que llamarán hogar. Miami, entonces, fue la ciudad-objetivo. Al establecerse durante un corto período de tiempo lo supo: pudo rastrear tantas historias, tantas posibilidades de creación; personajes tridimensionales que llevarían consigo un poder y atracción únicos, porque el arte, en esta oportunidad, simplemente imitaría a la vida. “Miami es la única ciudad en todo el mundo donde la gente de otro país, hablando otra lengua y de otra cultura, se ha apoderado de toda esta gran ciudad, incluyendo su poderío en las urnas de votación, apenas en una generación”, dijo Wolfe. “Estoy hablando, por supuesto, de los cubanos”.

Y ese fue el génesis de Back To Blood. El libro que salió, como una grotesca explosión de fuegos artificiales, el 23 de octubre y sobre el que ya muchos miamenses tienden a sentir temor. Y es que no pocos esperan que le otorgue a Miami –y sus habitantes– el mismo carácter ¿burlón?, ¿humorístico?, ¿destructivo? que dio a sus predecesores en La hoguera de las vanidades y Todo un hombre; con las ciudades de New York y Atlanta, como locaciones respectivas. Y sus antihéroes, como signo de la vulnerabilidad de cada época.

Será interesante ver a Tom Wolfe regresar con aires de venganza, después de que I Am Charlotte Simmons no llenara las expectativas de sus fanáticos, mucho menos de la crítica. Ahora, Wolfe se valió de todos los recursos posibles (además de un adelanto por parte de su nueva casa editorial calculado en 7 millones de dólares) y encontró un fuerte aliado en Oscar Corral, reportero de The Miami Herald, quien fue su guía y cómplice durante los años que duró la investigación de campo para reunir el material necesario para la creación de Back to Blood.

Sí, quiero reiterar lo de investigación de campo… Tom Wolfe hizo lo que mejor sabe: investigó, reporteó; salió a las calles de Miami y las devoró. Esto quizá sea algo que desconoce la nueva generación de comunicadores, practicantes del gélido y nada creativo periodismo de twitter, donde, desde un escritorio, juran que el trabajo periodístico se cumple a cabalidad. ¡Chamos, lean a Wolfe y siéntanse culpables! Las historias están afuera, en las esquinas, bajo los puentes, no frente al monitor de la computadora, mucho menos presas en un puñado de caracteres.

La impresión para Oscar Corral fue tal que realizó un documental sobre las andanzas de Tom Wolfe y su proceso de research, a lo extenso de Miami, el cual fue estrenado el mismo día que salió el libro.

“Será un libro salvaje”, es la promesa de Tom Wolfe sobre Back to Blood, cuya parte de la trama recaerá sobre los hombros de un agresivo policía cubano-americano llamado Néstor Camacho.

Con el libro veremos de qué valió la extensiva búsqueda periodística-literaria que el maestro desplegó sobre la capital de las Américas. Entonces sabremos si el dandy regresó con la fuerza que todos esperamos o, si en cambio, el blanco de su ropa y cabellera auguran el fin de tantas eras.