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Tío Simón es Venezuela

Simón Díaz en Contesta por Tío Simón/Archivo

Simón Díaz en Contesta por Tío Simón/Archivo

Canta como canta un corazón, es caballo desbocado, a veces se le caen de la hamaca los sueños de madrugada y siempre silencia amarguras, pues toda leche da queso y toda pena se cura

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Fue hace más de 16 años. Estaba a punto de finalizar La flor de mi secreto, de Pedro Almodóvar, cuando comenzaron a sonar los primeros acordes. Todos en la sala de cine quedaron como adheridos a sus asientos, no se escuchaba ni el ruido de las bolsas de cotufas ya vacías. El brasileño Caetano Veloso interpretaba “Tonada de luna llena”.

Hubo lágrimas y, con ellas, minutos enteros de aplausos y ovación, pues no hay venezolano que no se le haya hecho un nudo en la garganta al escuchar en una película europea uno de los más bellos temas de Simón Narciso Díaz, nuestro genial Tío Simón.

A su esposa Betty le regaló el mar de las Antillas y a todos los venezolanos nos ofreció la Venezuela que queremos. Con la belleza de una luna llena menguante, la pena de amor de un becerrero, la claridad de un lucero del alba o la polémica Mercedes bañándose a las orillas de un río, nos pintó un pedazo de lo que somos, de eso que llevamos en los tuétanos.

Por eso es uno de los hombres más queridos de Venezuela. Tal vez por eso, el hombre con el mayor de los consensos, porque Simón es lo mejor que tenemos. Es y refleja lo más hondo que llevamos, es y encarna lo más genuino que sentimos.

Simón captó, como han escrito muchos, lo que está más allá de lo visible para hacernos vivir –con sus tonadas, canciones de trabajo que se dedicó a preservar– historias que tocan emociones. Ese es su sello: imágenes de profunda sencillez que nos impiden soltar amarras y que, incluso, trascienden a lo universal. No en vano para Joan Manuel Serrat su música es tan “profundamente provinciana que la hace ampliamente internacional”.

Su amor por el campo y su temor de que la industrialización acabara con el ordeño, lo hizo componer “Sabana”, y así, esa mujer que va detrás de un hombre a caballo, no es más que el campesino que abandona el arado por un hombre que le ofrece más dinero desde un tractor.

Su amor por la vida lo hizo componer desde lo cotidiano de la vida. Y así ese caballo viejo que no lo paran falsas riendas es la versión de un contrapunteo en el que él y un muchacho mucho más joven se disputaron –con versos– la atención de una muchacha.

El tío con más sobrinos del mundo es, como todos los venezolanos, un luchador. Becerrero de Barbacoas, pueblito al sur de Aragua, cogió camino –como su padre soñaba– a buscar un futuro mejor. Y llegó lejos, tanto que fue amigo de personajes como Cantinflas y Mercedes Sosa, cantó con celebridades como Plácido Domingo, Celia Cruz, Lucho Gatica y Julio Iglesias, y hasta le regaló un cuatro a Juan Pablo II. Un Grammy Latino a su Trayectoria, en 2008, es reflejo de una carrera más que sólida.

Simón es fértil, tan fértil como esta tierra. Grabó su primer disco en 1963 y desde ese año produjo más de 70 volúmenes, una impronta que canta y cuenta con cientos de tonadas, pasajes y merengues, al menos 12 programas de televisión, un show de radio que duró 24 años, cinco películas, obras de teatro, libros, dibujos… Una de sus canciones, “Caballo viejo”, tiene 350 versiones en al menos 12 idiomas.

El tío Simón es versátil. Entre las facetas de su genio figuran las de poeta, torero, humorista, ecologista, comunicador, cuenta cuentos, actor. Pero Simón es también familia. Fue padre de siete hermanos y recorrió muchos caminos hasta llegar a Caracas, a Baruta, y es allí donde hoy, a sus 84 años, comparte la paz de un hogar bonito.
Con esa sencillez tan suya, ha dicho en incontables entrevistas que es apenas “un transeúnte dentro de la historia”, un vasito conductor del sentimiento “a quien los venezolanos le piden que riegue”, un hombre que reúne “barajitas de mérito para ir colocándolas en su álbum”.

Para los venezolanos ya las reunió todas. Ese hombre que canta como canta un corazón es lo mejor que tenemos. Para todos los venezolanos, Simón es esta tierra fértil, versátil y generosa. Para todos, el Tío Simón es Venezuela.