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Tim Maia: mito, música, amor y coraje

Tim Maia

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“Mais grave! Mais agudo! Mais eco! Mais retorno! Mais tudo!”.

Tim Maia

Toda buena historia debe poseer ingredientes que la mantengan viva hasta el final. Debe tener también personajes que la sostengan y que de algún modo encarnen un rasgo, un estereotipo, una potencia que haga que aquellos otros que se acerquen a ella, por alguna mágica razón, tomen parte de su desarrollo y su devenir. Hay personajes a los que sin duda les sobran algunos de estos rasgos y hay personajes de la industria cultural que nacieron para redefinirlos, para mostrarnos un mundo otro posible, vidas que nos atraviesan para marcarnos afectiva y culturalmente. 

Viajes, deportaciones, más viajes, vuelta a casa, excesos de todo tenor, hombre y figura son controversia y entrega. Una línea de vida delirante acompañada con una voz prodigiosa y un entusiasmo embriagante. Tim Maia reúne en su más alto desempeño como músico pasión, creatividad y ritmo; como hombre del espectáculo ofreció ingenio, irreverencia y una, digamos, incansable lucha contra la censura; Maia hombre y Maia músico: cantante, compositor y productor redefinieron tiempo y género en el gigante del Sur, su anarquía e independencia no sólo dejaron decenas de éxitos populares en su trayectoria e influenciaron a jóvenes de su época, como Marisa Monte, Lulu Santos, Os paralamas do sucesso o su propio sobrino Ed Motta, Tim cambió la relación de la industria cultural en general con los artistas en el Brasil.

Nada puede ser imperecedero si no es hijo del amor. Sebastião Rodrigues Maia nace en Tijuca, Rio de Janeiro, el 28 de septiembre de 1942. Con la historia de una pasión también se puede leer de alguna forma la historia de un país. Es el menor de una camada de doce criada en una familia hija del afecto y el fogón. Nelson Motta cuenta en su fantástica biografía sobre 

Tim Maia, Vale tudo - O som e a fúria de Tim Maia, el pasado de sus padres, Altivo y María Inmaculada. Con el cuento orgulloso y amoroso de los padres de Tim se pincela la primera mitad del siglo XX carioca. Tião pasó sus primeros años trabajando en el negocio familiar llevando a domicilio las marmitas llenas de la comida que salía de los fogones de Altivo. Tião el marmitero dejaría todo aquello y comenzaría su vertiginosa carrera a los 14 años con su brevísima primera banda Os Tijucanos do Ritmo, banda de parroquia que, como cuenta Motta, animó las fiestas domingueras “hasta su prematuro fin en una pelea colectiva en que la batería fue destruida”.  De Tião el marmitero a Babulina, el mismo mote de un joven de Rio Comprido: Jorge Ben. Desde aquellos días la amistad de estas dos leyendas. Con el lanzamiento del satélite ruso Sputnik, en 1957, nace la primera banda formal de Tim Maia: The Sputniks, compuesta por Arlênio Livio, Wellington Oliveira, Roberto Carlos y Tim Maia. 

Nelson Motta describe ese curioso 1958 en que Juscelino Kubitschek se hace presidente del Brasil. “Con 16 años, en la Tijuca, Tim sintió el mismo impacto que Erasmo, Roberto y Jorge Ben, al oír por primera vez en la radio aquella extraña música con aquel cantor más extraño todavía, en un ritmo contagiante que nadie jamás había escuchado. João Gilberto cantaba ‘Chega de saudade’ e invitaba a la bossa nova. Al mismo tiempo, en São Paulo, el joven estudiante de Arquitectura Chico Buarque sentía el mismo impacto, como el académico de Derecho Edu Lobo, en Copacabana, y los universitarios Gilberto Gil y Caetano Veloso en Salvador. La vida de todos esos muchachos tan diferentes –y de la música brasileña– no sería más la misma después de aquel disco”. Pero de Tijuca a Copacabana en esa época había mucho más que un puente que une la Zona Norte y la Zona Sur, y si las cosas para un blanquito de voz afinada como Roberto Carlos no eran más que la de un imitador de João, las diferencias se acentuaban mucho más para un gordito de mal carácter como Tim Maia o Erasmo Carlos.

Tim Maia viaja por vez primera en 1959. Motta lo detalla así: “un día 13 de agosto, un viernes, con 16 años, 12 dólares en el bolsillo y una carta para la Sra. Cardoso, sin hablar ni una palabra de inglés, Tim se embarcó en un cuatrimotor de Lóide Aéreo para un larguísimo viaje hasta Nueva York”. Presidio, deportación y apuesta por el camino del ritmo. De vuelta a Rio, una década después, en 1969, Elis Regina le da el toque de luz que le faltaba: graban juntos “These are the Songs”, el camino está hecho, de aquí en adelante la ruta será una fiesta de explosión y furor hasta el final. Aquí comienza el legado del padre del soul en el Brasil.

En las dos décadas siguientes Tim Maia graba cerca de 20 álbumes de estudio, y crea Seroma Produçoes, tal vez la primera productora musical alternativa de la historia del Brasil, para hacerle frente al negocio del establisment, monopolizado por un pequeño grupo. En 1972 Tim llega a Londres donde están Caetano Veloso, Gilberto Gil, Jorge Mautner, entre otros artistas brasileños exilados por la dictadura militar instaurada en Brasil desde 1964, después del golpe a João Goulart. En Piccadilly la “expansión de la conciencia” venía más por el sexo, el LSD y el Rock and Roll. Tim escuchó a Ray Charles, en ese mismo 1972, Tim también perdió el amor allá en la vieja Inglaterra. Para esa época Maia ya era un ídolo grabado por la Philips en Rio, cada disco contenía sucesos que rayaban las estrellas: “Chocolate”, “Nao quero dinheiro”, “Primavera”, “O que me importa” o “Azul da cor do mar”. En esa misma década Tim experimenta un escenario, digamos, religioso, con la Doctrina Cultural Racional. Sin dinero, sin banda y sin rock and roll, pronto vuelve Tim y su swing, un año bastará para sanarlo. En 1983 laza “O descobridor dos sete mares”, “Me dê Motivo”; en el 85 le tocó a “Um día de domingo”. Con el lanzamiento del disco Tim Maia, de 1986, vino “Do Leme ao Pontal”. Esa década no podía cerrar mejor, dinero, fama y reconocimiento: en 1988 recibe el premio Sharp al mejor cantante del Brasil. Junto con el enorme éxito de estos años también crece el volumen del cuerpo del viejo marmitero, demasiada comida, drogas, sexo y rock and roll.

El año pasado se celebraba en algunos sitios de Brasil otro aniversario del nacimiento de Tim Maia, el mito ya no tiene la irreverencia de antaño, pero entrada la noche les aseguro que no hay boteco en Rio o São Paulo que no le dedique un par de piezas, no hay amor que no comience tarareando alguna de sus canciones, no hay computadora que no le pregunte al Sr. Google por Tim Maia más de 200.000 veces al año por alguna razón. Ahora poco me llegó un disco inédito que salió en 2007 junto con un DVD –el mismo año de la biografía de Nelson Motta, el mismo año de los grandes homenajes al coloso del samba funk–, es tal vez el concierto en vivo más poderoso de Maia –tal vez el que siempre quiso ver videograbado–, realizado, nuevamente yendo en contra de la profunda crisis económica que azotó a Brasil en 1989, en el Hotel Nacional de Rio de Janeiro para conmemorar sus 30 años de carrera: 25 músicos en escena más un coro de seis gatinhas y los arreglos de cuerdas del maestro Lincoln Olivetti Moreira. Violines, violas y chelos, de Bernardo Bessler a Jaques Morelenbaum, dos líneas de metales, guitarras, percusión, bajo y batería. Trece piezas dirigidas muchas veces sobre el director mismo por un Tim Maia enérgico, golpeando con ritmo un cencerro agogó, pidiendo audio, piropeando a esta de acá o a aquella de más allá. Volviendo a la base rítmica en “Você e eu, eu e você”, solos de voz y guitarras irrepetibles en “Primavera” o con el fantasma de Barry White en “Me dê motivo”. Tim y su grito de guerra: “Mais grave! Mais agudo! Mais eco! Mais retorno! Mais tudo!”.

Tim Maia In Concert: “A festa do Santo Reis”, “Sossego”, “Gostava tanto de você”, “Primavera”, “Baby”, “Telefone”, “Do Leme ao Pontal”, “O descobridor dos sete mares”, “Você e eu, eu e você”, “Me dê motivo”, “Você”, “Um dia de domingo” y “Vale tudo”. No hay desperdicio, temas compuestos por Maia o interpretados son marcas imborrables en la música popular brasileña, Caetano dice en relación con el tema “Baby”, compuesto por él y cantado sólo una vez por Maia y grabado en ese show: “Donde Tim Maia colocó la voz, nadie más la podrá colocar”. No es poco decir si pensamos que es la propia voz del Brasil, Gal Costa, quien interpreta este tema de Caetano en su disco de 1969 y en su 

MTV unplugged, de 1997.

La década de 1990 es una fiel radiografía de la vida de este titán. Exagerado, desmedido, sin límites creativos, sin límites de ningún tipo: nueve trabajos discográficos en siete años y cinco veces reconocido en ese mismo tiempo (90, 92, 93, 95 y 97) por el Prêmio da Música Brasileira, el antiguo premio Sharp. Motta cuenta en las últimas páginas de su libro los avatares emocionales y procesos económicos por los que pasaba ese electrocardiograma que fue la línea de vida de Maia en 1997. Seroma Produçoes en los setenta y ahora en los noventa Vitória Régia Discos. El cuerpo al límite con una infección y los homenajes detrás del teléfono. Abogados, extorsiones, nuevas generaciones de fans y al mismo tiempo escenarios a medio llenar, la promesa de un programa propio de TV que nunca llegó y un diciembre que prometía salir de deudas con un palco en Réveillon de Copacabana que también se esfumó. Enero de 1998 abrió con el Festival Planeta Atlântida, 50 mil personas en la platea, Titãs, Rita Lee y Daniela Mercury, entre otros grandes, compartieron con Tim la gloria en el balneario gaúcho; con Lulu Santos, Fernanda Abreu, Jota Quest y otra vez Mercury y 30 mil almas en la edición catarinense en Jureré. Tim ponía todas las manzanas en el cesto del show en vivo con disco incluido del canal Multishow de la Globosat. Después de salir el 8 de marzo en una ambulancia de la presentación en el Teatro Municipal de Niterói e ingresar al Hospital Universitário Antônio Pedro, Tim Maia muere a los 55 años de una infección respiratoria. Dirá Nelson Motta: “El domingo 15 de marzo de 1998, a las 13h03, el corazón del gordito más simpático de la Tijuca paró de batir”. Su vida rocambolesca y apasionada está contenida en una obra vasta y sin desperdicios. Pase por ella y pruebe un poco del ritmo sin igual, de la entrega y apuesta a un trabajo, sienta la euforia de sus interpretaciones, su estar arriba y dejarse caer. Descorche, sea curioso, tenga coraje, ame. Salud.