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Texto-fobia: Victoria De Stefano

Victoria De Stefano

Victoria De Stefano

Hasta el momento ha publicado las siguientes novelas: “El desolvido” (1970,2006), “La noche llama a la noche” (1985), “Cabo de vida” (1994), “El lugar del escritor” (1992,1993), “Historias de la marcha a pie” (1997,2005) (Premio Municipal de Novela, Finalista del Premio Rómulo Gallegos), “Lluvia” (2002,2006), “Pedir demasiado” (2004), “Paleografías” (2010). Como ensayista destacan los libros “Sartre y el marxismo” (1975), “Poesía y modernidad. Baudelaire” (1984) (Premio Municipal de Ensayo)

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Conocí a Victoria De Stefano en una reunión de escritoras en casa de Eva Feld en el año 2000. Para mí el encuentro, que probablemente ella haya olvidado, fue importantísimo y muy ansiado.

Quince años antes, en 1985, leí en la prensa cultural una reseña elogiosa de su novela La noche llama a la noche y corrí a comprarla. La leí con gran entusiasmo y desde entonces me hice admiradora de Victoria. Esta novela, la primera que conocí, era la segunda pues en 1971 apareció El desolvido.

Hasta el momento Victoria De Stefano ha publicado las siguientes novelas: El desolvido (1970,2006), La noche llama a la noche (1985), Cabo de vida (1994), El lugar del escritor (1992,1993), Historias de la marcha a pie (1997,2005) (Premio Municipal de Novela, Finalista del Premio Rómulo Gallegos), Lluvia (2002,2006), Pedir demasiado (2004), Paleografías (2010). Como ensayista destacan los libros Sartre y el marxismo (1975), Poesía y modernidad. Baudelaire (1984) (Premio Municipal de Ensayo).

El desolvido, firmada como Victoria Duno, por su matrimonio con Pedro Duno, nombre fundamental de la izquierda venezolana, bebe de la historia de los años 60, marcados por la utopía y la violencia de la lucha guerrillera. Del fracaso de esta utopía trata la novela, escrita en un estilo realista y testimonial. Anota Ednodio Quintero en el prólogo a Lluvia de la edición de Candaya: “Nos resulta revelador constatar que esta novela fue escrita en paralelo con el ensayo de la autora titulado: Sartre y el marxismo (1975)”.

Otras novelas que por esas fechas abordaron el tema fueron No es tiempo para rosas rojas de Antonieta Madrid y Entre las breñas de Argenis Rodríguez. El tema de la lucha armada, su efervescencia y desilusión, marcaron la literatura venezolana de un modo indeleble. Lo encontramos en las décadas posteriores.

La noche llama a la noche es una obra muy acorde con el posmodernismo de los años 80. La construcción de la novela sobre la base de lo fragmentario, el quebrantamiento de la linealidad, novela dentro de la novela… Del personaje principal pueden rastrearse huellas desde El desolvido. La anécdota, múltiple y sugerente, es el escenario y la puesta en escena del acto de la escritura. Victoria De Stefano crea un texto, que sin sacrificar el placer de la historia, se dobla sobre sí mismo en una indagación escritural. Es, siguiendo a Barthes, una novela que está poco escrita antes de ser leída, por lo que exige un esfuerzo de decodificación por parte del lector; o, en la terminología de Cortázar, de un lector macho.

El lugar del escritor es el autorreconocimiento de la autora en su condición de escritora. El episodio central consiste en el discurrir de una reunión de escritores y artistas, a lo largo de la cual, el personaje central se cuestiona en profundidad el sinsentido de la vida cuando sacrifica la escritura. Es interesante que, mientras en La noche llama a la noche, el narrador pareciera ser un ente masculino que cuenta una historia compleja y ajena, en el lugar del escritor, el narrador es una mujer con claros visos autobiográficos. Lo que ocurre en la novela es lo siguiente: la narradora, desde su rincón y desde su cuestionamiento personal, observa a los invitados y sus acciones a la manera de un plano secuencia cinematográfica. La alienación del entorno ante el cual ella solo se salva porque mantiene su conciencia alerta. Cuando se acaba la fiesta, el personaje vuelve a su rutina cotidiana y vuelve también a escribir.

Cabo de vida es una novela agónica sobre lo que les ha tocado vivir a los otros. Son vidas mínimas, en las que las acciones también mínimas aparecen dotadas de grandiosidad épica. Como dice Ednodio Quintero en el prólogo ya comentado: “El registro de esta novela es minucioso y demorado, nada escapa a la atenta observación de la autora, gestos, acciones, anhelos, pensamientos son sometidos a un escrutinio tenaz. Y el resultado es un alegato donde predominan los más puros valores de la solidaridad”.

Historias de la marcha a pie es el texto más complejo de Victoria De Stefano. Una novela que se construye sobre la base de la “marcha a pie” hacia la casa de un amigo de toda la vida. Es interesante como hay una especie de contrapunteo entre el desplazamiento del personaje protagonista y la postración del amigo enfermo que va a visitar.

Lluvia es la escenificación de la vida de un escritor. La novela tiene dos partes: en la primera, la narradora habla de un diario que quiere escribir y de como la vida cotidiana parece alejarla de su única razón de ser. Hay dos espacios: el estudio y la cocina. Son las dos caras de la moneda entre las que se debate la conciencia del texto. La segunda parte es la escritura del diario. Ambos apartados funcionan de manera autónoma, pero son engranados como llegan a su máximo esplendor. Una frase resume la condición del artista y su trajinar con la vida cotidiana: “Salir de la torre y bajar al mundo real de tanto en tanto”. Aparecen las influencias literarias de Victoria De Stefano: Kafka, Musil, Kant, Mallarmé, Rilke, y en un lugar especial, Clarice Lispector. Se trata de una novela intimista en la que la introspección es el sello principal.

Pedir demasiado es quizás el texto menos complejo de Victoria. Es la historia de un padre y una hija que atraviesan una encrucijada existencial debido a un duelo por muerte. Esperan un sobre que contendría el alivio a tanto sufrimiento. Al final nunca abren el sobre y la vida se impone llanamente, sin misterios.

Paleografías. Aquí, De Stefano se desplaza del mundo del escritor al mundo del artista plástico. Un artista que vive un penoso bache en su creación para quien desplazarse, definirse, decidirse es una agonía. Esta novela, junto con Lluvia y El lugar del escritor, me parece que pueden leerse como una trilogía.

La literatura de Victoria De Stefano es cuidada y cuidadosa. Es también cuidadora de la vida y del arte, que se presentan indisolubles en su obra. Un querido amigo escribió en estas mismas páginas hace años que la obra de esta autora “No es literatura de ocasión”. Quisiera cerrar con un epígrafe de Walter Benjamin que Victoria seleccionó para Paleografías:

El contenido de una conversación

es reconocimiento del pasado, como si fuera

nuestra juventud y nuestra vejez ante el campo

en ruinas de nuestro espíritu.