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Texto-fobia: Mezclaje

Mezclaje por César Chirinos

Mezclaje por César Chirinos

“En esta novela el autor representa un ambiente claramente definido: el submundo de los bares de Maracaibo al que acuden prostitutas, travestis, policías, trabajadores del puerto y el profesor Uyón Vivas, voz principal de la narración”

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De la vasta obra de César Chirinos, toda ella admirable, Mezclaje (Caracas, Fundarte, 1987) es para mí el punto culminante. En esta novela el autor representa un ambiente claramente definido: el submundo de los bares de Maracaibo al que acuden prostitutas, travestis, policías, trabajadores del puerto y el profesor Uyón Vivas, voz principal de la narración. Mezclaje se inserta en un proyecto narrativo que busca definir una identidad histórica: “Siempre estoy buscando algo que considero una identidad histórica en Venezuela: la paradoja, el humor. Los intelectuales la han relegado en vez de explotarla, ya que está entre nosotros. Al mediodía en Maracaibo un hombre anda con paltó, camisa y corbata a 40° (…). Esto es nuestro y me interesa trabajarlo”.

Se trata de una intención de recuperar el modo de ser nacional, y hay en este sentido, un interés por la referencialidad que va más allá del texto y que se diferencia de la postura cien por ciento experimentalista de Oswaldo Trejo que señalaba que la literatura “no busca representar un mundo”. Estamos en presencia de una novela que experimenta con el lenguaje a la vez que no deja de alimentar sus lazos con la realidad extratextual.

Chirinos retrata un ambiente de marginados sociales que encuentran en la rocola y el alcohol la única evasión posible al tedio vital y al cansancio diario.

El texto comienza en el espacio reducido de un bar, con una exhibición del código para pedir cervezas y una breve presentación de los personajes asiduos al lugar. Como a través del ojo movible de una cámara cinematográfica, vemos progresivamente el comportamiento casi orgánico del bar y de su gente. Luego esta especie de visión cinematográfica se amplía y la cámara sale a la calle para mostrarnos el chantaje de un policía a una prostituta. Así se va construyendo una visión de los bajos fondos de Maracaibo. Este punto de vista tiene antecedentes en Guillermo Meneses (Campeones y La mano junto al muro) y en Salvador Garmendia (Los pequeños seres y Los habitantes).

En el contexto destaca el profesor Uyón, hombre culto convencido de que toda esa información, que no sabiduría, no le sirve como salvación. Sin embargo, no puede escapar a su condición y a él, principal voz narrativa e introductor de las otras que surgen esporádicamente, se deben las múltiples referencias cultas presentes en la novela, no exentas de ironía. Su filosofía de la vida podría resumirse así: “La única verdad siempre por realizarse es una vuelta completa de 360 grados. La suerte no cambia y eso involucra al lector”. Por eso su discurso vacío y repetitivo, pues no hay nada que contar salvo el intercambio de vocablos en el seno de una misma rutina. El discurso se vuelve indetenible. A veces el emisor no queda identificado y se define como “La voz que habla” y se pasea por una amplia variedad de temas que tienen en común la ruina moral del hombre en la sociedad.

En un discurso que deviene de una memoria que se define como “juguete diario y habitual”, las críticas a la sociedad industrializada se hacen permanentes. El narrador dirá que la historia es como se oye y no como se escribe, refiriéndose al bombardeo sistemático de la radio y la televisión. Y añadirá que le gusta más la palabra que la escritura. De este modo, la oralidad tiene una importancia capital como sitio de la enunciación. Para él, su entorno es una ciudad en ruinas de “gramática y de dólares”. Y el discurso pasa de un tópico a otro sin solución de continuidad como sucede, y estas son palabras de Chirinos: “en todo delirio alcohólico”.

Es interesante ver como hasta el momento, la oralidad de los presentes se entremezcla con la oralidad de los medios de comunicación. Walter Ong ha denominado a este fenómeno como oralidad secundaria, propia de las culturas de alta tecnología en las que se mantiene una nueva oralidad.

La voz de Uyón se estructura en el espacio textual como un monólogo en el que el personaje se dirige especialmente al lector, lo que plantea un carácter dialéctico entre oralidad y escritura. Por una parte, se trata de un libro que recrea un hábitat de un sector urbano popular con una serie de elementos tradicionalmente catalogados como baja cultura; y por otra parte, el protagonista es expresión de la alta cultura: reflexiona en torno al saber científico, al acto de escritura y a la novela como género de ficción. Incluso estas reflexiones aparecen apuntaladas en el libro con citas a pie de página; pero para que el juego dialéctico sea más complejo, también las letras transcritas de canciones populares son identificadas del mismo modo.

El protagonista tiene conciencia de su discurso: “Desde mi fondo sin fin he intensificado y densificado las voces de todo un sistema de músculos en mi despanzurrado parlamento”; y añade un interpelación al lector: “Hipnotizándome ustedes a mí y yo a ustedes surge el intérprete”. Más aún: “No sé qué eslabón soy de la serie y me imagino que ninguno de ustedes conoce su número aunque conozcan con exactitud la cadena y sus límites mensurables”.

En ese discurso sin pausa, Uyón habla de su relato “…mi relato no hubiera tenido auditorio ni lectores, a pesar de que el corrincho si lo conoce y lo considera parte de él (…) Las divergencias entre el novelista o la novela y la realidad son abismales y no limables las mismas que existen entre las afirmaciones de un personaje…”.

El protagonista toca el punto fundamental de la narrativa experimental en Venezuela en la que se ha incluido a César Chirinos: los juegos formales y la ausencia de anécdota. A la vez que los plantea como el “Ars narrativa” de Uyón, ironiza por el estado de ebriedad de este lo que introduce un elemento de humor que redunda en la dialogicidad del texto.

Una vez que cierran el bar, Uyón comienza un peregrinaje por los bares de la ciudad. Cada vez más ebrio acaba en manos de la policía que lo trata con deferencia por ser “el profesor”. Cae en un delirio de varios días y al recuperarse se aísla y decide escribir “estas casi 6 mil líneas”.

Chirinos recrea la cultura urbana de los bares, la rocola, las prostitutas y los borrachos. No se vale para ello de estos elementos que han perdido su carácter de emblemas para convertirse en mercancía, tal como lo define Celeste Olalquiaga, sino que problematiza hasta el nivel de una posible resimbolización.

Oscar Rodríguez Ortiz caracterizó la novela como: “…presidida por la lengua: partida, delirante, excesiva. Su “dialecto” es sin embargo mucho más que palabra: la posibilidad de hacer una novela que no sea histórica o memoriosa para producir un juego de totalizaciones de lo caótico y exponer su propio mundo”.

En esto, consciente o inconscientemente, Mezclaje se entronca en la línea de La mala vida de Salvador Garmendia (1976) donde la diversidad de hechos, personajes, tiempos y espacios tienen en común la conciencia del protagonista narrador. Pero esta conciencia no establece jerarquías, sino que organiza el material de forma caótica, lo que aproxima el texto a una máquina de contar; es decir, un texto cuya razón de ser es exclusivamente el acto de emisión del discurso. Ángel Rama calificó la novela de Garmendia como “informalista”. Este mismo criterio es aplicable a la novela de César Chirinos.

Mezclaje es una expresión de la condición compleja de César chirinos como escritor. No vale para él la dicotomía experimentalismo-narrativismo, aunque en los años 80 fuera asociado a la primera de estas dos categorías. Por mi experiencia puedo decir que Chirinos es un autor atractivo que reedita a su manera el placer de la lectura. Recomendable e inolvidable.