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Texto-fobia: Marinela Ron Vivas

Marinela Ron Vivas / Foto cortesía

Marinela Ron Vivas / Foto cortesía

“Médico de profesión, ejerció la pediatría durante treinta años. En 2012 tomó la valiente decisión de abandonar la medicina para dedicarse por completo a la escritura”

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Marinela Ron Vivas es una escritora venezolana nacida en 1953, que ha vivido siempre en Valle de la Pascua. Médico de profesión, ejerció la pediatría durante treinta años. En 2012 tomó la valiente decisión de abandonar la medicina para dedicarse por completo a la escritura. La conozco porque fue mi alumna en un taller online de escritura creativa y posteriormente fue mi discípula en un coaching  literario online. Nuestro contacto permanente, que dura hasta hoy, ha dado paso a la admiración de su obra y a la amistad.

Comenzó a publicar los cuentos “El viento y la colina” en 2010, “Una navidad” (2012) y “Las piedritas” (2012). Es autora, además, de una notable plaquette de cuentos breves titulada Imagen en negativo (Taller editorial El pez soluble, 2014). Y tiene un libro inédito que recopila buena parte de su abundante producción como cuentista. En 2014 fue seleccionado un texto suyo, “Frente al destino”, para su publicación en el concurso de cuentos Letras con Arte de España.

Marinela Ron Vivas comenzó a escribir de un modo natural y espontáneo, viene de una familia de escritores, y, a medida que se desenvolvía el ovillo de sus letras, fue tomando conciencia de su condición de artista. Con esto, quiero decir que es difícil ubicar el inicio de su trayectoria como creadora, que es dilatada hasta el presente y muy promisoria; pero se trata de una autora de obra ya madura, por lo que me gusta decir que Ron Vivas es una promesa cumplida.

Imagen en negativo reúne un conjunto de  ocho cuentos que recorren un amplio espectro que va desde el costumbrismo que rescata su gentilicio llanero hasta textos de temática futurista e intimista. Miremos tres de ellos.

“Mientras atravesaban la llanura que se abría imponente ante ellos, el llanero sintió que su espalda se acomodaba para soportar el peso del equino. Con las riendas lo dominaba, le imponía el rumbo que había pensado tomar, pero en ese instante era señalado con destreza por la bestia. Imaginó que corría dando grandes zancadas sobre la sabana, como si tuviese cuatro patas que alternaban para provocar un galope a rienda suelta”.

En este fragmento de “Galope”, pp. 5-6,  está contenido el meollo del cuento. El cabalgar acoplado de jinete y caballo. El placer sensual de la faena y la “confusión” la intercambiabilidad de roles. Es un cuento altamente sexual, podría decirse que homosexual en tanto los involucrados son humano y animal varones. Es una de las posibles lecturas que ofrece esta pieza rica en sugerencias y significados. Quizá lo más resaltante a mi modo de ver, sea que conjuga una temática localista, típica de los llanos con un juego polisémico del que brota lo fantástico como otra arista probable.

“Galope” bebe de la obra de Ednodio Quintero que Ron Vivas conoce bien. Pero esto no opaca la originalidad de la autora, en quien todo lo escrito, así lo confiesa, proviene de sus propias experiencias o de las de su entorno de familiares y amigos. Marinela es una escritora profundamente autobiográfica que, sin ser críptica en sus anécdotas, oculta muy bien sus filones de vida.

“La casona, vieja construcción de ladrillos rústicos y distinguidos por el tiempo con un regio aspecto, era de forma cuadrada. En su interior tenía un jardín central destechado, visible totalmente desde el mirador de Mateo. Se observaban arbustos ornamentales y frutales. Un fornido samán, florecido de rosado y blanco, les dosificaba los rayos solares”.

“La casa de la esquina”, pp. 7-9, narra la historia de un crimen desde la perspectiva de un niño. La economía de recursos narrativos, la anécdota es muy clara y directa, contrasta aquí con la abundancia de adjetivos y descripción de personajes y ambientes. Los ruidos, por ejemplo, marcan en buena medida el compás de la enunciación.

El cuento podría decirse que propone un giro de 360 grados en la medida de su circular estructura gracias a la cual la inocencia del niño no se ve quebrantada. Todo el affaire del crimen y su performance escritural no implican un paso de la inocencia a la experiencia. La historia roza lo iniciático pero lo deja de lado.

“El auto que me buscó sin chofer alguno, respondió a mi llamado por el receptor de voz programada. Una respuesta áfona, que mi cerebro entendió de inmediato, me indicó que se acercaba a cien millas por hora. Bajé desde el quinto piso del edificio donde vivo con sólo pensar que deseaba hacerlo. El portero de siempre había sido sustituido por su ausencia. No necesité abrir nada. Apenas me insinué para salir, la puerta de vidrio desapareció. Y en ese preciso instante, un auto diminuto abrió lo que parecía ser un acceso inexistente y giró un asiento hacia mí. Subí como si fuera la única habitante del planeta”.

“Visos de ausencia”, pp. 15-16, es un relato futurista. Que, pese a su ambiente y anécdota antirrealistas, es totalmente verosímil. Y esto es importante en Ron Vivas: sus historias y su prosa son capaces de sellar el pacto con el lector. El narratario está a salvo. El esquema comunicativo, estoy pensando en la semiología de Teun Van Dijk, se cumple a cabalidad. La obra de esta autora es altamente comunicativa y decodificable. Sus cuentos están muy escritos, como diría Roland Barthes, y, sin embargo, no sacrifican la poesía y la sugerencia.

La historia de “Visos de ausencia” es desoladora. Funciona como un universo autónomo, la creación de un mundo, o como una metáfora, la recreación de nuestro mundo cotidiano. Todo con la desnudez y la falta de piedad del acero.

Marinela Ron Vivas es una autora muy buena y muy atractiva para los muchos lectores que ya suma su breve obra.  Número que sin duda aumentará en la medida en que sea más conocida. Amigos lectores de Texto-fobia, los invito a leerla. Quedarán complacidos y con deseos de más.