• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Texto-Fobia: Recuerdos de Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre | Foto Cortesía

Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre | Foto Cortesía

“A ella le gusta lo que Sartre encarna, pues es la realización de lo que ella quiere ser: normalista en contraposición a los estudiantes de la Sorbona, filósofo con un planteamiento que también es en cierta medida su propio proyecto filosófico”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Tuve noticias de Sartre y Simone de Beauvoir por primera vez a mis trece años, me impresionó que ambos fueran escritores como yo quería serlo, comunistas y que mantuvieran una relación de pareja fuera del matrimonio. En alguna parte por allí apareció la palabra Existencialismo que tuve que consultar con mis padres para ver de qué se trataba. El nombre de Simone de Beauvoir aparece invariablemente asociado al de Jean-Paul Sartre. Ella, una escritora de talento hubiera sido reconocida ampliamente, pero su vínculo con Sartre, el cobijo que el le ofreció desde los tiempos de Escuela Normal la arropó hasta la muerte de el en 1980. Yo tenía dieciseis años y escuché la noticia en la radio mientras me vestía para ir al colegio. Me conmocionó.

Simone de Beauvoir, en cuya obra abundan los libros autobiográficos (Memorias de una joven formal, El porqué de las cosas, La plenitud de la vida y Una muerte muy dulce, para nombrar solo algunos), dice en un momento dado, palabras más palabras menos: Si hay un éxito cierto en mi vida es mi relación con Sartre. En treinta años solo una noche hemos dormido desunidos. Es como se ve ella misma, quien se asume y se proyecta como la pareja esencial de Sartre; la que permanece en contraposición a las relaciones contingentes que cada uno tuvo.



Jean- Paul Sartre, padre del Existencialismo, tuvo gran influencia desde los años treinta. Apoyó cuanto movimiento revolucionario tuvo lugar. Se convirtió así en el emblema del escritor comprometido. Fue con certeza políticamente correcto, sin embargo hay detalles. La guerra civil española (1936-1939) no lo impactó en ninguna medida. Es como si no se hubiera dado cuenta de lo que pasaba. No se conoce que hubiera asistido a alguna reunión, que hubiera firmado algún documento. Nada.

Durante la segunda guerra mundial fue reclutado, cumplió funciones administrativas y cayó prisionero. Cuando fue liberado, según cuenta Paul Johnson en su libro Intelectuales, se dedicó a su trabajo de dramaturgo con el que cosechó gran éxito. No participó de la Resistencia. André Malraux dijo que mientras él se escondía de los alemanes, Sartre se hacía famoso en París.  



Pierre Bourdieu en su libro Capital cultural, escuela y espacio social, tiene un capítulo titulado “Apología de una mujer formal”. Allí, siguiendo a Toril Moi, hace la presentación de una psicología psicoanalítica de toda una generación de mujeres intelectuales que no pensaban que su condición de mujer pudiera tener implicaciones sociales. Cita a Simone de B: “Yo no me pensaba una mujer: yo era yo”.

Dice Bourdieu: La relación de fuerza respecto de Sartre, en verdad era demasiado desigual: Un hombre-una mujer, un normalista-una no normalista, un antiguo alumno de los colegios privilegiados de los hijos de la alta burguesía-una antigua alumna de instituciones religiosas para mujeres de la burguesía católica, y finalmente, él obtuvo el primer lugar en la oposición de la cátedra de Filosofía y ella, el segundo. En efecto será la segunda después de Sartre, pero solo de Sartre, es decir, antes de Merleau-Ponty, Aron, Nizan, entre muchos otros. Ella será dominada pero por aquel que domina toda una época de la vida intelectual de Francia y Occidente y de varias generaciones.

Fue una de las primeras mujeres que obtuvo la titularidad en Filosofía. Y dice Bourdieu, “sin duda la primera en tan buen rango y tan joven”. A ella le gusta lo que Sartre encarna, pues es la realización de lo que ella quiere ser: normalista en contraposición a los estudiantes de la Sorbona, filósofo con un planteamiento que también es en cierta medida su propio proyecto filosófico. En algún momento dice que, desde el punto de vista filosófico, Sartre era “creativo por los dos”.

Continúa Bourdieu afirmando que los bien clasificados en la escuela son reacios a los principios sociales de clasificación que amenazan su singularidad.

Este retrato positivo y admirativo de la relación Sartre-Beauvoir contrasta grandemente con el capítulo que Paul Johnson dedica a Jean-Paul Sartre en su ya mencionado libro Intelectuales. Allí muestra su relación con Simone de Beauvoir como una relación de dominación y abuso, carente de la autenticidad y de la vanguardia que ve Bourdieu. Llega incluso a decir que la trató siempre de “usted” y nunca de “tú”. Cuenta como Simone perdió su licencia de profesora por proveerle a Sartre sus jóvenes alumnas. Dice también que en secreto antes de morir, Sartre adoptó a una de estas chicas a quien dejó toda su herencia, despojando a Beauvoir. Quedó entonces ella como una reina madre de la izquierda, pero sin herederos. Un rol, para Johnson, estrictamente simbólico. Y por el tono en que lo dice, humillante y lamentable.



En su novela La invitada, ficcionaliza la presencia de una tercera mujer en su relación con Sartre. Una mujer joven que llega a convertirse en una amenaza y Beauvoir lo resuelve en la ficción asesinándola con gas. La novela no escapa a la marcadísima tendencia autobiográfica de la autora, pero además es también lo que se llamaba una “novela de tesis”: se trata de una novela existencialista que cierra con la afirmación, por parte de la protagonista, de que ha actuado sola, por si misma y que tiene como único refugio su conciencia. Es decir, asume la responsabilidad de su acto.



La autora de El segundo sexo fue una referencia y una influencia innegable para mujeres de varias generaciones. Yo nací en 1963 y bebí de sus fuentes en mi adolescencia y primera juventud. Me alejé del Feminismo y de la Izquierda. Creo que ella y Sartre no lo habrían hecho. Así como Sartre se mostró tan entusiasta con el Mayo Francés en 1968 (llegó, inclusive, a entrevistar a Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes del movimiento), creo que estaría del lado del Socialismo del Siglo XXI: siempre políticamente correcto. Y Simone a su lado, tal como se les recuerda en la fotografía de la lancha junto a Fidel Castro en los inicios de la Revolución Cubana. Personalmente no creo que se habrían bajado a estas alturas de esa lancha.