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Texto-Fobia: Calletania y la Tradición Realista

“Calletania” por Israel Centeno

“Calletania” por Israel Centeno

“Centeno construye un universo complejo en donde dialogan diversas aristas de la realidad. Un barrio de Catia y especialmente una calle son el escenario de los principales acontecimientos”

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La utopía y su fracaso, que alimentaron buena parte de la literatura de los años 60 y 70, no es un tema cancelado; se desplaza por diversos textos de distintas formas. La primera novela de Israel Centeno (Caracas, 1958) es un ejemplo de ello.

En Calletania (Monte Ávila 1992; Premio Conac de Narrativa 1993), Centeno construye un universo complejo en donde dialogan diversas aristas de la realidad. Un barrio de Catia y especialmente una calle son el escenario de los principales acontecimientos. Allí comienza la novela y pronto conocemos el suceso medular: la protesta de un sector del barrio contra los traficantes de droga de la zona. La preparación de la protesta, las discusiones en torno a ella y sus diversos alcances serán el hilo conductor de las acciones. Así, irán apareciendo los personajes y el universo representado se ampliará.

Las frases iniciales son claves: el deslumbramiento del Coronel, personaje principal, ante el descubrimiento de la adolescente Tania; la mención de la “casa de mundos sombríos” serán la imagen constante en la novela; Y la declaración del protagonista: “luego de tanta ausencia, yo regreso”.

Cuando Jonathan Culler habla de “lo real”, señala que citar un discurso social es un modo de fundamentar la obra literaria en la realidad, “de establecer una relación entre las palabras y el mundo que hace de garantía de inteligibilidad. O, según Gerard Genette: una acción se justifica por una ideología que la engloba, de modo que lo general explica lo particular. Esto es lo que hace posible la ilusión referencial, de acuerdo a las palabras de Barthes.

La novela responde la pregunta que según Balzac debía hacerse todo novelista: ¿qué es la vida? Esa acumulación de circunstancias requería que el escritor supiera seleccionar aquella que por sus consecuencias o importancia esencial pudieran desencadenar el drama. Sobre esta base está construida Calletania. El autor selecciona un episodio (la lucha contra los distribuidores de droga), y los personajes van apareciendo en la medida en que se relacionan con esta acción central. Los sucesos secundarios surgen progresivamente y se complementan con la narración en pasado, que permite explicar el presente. Centeno elige un segmento que le permite retratar con realismo ese espacio definido, y a la vez emplearlo como metáfora de la sociedad.

Centeno se ocupa de las dos posibilidades que, según Champfleury, ofrecía el realismo: retratar el efecto de la realidad en la vida interior de las personas o presentar la sociedad y sus múltiples interrelaciones. En los capítulos narrados en primera persona por el protagonista se nos muestra la condición existencial de un hombre, ya en la treintena, que busca en vano un sentido para su vida. Una vez fracasada la utopía revolucionaria con la que estuvo comprometido, partió al extranjero y volvió para construir una vida convencional que se le está cayendo a pedazos. Ese personaje carece por completo de lucidez para resolver su propia vida, pero es en cambio la única conciencia capaz de comprender la aberración de lo que sucede en el barrio. Otra mirada íntima recae sobre Daniel, personaje antagonista. Aquí un narrador omnisciente nos habla de su pasado. También Charly, el capo chicano, tiene un pasado que justifica el rumbo que acaba tomando su vida.

La elección del barrio, escenario principal de la novela, es revelador pues allí se concentra el fracaso de dos planteamientos por excelencia de la modernidad: el acomodo burgués y la revolución. En este espacio marginado, que bordea una ciudad pretendidamente moderna, cualquier intento parece condenado a la debacle. El barrio es barbarie y el Coronel un civilizador fracasado. La barbarie no lo devora pero si lo desgasta y, aunque físicamente puede alejarse, tampoco siente como propio ese otro entorno de donde proviene.

El espacio público no ofrece alternativas, entonces la novela pasa a la esfera de lo privado: el Coronel se va del barrio a la casa de playa de su familia. Este cambio de escenario, de clase social, marca también un tempo diferente en el discurso del narrador: alcohol, delirio, nostalgia, ensoñación con la grandeza de los cincuenta (época clave de la modernización) son la imágenes que se adueñan de su mente.

Habrá una alternancia en los capítulos que permite mostrar los dos espacios. El amplio abanico de la realidad se ve reforzado por los cambios de registro discursivos y de tipografía.

La lectura de Calletania recuerda en varios aspectos a Canaima de Rómulo Gallegos. No hay duda de que Centeno bebe de esta tradición (lo que es importante, si pensamos que cuando comenzó su formación como escritor, Gallegos era un autor vedado en ciertos círculos por la izquierda). La idea del extranjero que llega a un entorno extraño en busca de su propia identidad no es ajena a la obra de Gallegos. Si en este autor prevalece la búsqueda del lugar propio dentro del espacio natural, en Centeno la imagen del explorador da lugar a la de un hombre que por un momento de su vida se desplaza de clase social para encontrar sentido a su vida en una causa colectiva. Se trata en ambas obras de una realidad otra. El barrio, como la selva en Canaima, es un espacio cerrado. Como Marcos Vargas, el Coronel alguna vez se internó en ese espacio, buscando algo fundamental. No trata la novela de Centeno de este momento primero: la obra  comienza con la vuelta al lugar de una iniciación infructuosa. Centeno no solo es posterior a esta tradición realista galleguiana, sino que retoma el código desde un pasado narrativo como un modo de marcar la medida de su vigencia. Este es el diálogo posible. El Coronel vuelve después de haber hecho el viaje de Marcos Vargas: pasa la página de la tradición no para dejarla atrás sino para continuarla en una confrontación con el presente. Si Calletania relata un regreso a medias, trata entonces del fracaso de un proyecto personal y colectivo. Si Gallegos plasmaba el problema de la modernidad, Centeno habla de su fracaso.

A diferencia de Marcos Vargas, el Coronel no cumple una experiencia fundadora, y por eso se marcha al extranjero que representa el desarraigo físico y el desapego de la utopía. Como dice la investigadora Maya Scharer “el llamado mesiánico se convierte en nostalgia”, refiriéndose a Canaima, esto también se verifica en Calletania. No hay, claro, una idea propiamente mesiánica puesto que el sujeto de la utopía no es individual sino colectivo. Sin embargo, es la conciencia de un personaje, la del Coronel, la que da cuenta de este hecho. Para tomar una expresión de Fernando Savater, el personaje está privado de la aclamación del coro que acompañaba a los héroes antiguos. Marcos Vargas es atrapado por el entorno. El Coronel no, pero no puede volver tampoco a su condición inicial y en esa frontera permanece. Si en el final de Canaima, la esperanza se presenta bajo los signos del pasado, en Calletania este es el estado de cosas que preside la novela desde el principio.