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Tele-e-videnciar

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

“Este neologismo acuñado por Guillermo Orozco representa un avance teórico en lo atinente a la educación en medios en el ámbito internacional”

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En la década de los ochenta, el investigador mexicano Guillermo Orozco comenzó a explorar a las audiencias para delinear estrategias educativas orientadas a “hacer consciente” las interacciones con la televisión, medios de difusión masiva y tecnologías. Su planteamiento educativo abreva de los Estudios Culturales de Birmingham, de las Mediaciones Sociales de Martín-Barbero, de la teoría de la Estructuración de Anthony Giddens y del Interaccionismo Simbólico. Sus principales tesis educativas se reflejan en algunos de estos escritos: Al filo de las pantallas (La Crujía, 2014) Pedagogía de la tele-e-videncia (ININCO, 2002), Televisión, audiencias y educación, (Norma, 2001),  Televisión y audiencias: un enfoque cualitativo (La Torre, 1996).   

Tele-e-videnciar: conócete como audiencia

Este neologismo acuñado por Guillermo Orozco representa un avance teórico en lo atinente a la educación en medios en el ámbito internacional. Su aporte radica en considerar al sujeto como punto de partida y de llegada en la educación televisiva, considerando el análisis de los mensajes. Tele-E-Videnciar se desglosa así: “Tele de televisión, ‘E’ de poner en evidencia y Videncia de ver. Es hacer evidente lo que a primera vista no vemos en la pantalla. En todos los medios hay muchas cosas implícitas; necesitamos entonces irnos adiestrando para poder verlas”.

Televidenciar significa un conocimiento mutuo entre docentes y estudiantes, entre padres, niños y adolescentes sobre el consumo de mensajes masivos. “Tenemos que irnos conociendo a nosotros mismos como sujetos de distintas audiencias, para poder entendernos y poder entender a los otros desde su dimensión de audiencia”. Conocer a la audiencia supone también examinar sus gustos, preferencias, horarios de exposición, opiniones y emociones.

La criticidad no se impone. Información y ponderación es para tomar distancia y hacer evidente lo encubierto. “Lo crítico no significa que los otros lleguen a pensar como yo pienso o que yo vaya a transmitir e imponer mi manera de pensar”. Es indispensable partir del conocimiento de la audiencia para desarrollar propuestas educativas. No se requiere un televisor en el salón de clases para aprender a pensar este medio. “He constatado que la televisión los niños la traen en la mente, y los niños la llevan al salón de clases, hablan de lo que vieron ayer o en la noche, juegan durante el recreo lo que vieron y perfectamente el maestro puede trabajar con esta apropiación que ya se ha hecho de la televisión”.

Audiencias: disfruten la tele y regresen a la realidad

Recepción y Audiencias se suelen entender como sinónimos. Sin embargo, ambos conceptos responden a prácticas sociales muy diferentes. Recepción se vincula con el clásico modelo de Harold Lasswell, centralizadora de la información. Siendo así, el sujeto receptor es blanco privilegiado de la unidireccionalidad y de las influencias. Un solo sentido sin voces múltiples.  En cambio la noción de audiencias está a tono con el modelo de la comunicación masiva de Wilbur Schramm. Valora la importancia del diálogo, el compartir consaber y los campos de experiencia de los grupos primarios.

Incluso, la educación de las audiencias no se limita a la resignificación crítica y creativa de los mensajes. Utiliza los medios “para la alfabetización de nuevos lenguajes y posibilitar la expresión, como pretexto para la organización comunitaria”. (“Expresión”, en este caso, implica motivar la producción de mensajes de interés social. Es el EMIREC de Jean Cloutier y el Prosumidor de Alvin Toffler).  

La interacción de la audiencia con la televisión abarca tres momentos: un antes, un durante y un después. Un antes de ver televisión. La audiencia lleva en su mente sus referentes culturales y recuerdos de los programas televisivos. Un durante signado por la exposición con el medio televisivo. Genera múltiples significaciones. Estas pueden ser aceptadas, complementadas y hasta rechazadas por la misma audiencia de manera razonada, emocional o espontánea. Y un despúes de ver televisión. Las interpretaciones se desplazan a otros ámbitos sociales. La audiencia intercambia opiniones extratelevisivas con la familia, los compañeros de clase o los miembros de su comunidad.

Educar a la  audiencia es conocer sus mediaciones

Mediación, según Guillermo Orozco, es el  “conjunto de ‘influencias que estructuran el proceso de ver televisión”, en el orden individual, institucional, videotecnológico y referencial. La mediación individual abarca esquemas, guiones o repertorios mentales. La mediación institucional está constituida por agencias sociales de producción de sentidos tales como grupos de amigos, familia, escuela, movimientos sociales, medios masivos, iglesia. La mediación videotecnológica comprende el lenguaje audicovisual, los recursos técnicos del medio y las tecnologías. La mediación referencial observa estas variables: edad, género, religión, etnia, raza, nivel socioeconómico y cultural-educativo.

Es necesario conocer las mediaciones sociales para desarrollar estrategias de educación en medios masivos. Soslayar este aspecto es propiciar una enseñanza instrumental, descontextualizada e intencionalmente dogmática.  La audiencia no es un recipiente vacío esperando ser colmado por imágenes y sonidos, por ideologías y estereotipos. Su mente no está en blanco ante sus programas favoritos. Sin embargo, la audiencia se puede confundir por la verosimilitud de las imágenes y suscribir valores donde no los hay. La oportuna mediación pedagógica coadyuvaría a atenuar los efectos de los mensajes. “La idea generalizada de que por naturaleza las audiencias son activas, que inclusive se ha asumido o tomado por dado, aun como premisa en los más recientes estudios de audiencia, merece tomarse con cuidado, porque lo que interesa desde el punto de vista crítico, pedagógico y político no es reconocer o estimular la actividad per se de las audiencias, sino posibilidades de transformación de su televidencia”.

Hablan las madres como mediadoras entre la tele y los niños

Testimonios de un estudio coordinado por Guillermo Orozco en el año 1992. Opiniones aún vigentes, pese a los años transcurridos. Se entrevistó a veintiocho madres de familia en la ciudad de México para conocer el papel de la televisión en la vida de los niños:

Tele-miedo

“Los niños son muy influenciables. Cuando ven programas de suspenso se alteran bastante. El otro día al regresar del trabajo me encontré a mis niñas muy nerviosas porque acababan de ver una película de espantos en la tele…esa noche no podían dormirse”.

Tele-no asusta

 “A veces la TV puede quitar a los niños de otras actividades más productivas como leer o ir al club a nadar o hacer algún otro deporte. Pero de eso a que la TV tenga una influencia mayor en su desarrollo depende…los programas son tan malos que no convencen y no creo que así influyan mucho en los niños”.

Tele-comparación

“En la casa nos gusta ver las noticias, pero también leerlas en el periódico y comparar…las comparaciones son muy buenas para tener una opinión acertada y para que nos niños vean cómo se va haciendo una opinión pública”.

Telenovelas: aprendizajes para la vida

“Algunas de las telenovelas son realmente buenas. Cuando yo no sé qué decirle a mi hija mayor, que ya tiene novio, pues le digo vea la telenovela para que ella misma sepa qué hacer con él; las novelas le ayudan a uno a resolver algunos problemas con sus hijos”.

Tele-diálogo

“No hay que restringir a los niños su TV. Lo importante es hacerlos caer en cuenta de lo que están viendo, para que ellos saquen provecho y tenga más elementos para sus nuevas elecciones programáticas”.