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Sumergirse en las profundidades de Teresa de la Parra

Teresa de la Parra

Teresa de la Parra

La vida de Teresa de la Parra orbitó constantemente en torno al hecho literario, incluso desde su enfermedad. La mujer, la artista, las emociones y el cuerpo afectado son estudiados por Fernando Guzmán en Las ciudades interiores y los espacios de la melancolía en Teresa de la Parra. Un ensayo útil para acercarse, desde otra perspectiva, a la obra de una de las más importantes figuras de la literatura venezolana

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Las ciudades interiores y los espacios de la melancolía en Teresa de la Parra, es un ensayo de Fernando Guzmán ganador del II Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca. El libro se adentra en la vida y obra de Teresa de la Parra porque, según el estudio de Guzmán, lo escrito por esta autora es un espejo de su existencia, de su enfermedad y de su muerte.

Fernando Guzmán es médico, filósofo y escritor; y esa mixtura de conocimientos está reflejada en la obra. Las ciudades interiores…es un análisis profundo y argumentado de la psique y el cuerpo como sistema, como entidad indisoluble y de inevitable correspondencia.

El primer capítulo sitúa al lector en el terreno que ha elegido Guzmán: enfermedad y cuerpo, cuerpo enfermo y palabra. El estado emocional y su impacto en el organismo, en la dolencia, en el lenguaje. Teresa de la Parra experimenta en 1931 la crisis de su padecimiento mortal, la tuberculosis, también conocida como la enfermedad de los románticos: “Se puede decir que existían peculiaridades características del tuberculoso relacionadas con un estado espiritual particular, una sensibilidad especial y un carácter melancólico que fue motivo de inspiración para muchos escritores del romanticismo” (p. 41). Sin embargo, esta inclinación romántica en Teresa de la Parra va más allá del período histórico o de la corriente literaria que lleva ese nombre; lo que intenta señalar Guzmán es que tal vez el temperamento de la artista, su forma de ser y estar en este plano encajan dentro del imaginario romántico.

El recorrido del texto va inflando las ganas de adentrarse en esa “otra cara de la luna” de Teresa de la Parra: su entorno, sus reflexiones, sus emociones. Es interesante cómo vincula Guzmán los últimos días de la artista en un sanatorio para tuberculosos con Hans Castorp, personaje principal de La montaña mágica, uno de los libros más importantes de Thomas Mann, cuya trama se desarrolla, precisamente, en un sanatorio para tuberculosos y en donde el protagonista “experimenta un cambio de sensibilidad que determina una comprensión muy particular del mundo físico y espiritual que lo rodea” (p. 40).

Otro tema que despierta interés al leer el texto es el paralelismo que intuye el autor entre Simón Bolívar y Teresa de la Parra, en ellos: “la utopía es posibilidad de un nuevo orden político y social, de un cambio en la dinámica de relaciones deformada por la opresión y el autoritarismo; sin embargo, la consolidación de este proyecto es truncado en ambos personajes por una enfermedad que los condenó a una muerte temprana” (p. 50). Apartando el lado heroico de Bolívar (aunque sin dejar de reconocerlo y admirarlo), Teresa de la Parra expresa su deseo de escribir sobre él como hombre, en su justa dimensión humana, su lado afectivo y emotivo. En una carta a Rafael Carías (12/07/1930) Teresa de la Parra dijo: “Es mi deseo el de descubrir a Bolívar detrás de esa muralla china de adjetivos, aun cuando después me falta valor para la empresa de escribir sobre él, cosa difícil y arriesgada” (p.51).

El ensayo aborda el estudio de las obras más representativas de Teresa de la Parra: Las memorias de mamá Blanca e Ifigenia, y también de algunos cuentos, cartas y un diario, elementos desde los cuales Guzmán extrae un material valioso e imprescindible para hacer esta hoja de ruta con destino a las ciudades interiores de Teresa de la Parra, la mujer, la artista que es para la literatura venezolana el equivalente de lo que es el satélite de la tierra: la presencia constante y luminosa.