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Soto: Estático / Dinámico

Estático / Dinámico | Foto: Archivo

Estático / Dinámico | Foto: Archivo

Una breve aproximación al trabajo del maestro Jesús Soto mediante un sencillo análisis

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A diez años del fallecimiento del maestro Jesús Soto (1923-2005) era menester hacer un análisis para las nuevas generaciones exhibiendo y analizando la obra de un creador auténtico. Con ese motivo la Fundación Soto, con la curaduría de la hija del artista y el Jefe del Taller Soto, Isabelle Soto y Tomás Mussett, respectivamente, organizaron la exposición "Estático-dinámico", en los espacios de la Galería Ascaso, en Caracas.

Es lamentable que ningún museo venezolano haya tenido esa iniciativa y que el Estado no haya organizado los homenajes que corresponden a tan ilustre e importante artista. El arte no conoce de política. Mucho menos le interesó el tema a Soto que siempre se mantuvo al margen, pues sus intereses iban desde el arte a la música, pero nunca inmiscuirse en temas políticos. Demostró su indiferencia en las miles de tertulias que rodearon su vida parisina, donde la efervescencia política era el día a día, en la ciudad luz. Las obras de esta exposición, en su totalidad, pertenecen a la colección de la Fundación Soto, excepto la pieza "Extensión blanca" que pertenece a la Fundación Museos Nacionales de Venezuela.

La exposición no es antológica, ni cronológica. Corresponden las obras, eso sí, a una fina selección del maestro, desde el año 1969 al 2003, que permiten analizar con propiedad la trayectoria del artista. A través de ese recorrido podemos hacer un análisis de los diferentes lenguajes del maestro, el cual siempre se mantuvo inquieto y en la permanente necesidad de encontrar nuevos lenguajes y propuestas.

Los inicios

Es realmente impresionante como un artista que no pasó de los estudios primarios pudo lograr una obra de tanta profundidad y con tantos elementos ligados a la plástica, las matemáticas y la armonía musical. El mismo maestro contaba que cada vez que se aproximaba a un matemático, un físico o un músico, le hacía miles de preguntas. Estas preguntas se las comenzó a hacer desde su lejana ciudad natal –en forma subconsciente–,  a su paso por Caracas y la llegada a París.

De su llegada a la Escuela de Artes Plásticas en Caracas sintió curiosidad por Braque y Cézanne. De hecho Cézanne, es uno de sus referentes permanentes. A su llegada a Europa comienza a estudiar a Velásquez –que saca la obra del plano normal visual–, de Vermeer y los impresionistas –por el tema de la luz, que siempre lo obsesionó. Con Vermeer entendió que no había que vivir en el trópico para entender la luz. Luego vendrían Malevitch y Mondrian. Con Malevitch asimiló que el blanco sobre blanco era la forma más perfecta de atrapar el color. Y con el análisis de Mondrian –visto una y otra vez–, empezó a analizar las vibraciones que en las uniones de los planos ortogonales y los colores puros, afectaban al espectador. Un cumulo de experiencias. Porque todos tenemos referentes y, finalmente,  de manera sedimentaria, vertemos todas estas experiencias y sensaciones, en las propias, generando nuestro propio lenguaje.

Las progresiones y repeticiones

Soto tenía poco tiempo para desarrollar su obra plástica. Su beca en París solo duró un año y tuvo que vivir durante casi una década, tocando guitarra en sitios públicos. Pero eso nunca lo hizo desfallecer. Entendía que para desarrollar un trabajo tenía que estudiar y hacer muchas pruebas. Y las inicia haciendo unas piezas seriadas. Entender, a cabalidad este proceso primario, es fundamental para captar todo el desarrollo de la obra.

Por mucho tiempo hemos analizado estos trabajos primigenios porque son la génesis de un resultado absolutamente sorprendente. Sobre todo porque Soto nunca estudió, de manera formal, matemáticas. Ni siquiera la más básica de un bachillerato.

En este punto habría que recordar al lector  que son las progresiones, aritméticas y geométricas. Las progresiones aritméticas son una sucesión de números tales que la diferencia de dos términos sucesivos cualesquiera de la secuencia es una constante. Por ejemplo una sucesión que va así: 3, 5, 7, 9, 11,13...  es de constante dos. Este es un ejemplo de una progresión aritmética.

Una sucesión geométrica se obtiene multiplicando el anterior número por un número fijo llamando ese número la razón de la progresión. Por ejemplo,  una progresión que va así: 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64... En ese caso la razón es de dos porque cada número corresponde al doble del anterior. Este es un ejemplo de una progresión geométrica.

Como ingeniero civil no voy a enumerar las formulas matemáticas a que corresponden cada progresión, pero si trato de explicar el tema, para entendimiento del espectador. Soto, que además es músico, se decanta por desarrollar una progresión aritmética, que además tiene estrecha relación con la música, ya que muchos compositores se avienen a este tipo de progresiones, para generar un ritmo musical. Entendió, por ejemplo, que Bach era un estructuralista que buscaba lograr un mayor impacto sónico, con un número mínimo de elementos repetitivos. Bach también utilizaba progresiones aritméticas en su música, también sin saber matemáticas, pero sí de ritmos.

Soto observa en la obra de Mondrian que en el cruce de las verticales y horizontales se produce una vibración y convierte a la obra en algo dinámico. Y empieza a generar piezas bidimensionales, con ángulos. Cuando resuelve ese tema pasa a realizar obras con elementos repetitivos, como una progresión aritmética. Llega así a las "rotaciones". A partir de ese momento había dilucidado la incógnita del movimiento, al darse cuenta de que era un asunto de repetición aritmética y de ritmo. Es allí cuando aparece el movimiento en la obra.

El cuadrado y el color.

Soto comienza a analizar el cuadrado y el cubo, en un tema que nunca termina, porque es infinito.

Si analizamos cada una de las piezas de esta muestra observamos que los planos inferiores corresponden a cuadrados o múltiplos de este. Con eso permanece el ritmo, pero al colocar, pequeñas líneas, la vibración es percibida muy fuerte por el espectador. En ese momento solo usa blancos y negros, para resolver el problema.

A continuación comienza a introducir el color, pero no colores diluidos, sino planos. Eso ya lo había asimilado de Mondrian, aunque no utiliza colores primarios. De esa manera saca el volumen hacia afuera. La sensación de tridimensionalidad se potencia, pero con movimiento. El color en ese momento es musicalidad. Y cuando coloca varios cuadrados la música es serial.

Para 1954 observando la obra de George Koskas analiza que superponiendo pequeños círculos, sobre planos, obtiene nuevas vibraciones. Se le ocurre hacerlo con plexiglás, pero en forma tridimensional, empieza a repetirlas, separándolas unos centímetros. De ahí nace "la cajita de Villanueva", donde aparecen las ambigüedades ópticas, que hacían que se perdieran la sensación bidimensional de los cuadrados. Este será el inicio de un largo proceso en donde mueve líneas y colores y se percibirán múltiples sensaciones de movimientos. Y miles de experiencias con el plexiglás. En esas búsquedas, crea "las escrituras" con la idea, de escribir en el espacio. Es en ese momento que decide colocar perfiles perpendiculares al primer plano, sobre las cuales colocará hilos mediante las cuales colgará las “barras”, que  harán percibir el movimiento en su mayor intensidad.

Nuevos lenguajes

No pasó mucho tiempo para que nacieran los “pre penetrables”, a fines de la década del 50. Una obra que desarrollaría a plenitud, en la década de los 60. Casi paralelamente,  quiso Soto salir de la rigidez de lo geométrico con "los leños", que fueron el resultado de acompañar a Jean Tinguely, a buscar desechos, en chiveras, y se encuentra con elementos constructivos, primorosamente elaborados por artesanos antiguos, que vendían por kilos y que recoge para hacer unas "escrituras" sobre esos volúmenes artesanales que tanto le habían llamado la atención. Comienza así a “dibujar” sobre una de las caras, sin modificar la pieza original y únicamente interviniendo uno de los planos. Pero hay algo más. De sus conversaciones con Yves Klein le llevan a comprender y manejar el tema del vacío. Y con ello profundizará un motivo que será desarrollado, a profundidad, con los “penetrables”, mas adelante. Mientras seguirá experimentado con “las tees”, “la lluvia” y “los tacos”. Es impresionante la musicalidad entendida en cada pieza, no solo en el ritmo sino en el sonido. Igualmente la inmaterialidad de la luz, el uso de la línea –en cada elemento–, y la transparencia. Es allí donde la física interactuará con la obra, desmaterializando la luz, en elementos etéreos.

La década del 60

En los 60, Soto se plantea llevar el arte a mucha gente con menos capacidad adquisitiva. Nacen entonces las  conocidas "Sotomagies" y "los jai alai" con la idea de serializar la obra y que llegara a personas con menor capacidad adquisitiva. Igualmente la producción masiva de obra gráfica. Estas las realizará hasta el final de su vida. En esta muestra hay una excelente selección de obra grafica.

Para 1966, Soto materializa de manera contundente “los penetrables”. Allí verterá todas sus anteriores experiencias. El espectador formaba parte de la obra. Ingresaba a ese recinto donde las sensaciones son espaciales, sonoras y táctiles. Por primera vez el espectador forma parte de la obra y puede interactuar con ella, a su antojo. Colóquese frente a un penetrable y siempre verá que los que lo traspasan siempre sonríen. Es una sensación maravillosa y el clímax de una experiencia sensorial.

Muchas cosas irá realizando, paralelamente, como las esferas e instalaciones en grandes espacios públicos. Ya la luz, el vacío, las sensaciones sensoriales, el sonido, las maneja a plenitud. En ese caso aprendería a manejar la escala urbana. Un tema con el que había tenido ciertos fracasos, en sus primeras piezas, pero que finalmente las resuelve exitosamente.

En su última etapa resuelve las "ambivalencias" quizás la obra menos comprendida, por el múltiple uso del color, en el primer plano.  En una primera vista, se siente incongruencia en la paleta de colores. Lo que se disipa, poco a poco,  al espectador acercarse y detenerse. Todos colores sólidos, sin matices. Las piezas tendrán vida propia. Actuaran de manera individual, pero armónicas. Porque en todas hay un elemento común, el cuadrado y los múltiplos de ese cuadrado que se repiten en el plano. Sacará el cuadrado del plano y lo pondrá a vibrar, de manera autónoma.

He tratado por medio de unas breves líneas hacer mi propio homenaje al maestro. De hacerlo en un lenguaje sencillo –como al maestro le hubiera gustado. Una experiencia que le tomo décadas y que aun sorprende al espectador. Quizás la brevedad de las líneas no le haga justicia a lo que el maestro le tomó décadas solucionar, pero era tarea hacerlo para que sepamos la importancia para el arte contemporáneo de cómo este hombre se convirtió en un monstruo de las artes del siglo XX. Nada es fácil, pero todo se puede lograr con talento, honestidad y constancia.

Estático / Dinámico

Jesus Soto

Galería Ascaso / Fundación Soto

Caracas, Octubre-Noviembre 2015