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Rubi Guerra: “Aunque suene mal, soy un convencido de las virtudes formales de la imitación consciente”

Rubi Guerra / Foto tomada de su Facebook

Rubi Guerra / Foto tomada de su Facebook

El derecho y el revés de la literatura venezolana hoy (Parte I): Entrevista 

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1.-¿Puede enumerar los momentos iniciáticos más emblemáticos de su vida? Hable de uno de ellos, por favor.

La mayoría de mis “momentos iniciáticos” son demasiado personales para hacer una lista, pero puedo hablar de uno de ellos.

Antes de comenzar la escuela primaria, mi hermana  mayor me enseñó a leer. Primero aprendí a trazar las letras de mi nombre, y luego todo lo demás. Debe haber sido un proceso de varias semanas que yo recuerdo como un solo día. Puedo verla a ella (una muchacha delgada y alta de dieciséis años) y a mí mismo en la sala de nuestra casa en San Tomé; puede ver que la puerta está abierta y más allá está la sabana de la Meseta de Guanipa y es el final de la tarde. Dos años después este momento tiene continuidad en los libros que mi hermana me trae de Caracas cada vez que viene de vacaciones. Ya vivimos en Cumaná. Supongo que allí está todo.

2.-¿A qué edad supo que quería ser escritor? ¿Cuánto tiempo transcurrió entre ese momento y la elaboración  de su primer libro (publicado o inédito)? ¿A quién se lo dijo por primera vez?

Comencé a escribir regularmente a los catorce años, y a los veinticinco sentí que quería dedicarme a escribir literatura como una actividad fundamental de mi vida. Acababa de leer La decisión de Sophie, de William Styron, y supongo que me sentía un poco como Stingo, el joven narrador de la novela. No recuerdo haberle comunicado a nadie esa decisión, aunque es posible que lo hiciera. Mi primer libro se publicó cuando tenía veintisiete años. Nueve cuentos que reuní porque los directivos de la Casa Ramos Sucre, Ramón Ordaz y José Malavé, me pidieron un libro para iniciar su programa editorial. Hasta ese momento, no se me había ocurrido que podía publicar.

 

 

3.-¿Autores de cabecera? ¿Han cambiado con los años?

Mis autores de cabecera se mantienen increíblemente estables desde hace treinta años. Se han incorporado algunos sin que pueda decir todavía si el interés será permanente, y algunos pocos han desaparecido. Entre los de siempre están mencionaría a Juan Carlos Onetti, William Faulkner, Jorge Luis Borges, William Shakespeare, Joshep Conrad, Gustavo Díaz Solís, José Balza, Enrique Bernardo Núñez (por Cubagua), Julio Cortázar (por los cuentos), GünterGrass. Ya no considero de cabecera a Raymond Chandler, Ross McDonald, Ursula Le Guin, Philip K. Dick, y sin embargo vuelvo a ellos cada cierto tiempo. Ahora leo con mucho interés a J.M. Coetzee, Ricardo Piglia, Pierre Michon, Roberto Bolaño y Cormac McCarthy. Con seguridad estoy olvidando a muchos.

Hago mención aparte de los poetas porque soy un lector bastante inconstante de poesía y con un conocimiento apenas fragmentario de la tradición poética. Leo una y otra vez a los mismos: T.S. Eliot, José Antonio Ramos Sucre, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Juan Sánchez Peláez, Borges otra vez.

4.-¿Se ha descubierto imitando inconscientemente a un autor? ¿Cómo se ha sentido? ¿Cómo detener esa imitación?

Aunque suene mal, soy un convencido de las virtudes formales de la imitación consciente. Se aprenden técnicas, procedimientos, se ensayan maneras de ver. La imitación inconsciente presenta más problemas: cuando caemos en ella nuestra escritura se vuelve servil.  Y sí, me ha pasado. Resulta un tanto humillante, aunque tampoco le doy demasiada importancia. Si detecto esa imitación en un texto inédito, pues nada, se reescribe o se desecha. Y si ya está publicado, no hay nada que hacer. En el fondo, me parece que de lo que se trata es de la idea de originalidad, que es una noción que hay que relativizar mucho. Después de todo, en relación a la técnica narrativano hay nada demasiado original en los últimos setenta años, más o menos. Faulkner, Joyce, Proust, los surrealistas, Melville, Sterne, Cervantes y Rabelais ya lo inventaron casi todo. Otra cosa es la visión del mundo de cada escritor, que si es personal y honesta, será original (más o menos). Así que esa sería una forma de detener la imitación inconsciente: escucharse a sí mismo para averiguar qué tenemos que decir.

5.- ¿Gregario o solitario? ¿Ha formado parte de grupos literarios? ¿Cree en las generaciones literarias?

No he formado parte de grupos literarios, pero tengo muchos amigos escritores. No me considero particularmente solitario, pero paso mucho tiempo solo. A veces estoy días sin salir de mi casa; no es algo que me pese demasiado; sin embargo tampoco evito a la gente. Tal vez sea un solitario que disfruta estar con sus amigos. Determinar qué cosa es una “generación literaria” y quién pertenece a ella o no es un asunto de los académicos. Hace como veinte años, quizás un poco más, se comenzó a hablar de “generación de los noventa”, y allí me incluyeron. No creo que haya sido algo muy riguroso desde el punto de vista teórico.

6.- ¿Usted quiere ser un artista muy famoso o de culto?

Nunca me lo había planteado en esos términos. ¿Alguien quiere ser escritor de culto? Es decir, ¿ser leído y admirado mucho por muy pocos? No me imagino que alguien desee eso como destino. Lo que yo quisiera es poder escribir lo que me interesa con algo que llamaré “solvencia estética” porque no se me ocurre nada mejor, que consiga editores dispuestos  publicar lo que yo escriba y que no pierdan dinero en el proceso, y que el libro resultante encuentre la mayor cantidad de lectores atentos. Nada más, y nada menos.

7.-¿Publica todo lo que escribe? ¿Lleva diarios personales? ¿Escribiría su autobiografía?

Ojalá todo lo que escribiera mereciera ser publicado, pero no es así. La mayor parte no vale nada y termina en la basura o en el limbo del ciberespacio.

En algunos periodos de mi vida he hecho anotaciones autobiográficas con cierta regularidad, y también han terminado en la basura. Ya acepté que los diarios, míos o de otros, me aburren. Salvo poquísimas excepciones. Por esa razón jamás escribiría mi autobiografía; no creo que le interese a nadie; ni siquiera a mí mismo. Por supuesto que en las ficciones que escribo hay elementos autobiográficos: los paisajes, ciertas emociones, el retrato de un personaje; nunca los hechos centrales. Por otra parte, la memoria personal es muy poco fiable, al menos la mía. Prefiero utilizar mis pocos recuerdos directamente como alimento para la ficción.

8.-¿Qué opina de la crítica? ¿Hay un crítico solapado en cada autor artista?

Un crítico es, o debería ser, alguien que lee con atención, y escribe con rigor y elegancia sobre lo que lee. Debería, además, estar atento a las resonancias de una obra en particular con su contexto cultural, histórico, ideológico… Tal vez sea pedir demasiado. En cualquier caso, la crítica es necesaria para que los otros escritores (los críticos también lo son) tengan interlocutores. A muchos escritores no les interesa para nada ejercer la crítica a pesar de ser, de cierta forma, lectores profesionales. Es un asunto de inclinaciones. Por otro lado, muchos autores, poetas y narradores, se dedican con regularidad, y en forma nada solapada, a la crítica. Por ejemplo, entre los contemporáneos, Coetzee, y algunas década atrás, Eliot. Guillermo Sucre, José  Balza, Luis Barrera Linares, entre los venezolanos. En realidad, me parece algo natural que se deriva del hecho de que los autores viven y trabajan entre libros, reflexionan sobre lo que leen, aman y detestanciertos libros. Algunos se limitan a la crítica oral; otros son más organizados y colocan sus experiencias de lectura por escrito.

9.-¿Cómo soporta el peso del mundo?

Mal, como casi todos en el planeta.