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Room, el encuentro con un presente ajeno

Jacob Tremblay y Brie Larson protagonizan el largometraje

Jacob Tremblay y Brie Larson protagonizan el largometraje

Nominada a los premios Oscar como Mejor Película, el drama combina la angustia y la desesperanza del encierro con el placer de la libertad

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Cuatro paredes conforman el mundo de Jack. Fuera de ellas no existe nada, todo lo demás es solo una ilusión, un acto de magia que se ve en televisión para entretener al pequeño y a su madre en RoomLa habitación–, el largometraje del 2015 con cuatro nominaciones al Oscar, entre ellas Mejor Película.

Jack (Jacob Tremblay) concibe imposible que exista algo como el mar, por ejemplo. Es absurdo que esa inmensidad tenga lugar en lo que él considera real. A sus cinco años de edad, la existencia se limita a lo que es tangible en el cobertizo en el que vive. Ahí nació, dos años después de que su madre fuese secuestrada por el Viejo Nick.

A diferencia de Joshua, el niño de La vida es bella, Jack no tiene referencias. En la película italiana de 1997, Roberto Benigni logra convencernos de la credulidad del chico ante la historia del padre, quien hace lo imposible para que su hijo piense que la Segunda Guerra Mundial es una competencia por un gran premio. Se sacrifica con el anhelo de que el niño sobreviva a la barbarie.

En cambio, en Room, del cineasta irlandés Lenny Abrahamson, la madre no tiene esperanzas. Sus anteriores intentos de escape han sido un fracaso y su destino tiene como única luz la claraboya que evita la oscuridad durante el día. Ella lo engaña, le hace creer que el mundo son ellos dos y su captor, que los visita eventualmente por las noches para proveerlos de alimentos y tener relaciones con ella. Mientras el Viejo Nick (Sean Bridgers) hace la respectiva rutina de amenaza y sexo, la madre encierra al pequeño en un viejo clóset en un intento de resguardo.

Esa primera parte de la película es un thriller psicológico por el miedo ante esa presencia que significa al mismo tiempo temor y sobrevivencia. El extraño hombre genera angustia, pero también quita el hambre y eventualmente da regalos. Nick es un mago muy ambiguo en la cabeza de Jack. Hace real lo que se ve en televisión, pero también es una sombra a la que le han enseñado temer.  

El primer acto tiene el clímax del escape. Cuando ambos personajes logran salir es cuando comienza el descubrimiento del mundo para Jack. La televisión es solo un medio que se queda corto ante lo tangible, todo aquello que genera placer y dolor.

Es en esta parte cuando la película se convierte en otra historia, la del aprendizaje, la aceptación y el reencuentro; aunque por momentos uno siente que a la guionista Emma Donoghue –que se basó en su novela Room (2010)– se le escapa de las manos las tensiones que surgen en la familia de Ma (Brie Larson). Porque sí, en este segundo acto la historia deja de ser la de madre e hijo frente al malvado Viejo Nick para convertirse en el tránsito por un presente ajeno. 

Son varios los frentes: medios acosadores, un abuelo que no acepta al nieto, el reproche de la hija a la madre, los médicos, la culpa por las decisiones no tomadas. Son conflictos previsibles en una situación como la experimentada, pero demasiados para las dos horas del filme.

Ese es el principal problema de la película de Abrahamson, quien pasa de una convivencia íntima y lúgubre, a una libertad con todas sus consecuencias sin querer dejar cabo sueltos.

Sin embargo, la intención del director y guionista de mostrar la mayor cantidad de aristas posibles no resta mérito a Room, una buena película que se disfruta y sufre por la injusticia, barbaridad y reconciliación contadas en pantalla.