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Roberto Bolaño: entre la vida real y la lectura literaria

Roberto Bolaño / Foto: Lisbeth Salas

Roberto Bolaño / Foto: Lisbeth Salas

Al autor de Los detectives salvajes le molestaba que León fuera un hombre que no leyera libros, que no tuviera ­acaso­ la sensibilidad que sí desbordaba su madre, la profesora Victoria Ávalos, quien al decir del editor Jorge Herralde, "fue la gran mentora de la carrera literaria de Roberto"

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El hijo de Míster Playa describe un recorrido periodístico por la vida de Roberto Bolaño desde que llegara a México en 1968. Comienza cuando el escritor nacido en Santiago de Chile tiene que mudarse a la capital de ese país a los 14 años, debido a una infección pulmonar de su madre. La periodista Mónica Maristain recorre el camino del medio siglo de vida de Bolaño a través de anécdotas. Sus padres hablaron de la infancia del autor de Los detectives salvajes en el Chile preallendista; sus amigos de su juventud en México y su breve vuelta a su país natal para apoyar los cambios promovidos por el gobierno socialista; sus contemporáneos y hermanos de letras hablaron de su mudanza definitiva a España en 1985.

El perfil que pinta Maristain ­quien le hizo la última entrevista a Roberto Bolaño­ lo describe como un bibliómano adicto a la televisión, abstemio y fumador constante que mordió con avidez la postvanguardia literaria en su juventud y que comenzó a publicar poemas en pequeñas editoriales, pero que sólo a partir de 1996 comenzó a hacerse conocer en el medio editorial. Y en 1998 vino el Premio Herralde de Novela. Y en 1999 el Rómulo Gallegos.

"Los detectives salvajes es la novela de mi madurez. Es el libro que tomas de vez en cuando, lo abres al azar y encuentras algo que te dice al oído y que te ayuda a entender algo que no entendías", explica la periodista que en estos momentos trabaja en una semblanza ilustrada del músico argentino Andrés Calamaro, un proyecto con el diseñador mexicano Alejandro Magallanes, que llevará por título Las flores de todos colores, y que espera se edite en 2014: "Bolaño tiene un valor inmenso, nos salvó del tedio del boom y nos devolvió la fe en los libros, en nuestra lengua, en nuestro paisaje".

Quizá lo más sorprendente del libro editado por el sello mexicano independiente Almadía es su título ­El hijo de Míster Playa­, aunque se trate de una semblanza de Bolaño y que la mayor parte de los entrevistados sean sus amigos ­y otros que no lo eran tanto­ del territorio de las letras. El volumen lleva este título porque León Bolaño, el padre del escritor que nació en Los Ángeles de Chile en el seno de una familia de inmigrantes españoles ­"catalanes, para más datos"­, además de ganarse la vida como camionero y boxeador en su juventud, también de participar ­y ganaba­ los concursos de belleza en la playa.

"Al autor de Los detectives salvajes le molestaba que León fuera un hombre que no leyera libros, que no tuviera ­acaso­ la sensibilidad que sí desbordaba su madre, la profesora Victoria Ávalos, quien al decir del editor Jorge Herralde, `fue la gran mentora de la carrera literaria de Roberto’", es una de las declaraciones que puede leerse en el libro.


Legado familiar y literario
Los extensos testimoniales combinados con la entrevista pregunta respuesta son el método que la periodista utiliza para construir el perfil de Bolaño. Así, El hijo de Míster Playa se teje desde las voces de quienes lo acompañaron en cada momento de su vida y hace hincapié en la vida personal del autor chileno. Si entre las entrevistas son frecuentes poetas, narradores, críticos literarios, editores y otros seres que pululan por la patria de las artes es porque la suya fue una vida de artista, o por lo menos le gustaba pensar que así era.

Pero en donde la periodista hizo un esfuerzo enorme fue por incluir acá los testimonios de los familiares y allegados al autor de Los detectives salvajes: el padre, la hermana, la madre, la compañera de sus últimos años. Los amigos de la infancia.

El panadero de la cuadra donde vivió sus últimos días en Blanes y el que le rentaba las películas que adoraba ver en sus horas de insomnio.

"Sus amigos, sus seres queridos, lo pintaban tal cual yo intuía que era: un hombre adorador de la vida y dueño de una alegría singular. Por supuesto, muy convencido de que sus libros eran los mejores del mundo. Bolaño era un tipo entrañable, acostumbrado a transitar en los márgenes, con grandes aspiraciones literarias y una idea muy positiva de sí, de sus capacidades autorales", explica Maristain.

Carolina López, la madre de los dos hijos del escritor no prestó declaraciones para este volumen, o por lo menos no dijo nada "que pueda ser publicado en una nota o libro alguno", según escribe la periodista en el capítulo que dedica a la perspectiva de Carmen Pérez de Vega, la mujer que acompañó a Bolaño los últimos días de su vida y en el que se refiere también a la lucha de López por invisibilizarla: de las nuevas ediciones de los libros de su marido se ha borrado toda mención a ella, para quien el cuento "El viaje de Álvaro Rousselot", publicado en El gaucho insufrible, fue escrito. Mientras tanto, López se cuida de dar entrevistas y a las palabras de Pérez de Vega las antecede una estela de discreción. "La posteridad de Roberto es un ente más o menos autónomo que puede ser muy crápula, se lo puede engullir todo", señala Pérez de Vega que llevó a Bolaño al hospital por última vez el 14 de julio de 2003 y que describe su propio dolor por esa pérdida como "el vacío y el horror".

El libro también se refiere al legado literario de Bolaño, el que comienza a escribirse desde la sombra de su leyenda. En el país donde nació, por ejemplo, su influencia es menos trascendente de lo que cabría esperarse. "La literatura chilena se piensa a sí misma como una isla orgullosamente distante, que recibe con los brazos abiertos a los turistas, pero mira con desconfianza a los hijos pródigos", dice Alejandro Zambra, autor de Formas de volver a casa, a quien le parece absurda la pregunta sobre si Bolaño será el nuevo Nicanor Parra o José Donoso de la literatura chilena.

A partir del texto de Maristain puede evidenciarse que en los países donde la trascendencia del autor de Putas asesinas puede haber sido más intensa es en aquellos donde desarrolló su carrera literaria: México y España. Sin embargo, su verdadera influencia en las generaciones que le sucedieron ­que por supuesto está integrada por grandes grupos de lectores ávidos de su obra­ está aún por verse. "Por primera vez, desde el boom, se crea un nuevo paradigma de escritor en función del cual se funda un mapa. La importancia real de Roberto es que, tanto en su literatura como en su figura pública, da lugar a algo que de algún modo estaba latente (...) De pronto, Roberto bolaño, con su romanticismo, con su mito de escritor, eso cuaja. A partir de Roberto Bolaño la figura pública del escritor tipo Gabriel García Márquez, tipo Jorge Luis Borges, queda obsoleta, anticuada", se le lee decir al crítico español Ignacio Echevarría, amigo del autor y uno de los responsables de la difusión de su obra.

Si bien El hijo de Míster Playa no tiene la última palabra en cuanto a la trayectoria vital de Bolaño, es un buen comienzo para dibujar al hombre de verdad que murió hace una década, a pesar de que su fama literaria ­marcada por el reconocimiento crítico en Estados Unidos y Europa y las legiones de seguidores que tiene en la patria de la ñ­ intenta pintarlo con una grandilocuencia que este hombre de placeres sencillos nunca tuvo.