• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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Reunir materiales para una sociedad

Por una izquierda sin futuro está escrito con rabia, con desasosiego y es un violento recordatorio de la necesidad de aceptar a la humanidad como es

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Una verdad descrita por Nietzche en La gaya ciencia –“que lo que de ahora en adelante no puede ser más construido es una sociedad en el viejo sentido del término…”– atraviesa un manifiesto de reciente publicación titulado “Por una izquierda sin futuro”, firmado por el historiador de arte norteamericano T.J. Clark.

Lo que haya querido decir Nietzche en La gaya ciencia es algo que no sabemos con certeza, pero podemos intuirlo hoy ante “un nuevo tipo de individuo, obediente y aislado (…) que habita el paraíso de los aplicativos sin fin…”, con su soporte técnico siempre a mano, siempre a la espera, en la expectativa de una existencia plena que esta siempre por venir, según Clark.

Este libro sería una lectura apropiada en Venezuela: para su abismo sin salida y para el afligente espectáculo de desbandada política que, de parte y parte, parece ser su estigma presente. Se esfuerza Clark por alcanzar un tono antimesiánico y, con mucho coraje para un marxista, se atreve a decir, por fin: “El asunto del capitalismo (…) tiene que ser dejado temporalmente de lado pues no hay manera de dotarlo de carácter político (…)”. Con ello pretende Clark hacer un llamado de realismo y de desencanto para que la izquierda cese de seguir participando en “la infantilización general de las necesidades y de los propósitos humanos (…) fundamental para el capitalismo de consumo” que caracteriza el lenguaje político de nuestros días, de izquierda y de derecha.

Por una izquierda sin futuro está escrito con rabia, con desasosiego y es un violento recordatorio de la necesidad de aceptar a la humanidad como es: siempre al borde de deshacerse en barbarie, siempre tentada por la violencia, contradictoria, inmoral. Con lo cual esta izquierda que Clark convoca es todo lo contrario al optimismo que alimenta los espejismos de promesa –de consumo incesante o de emancipación absolutay debe comenzar por reconocer que “nunca habrá paz; que no esta en la naturaleza de las cosas humanas que la paz venga a instaurarse un día”.

Una izquierda –si algo queda de significación en esa palabra– debería colocar en el centro de su lucha a la pobreza –y no a, o en contra de, la riqueza.

No queda claro en el elegante libelo de T.J. Clark por qué hay que dejar de lado al capitalismo, por qué no puede ser motivo de carácter político. Es que transpira en la escritura de Clark un viejo resabio marxista en el que el capitalismo se confunde con un modo de gobierno.

En realidad el capitalismo no es un sistema: es una cultura.

Es nuestra cultura, entre otras. Por allí debería comenzar a erigirse toda impulsión política de realismo. A fin de cuentas el pesimismo de Clark, su izquierda sin futuro, es jansenista, y en algo aún es cristiana: ningún sistema, ningún gobierno, ninguna política podrá ahorrarnos la agonía moral, la decisión personal. Y si el hombre moderno ha dejado de ser la materia prima de la sociedad, si en la ilusoria epifanía del ciudadano moderno siempre a la espera de promesas, siempre por acontecer, la sociedad –tal como la conocimos– está llamada a fracturarse, el desafío será, como bien argumenta Clark, reunir los materiales para una sociedad, pero no sólo desde la izquierda: desde cualquier trinchera que se interese aún por el destino humano, a sabiendas
de que la batalla puede ya estar perdida de antemano.