• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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Renacimiento rupestre

El Papel Literario suspende, por los momentos, su ruta de papel y pasa ­sabido y dicho­, a engrosar (un adelgazamiento) la vía digital, con una exclusividad que tiene rostro de decadencia

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Nunca aceptaremos las trampas de la modernidad y nunca entenderemos los descalabros que ella conlleva. Un convencimiento en el que no creemos nos obliga a justificar que la falta de medios o de recursos serán intercambiados por las delicias de la virtualidad.

Nada hay tan necesario como lo material y nada tan exquisito como lo que el tacto abraza; primer encuentro con la vida, su dermis de afectos. La triste razón es la escasez. La miseria de los hombres (ese ejercicio aberrado de la política que es en buena medida su rostro más cruel) convence el argumento moderno que deviene en pura falsedad y en abismo para la cultura.

El Papel Literario suspende, por los momentos, su ruta de papel y pasa ­sabido y dicho­, a engrosar (un adelgazamiento) la vía digital, con una exclusividad que tiene rostro de decadencia. Vértigo de un país sin papel y sin papeles. Abismo de una nación que no debate su renuncia, sino que la acata como una forma de escalofrío.

Sometimiento de una sociedad a la incompetencia de conductores sin conducción. Fracaso nunca pensado. Soberbia inimaginada y sin imaginación.

Turno decadente de angustiosa epistemología.

Lo que ignoran los captores es que la literatura es liberación. Lo que desconocen los mandones es que la literatura es victoria sobre la ignorancia y la ignominia. Lo que olvidan los verdugos es que la literatura es cadalso para hombres de hacha y guadaña. Lo que aspiran los captores, verdugos y mandones es que la literatura los obedezca con sumisión y no se les podrá complacer. Podrán extrañar el papel y nunca acabarán con la literatura. Podrán incinerar todos los bosques del planeta y el planeta será siempre literatura. Podrán virtualizar todas las formas del castigo y la literatura será trono para los puros y lápida para los putrefactos. Permanente frente a pasajero, el más grande de los dilemas.

Reinventado siempre, hoy renaces con ilusión rupestre; tu pretérito perfecto y tu futuro incógnito.