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Recortes de la memoria. Sobre la amistad de Elizabeth Schön y las hermanas Gramcko

Elsa Gramcko, Elizabeth Schön e Ida Gramcko, Puerto Cabello cerca de 1940

Elsa Gramcko, Elizabeth Schön e Ida Gramcko, Puerto Cabello cerca de 1940

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Elizabeth Schön era apenas 4 y 5 años mayor que Ida y Elsa Gramcko. Se conocieron cuando eran unas niñas en Puerto Cabello y desde entonces fueron amigas inseparables. Sus amistades, sus círculos, su arte, sus vidas quedarían para siempre conectadas. Después de la muerte de las hermanas, Elizabeth frecuentemente las recordaba en entrevistas y hablaba sobre ellas, sobre los momentos que compartieron juntas y de cómo ellas influyeron en su vida y en su poesía –y viceversa. Gracias a esos recuerdos, a esos recortes de la memoria, es que hoy nos permitimos este homenaje a la amistad de tres de las artistas más influyentes de la Caracas de la segunda mitad del siglo XX.

 

Aquellas niñas de Puerto Cabello

Elizabeth Schön se mudó a Puerto Cabello junto a su  familia después de que su madre y su abuela fallecieran. Era muy joven y no conocía a nadie así que solía asomarse desde el balcón de su casa a ver pasar a la gente. Allí se fijó por primera vez en Ida y Elsa Gramcko.

“La primera vez que yo me asomé al balcón, vi dos niñitas que pasaban por la calle de enfrente. Ellas iban con su mamá y su papá pero yo no sabía quiénes eran, hasta que yo supe que eran gramcko. Bueno, yo quería conocer a las niñitas y resulta que, una vez, mi hermana, en la iglesia, quedó al lado de una de las niñitas que era Elsa. Entonces se hicieron amigas”.

Desde el primer momento le dio curiosidad el par. Estaba convencida de que serían amigas.

“Elsa tenía el pelo ruuuubio, ruubio, más rubio que todos los que yo había visto, y se ponía unas onditas en la frente. Estábamos en la época de la actriz Norma Shearer, Clark Gable, Jean Harlow. Cuando yo vi a Elsa, así chiquita y gordita, me dije Jean y Norma. Las dos llevaban sus grandes lazos en la cabeza”.

Schön conocía el apellido Gramcko Henrique José Gramcko Brandt, pertenecía a una familia alemana reconocida entre la comunidad de alemanes de Puerto Cabello, y era pianista, bastante valioso para la sociedad porteña. Se casó con su prima, Elena Margarita Cortina Gramcko. Del matrimonio nacieron Ida y Elsa apenas con un año de diferencia entre ellas. La educación de las hermanas estaba en manos de sus tías, por lo que todos los días, acompañadas de sus padres, caminaban hacia su casa.

“Yo las veía pasar desde el balcón de mi ventana, y me decía, éstas se ven inteligentes y ellas se me quedaban mirando.

La misa, frecuentemente el lugar de encuentro de las familias del pueblo, sirvió para que Elsa y Luisa Amelia, hermana de Elizabeth, se conocieran. Fueron ellas dos quienes primero se hicieron amigas cuando intercambiaron las tarjetas de sus Primeras Comuniones, una común tradición de aquellos tiempos.

“Un día mi hermana me dijo: ‘¿sabes a quién conocí?, a Elsa Gramcko’. ‘¿Cómo la conociste?’. Se conocieron porque se sentaron una al lado de la otra, empezaron a hablarse y Elsa le regaló a mi hermana la tarjeta de primera comunión. Me parecía un milagro. Porque yo las veía pasar, así como pasan los ríos, pero no podía hacerme amiga de ese río. En 1934 comenzó una amistad que duró toda la vida”.

Y así las hermanas Schön comenzaron a visitar a sus amigas, las hermanas Gramcko, bajo la estricta vigilancia de sus padres, luego de las horas del colegio. Porque Elizabeth no asistía al mismo colegio de monjas al que iban las Gramcko. Al menos no al principio, hasta que las cuatro hermanas fundaron su propia escuela de mecanografía.

“Cuando teníamos como 14 años, por iniciativa de Elsa y de mi hermana, logramos que se abriera un colegio de secretariado y taquigrafía. Ahí empezamos y que a estudiar. Imagínate, Ida y Elsa estudiando mecanografía, eso era genial”.

 

Alfredo

Elizabeth también recordaba con frecuencia a su esposo, Alfredo Cortina, su único y gran amor, el tío de las hermanas Gramcko. Elsa, fascinada con las “artes” que tenía su tío materno, un día quiso presentarle a su amiga, Eli. Alfredo quedó prendado desde el principio y convertiría a esta joven, 20 años menor que él en su esposa, en su musa.

“Por ella conocí a Alfredo, porque Elsa era adoración a su tío Alfredo. Entonces una vez me dice Elsa: ‘¡ay, mira! Mi tío Alfredo viene el sábado. Tú tienes que conocerlo para que veas lo que hace, todas las cosas que hace’.

“Una vez me llamó y me dijo: ‘vente para acá que te voy a presentar a tío Alfredo, él te quiere conocer’. Yo le contesté: ‘estoy muy ocupada’. – ‘que te vengas para acá’, me dijo.”

Alfredo Cortina (Valencia, 1903 – Caracas, 1988) fue el creador de la radio en Venezuela –“el verdadero”, como decía Elizabeth–, y el autor de la primera radionovela del país, “El misterio de los ojos escarlata”, junto a Mario García Arocha. Alfredo también fue fotógrafo, relojero, carpintero, orfebre; tenía muchas ocupaciones y era un hombre muy activo. Elizabeth era su modelo principal pero también Elsa e Ida posaron para su cámara. La mayor colección de fotos personales de las hermanas perteneció a Cortina.

Schön quedó desde el principio enamorada de Alfredo y le acompañó hasta el final de sus días. Muchos años después, en alguna de las últimas entrevistas de Elizabeth, ella le recuerda con amor brotando todavía de sus ojos.

“Mi matrimonio fue una maravilla, nosotros nunca peleamos. Cuando yo empecé a escribir él me apoyó.”

 

Ida y Eli

Elizabeth e Ida fueron las más unidas pues compartían la poesía, el arte a través de la palabra. Desde pequeña compartieron la lectura, la sed de Ida por el conocimiento de las letras.

“Yo me sentaba con Ida Gramcko a leer a Azorín, a los escritores españoles de la época, yo tenía que acompañarla y leer todo lo que ella leía, siempre fuimos muy unidas, sobre todo con Ida quien era la más necesitada de cariño. Yo le di todo el cariño que pude, te digo sinceramente es la mujer más inteligente que he conocido, tenía una memoria…era un monstruo.”

Fue Ida la primera en leer a Shön, sus escritos de la selva y la entusiasmó a publicar sus hermosos escritos Por ella salió La gruta venidera, el primer libro de Elizabeth dedicado a su experiencia en el amazonas, en un viaje que hizo junto a su hermano. Schön al principio no creía que pudiese escribir. Le habían llamado “bruta” y que no sería capaz nunca de ser escritora. Pero Ida leyó sus escritos y se emocionó: “¡Qué bello esto, Eli!”, le dijo aquélla primera vez.

Desde siempre Elizabeth admiró a Ida. Decía que era superdotada y que si aquella niña hubiese nacido en otro país, habría sido reclutada para una escuela de niños especiales.

“Ida era de una mujer de una potencia amorosa; era tan grande, grande, que se transformaba en posesiva. Esa, quizá posesión, viene de una ausencia, de que nunca encontró o sí encontró algo. Creo que encontró la balanza que le pudiera equilibrar en su ansiedad amorosa, estando ligado a lo permanente. Ella debió nacer cuando Sócrates, porque para los griegos lo permanente fue una cosa de una importancia total”.

 

Elsa y Eli

Schön admiraba profundamente a Elsa. Le entendía, la descifraba. Conocía el origen de su arte, de la utilización de sus materiales. Siempre la apoyó y le comprendió.

“Elsa era un poco recóndita, siendo sumamente amorosa, generosa, y un ser inteligentísimo”.

“Elsa un día me dijo: ‘te voy a enseñar algo secreto que tengo’ y me mostró un libro con dibujos de los actores de cine, a mí me impactó porque la primera impresión que tuve de ella viéndola de lejos, fue a través de mi memoria cinematográfica. Cuando lo vi le dije admirada: ‘¡Tú eres una artista, Elsa!’ y se quedó de lo más seria. Ella lo hacía porque le nacía”.

La primera en coleccionar el arte de Elsa fue Elizabeth cuando se apoderó de su primer dibujo, un atardecer.

“Para mí, su pintura se sustenta en esa vivencia de lo que era Puerto Cabello. La época informalista de Elsa comienza en Playa Verde, gracias a una camioneta que desarmamos entre todas”.

 

La casa de los Rosales

En Caracas, las Gramcko y Elizabeth Shön –con su Alfredo– vivían también en la misma calle, a unas casas de distancia. En la Av. Paseo, en la parroquia Monte Carmelo, estaba la casa de Los Rosales, donde vivieron Elsa Gramcko con su esposo, el fotógrafo Carlos Puche, e Ida –luego de volver del extanjero. 

Las tertulias en la Casa de los Rosales se hicieron tradición. Fue lugar de convivencia y de creación para estos cinco artistas y todos los que eventualmente también formaron parte del círculo de intelectuales.

De estos encuentros todavía nos quedan algunas huellas: se pueden apreciar ciertas afinidades en la obra de ellos. Con frecuencia, por ejemplo, Elizabeth escribía en sus poemas sobre la naturaleza como un lugar primigenio que luego eran ilustrados con la serie de Puche sobre el Ávila.

Junto a Alfredo Cortina y Carlos Puche, las hermanas Gramcko y Elizabeth Schön formarían uno de los grupos de artistas más influyentes en la Caracas vanguardista de mediados del siglo XX.

 

Al final, las amigas estuvieron juntas. Elizabeth se despidió de las hermanas, de Elsa y de Ida, el mismo año. Y se convirtió en la mejor fuente de referencia cuando se trata de brindar homenaje a las artistas Gramcko.

“Elsa muere primero. Ella estaba mal, sufría del corazón; sólo le dijo adiós, mi amor a Puchito, Carlos Eduardo, su esposo, y se volteó. Cuando él se dio cuenta estaba muerta. Ida tuvo una muerte terrible, llena de soledad. Ida era mucho más vehemente y obsesiva que Elsa, se muere su esposo una bella persona y ella fue absorbida totalmente por la poesía. Escribía toda la noche y parte de la madrugada y dormía de 8 de la mañana a 2 de la tarde. Dormía y se alimentaba mal, eso no lo resiste el organismo. Su fuerza poética increíble, su imaginación, su lenguaje, sus metáforas, eran de una reciedumbre única, el cuerpo no resistió. Porque resulta que el cuerpo es mucho más débil que el espíritu y sobre todo cuando es poético”.