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Peran Erminy, curador y crítico de arte / Raúl Romero

Peran Erminy, curador y crítico de arte / Raúl Romero

Perán Erminy está enterito, lúcido y curioso, como siempre, testigo de excepción de cuanto evento vanguardista ocurre en la ciudad

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Supe que el nombre de Perán Erminy, que veía como firma responsable de artículos de crítica publicados en medios impresos, correspondía a la hechura corporal de ese señor blanquísimo y barbudo, cuando tuve oportunidad de trabajar en la Biblioteca Nacional. Se iniciaba la década de los noventa y Virginia Betancourt, visionaria y ejecutora ejemplar, se empeñó en erigir una Colección de Artes, todas las artes, reunidas, junto con la Estética y la Teoría del arte, para atender las demandas de un público creciente.

Esto significó rastrear en los fondos ya existentes, pero además enriquecer las adquisiciones de publicaciones recientes del mercado internacional y fortalecer áreas en expansión en el país, como el diseño, el cine y el pensamiento sobre el arte. Funcionó originalmente en una pequeña sala de la antigua sede del Palacio de las Academias, frente al jardín, pero cuando la Biblioteca se muda a la moderna sede del Panteón, este nuevo servicio ocupó un opulento espacio destinado para tal fin.

Desde sus inicios contó con una presencia recurrente, el más consecuente de todos los investigadores: Perán Erminy. Era raro el día que no aparecía por allí, con su discreción característica, con su modestia –nunca hizo valer sus credenciales intelectuales para disfrutar de una atención prioritaria–, su andar pausado y su voz ronqueta. Llamaba la atención su curiosidad infinita por el saber y el conocimiento de las artes, todas, aunque se le conociera más como crítico de artes visuales. Ni hablar de su interés por la música y por el cine sobre los cuales tenía un vasto conocimiento. Que este señor era una cantera de sabiduría, decían quienes, conmigo, tuvimos la oportunidad de facilitarle la información. Vivía pendiente de cuanta novedad se incorporaba al catálogo, lo que significaba que en un tiempo en que el mercado de importación librera era muy rico y se disponía de presupuesto para compras, y en que, además, Internet apenas estaba por llegar, Perán Erminy era el propio ratón de biblioteca.

Ahora, cuando por primera vez deja de ser únicamente el que impulsa, comenta y refiere el arte de los otros, y accede a mostrar su propia obra en una exposición individual y retrospectiva, Laberintos, uno entiende que Perán creador es el prototipo del artista formado e informado. Un producto de tanta lectura, de tanto trajinar, ver y leer sobre el arte. Es un artista cuyo horizonte es la historia del arte, específicamente de la modernidad: hay un Perán del abstraccionismo geométrico, del paisajismo abstracto, del expresionismo abstracto. Su arte de más de seis décadas es ecléctico en el mejor sentido, no sólo en la temática sino también en las técnicas y procedimientos.

Perán Erminy está enterito, lúcido y curioso, como siempre, testigo de excepción de cuanto evento vanguardista ocurre en la ciudad. Muy probablemente frecuenta aún la Biblioteca Nacional, en donde continúa documentándose y enriqueciéndose. Una deuda sigue pendiente: la edición de su obra escrita.

Caracas, diciembre de 2011