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Ramón J. Velásquez se despide de sus colaboradores en Miraflores

Ramón J. Velásquez / Archivo / El Nacional

Archivo / El Nacional

Entre el 5 de junio de 1993 al 4 de febrero de 1994, Ramón J. Velásquez presidió un gobierno de transición. Finalizado esos 8 intensos meses de gestión, antes de su despedida oficial en el Congreso Nacional, Velásquez se dirigió a sus colaboradores en el Salón de los Espejos, en el Palacio de Miraflores. De esas palabras pronunciadas el 2 de enero de 1994, hemos seleccionado el fragmento que sigue

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“Hemos cumplido; más nada”

“Ahora nos vamos –dijo– pero tenemos la conciencia tranquila; hemos tratado de cumplir con Venezuela; hemos tratado de mantener vigentes las instituciones democráticas; hemos practicado la moral administrativa. ¿Quién nos ha defendido? Nos ha defendido la propia conducta. Críticas, agresiones, infamias son el material diario de la vida en libertad. Yo leí hace muchos años la afirmación de una gran personalidad venezolana, duramente combativo, que decía: “para estar con la conciencia tranquila hay que hacer lo que se debe y dejar de decir lo que se quiere.” Este es un ejercicio duro y este es un país implacable.

Yo creo que esa forma venezolana de la intransigencia en la libertad y de silencio en las cadenas, es una especie de constante que viene de los días coloniales. Pero somos así. En ocasiones se nos tilda de débiles, de no ejercer, de no resolver violentamente los problemas. Las ganas no faltan, pero uno tiene una lamentable vocación pedagógica... porque en este tiempo de riquezas fabulosas y de imágenes que no responden a trayectorias, la pedagogía está devaluada. Sin embargo, yo he creído que la manera de llegar a buen puerto era navegar dentro de un clima de tormenta en donde nadie, en los últimos tiempos, ha sentido el piso firme para poder avanzar; donde todos esos viejos fantasmas del siglo XIX parecen volver ahora con las vestimentas de fines de siglo XX; donde la indigestión jurídica de instituciones se adopta sin consultar la realidad, y cuando digo jurídica no hablo solamente de códigos sino de instituciones financieras, económicas, educativas que están reñidas con la realidad y a las cuales la realidad derrota, pero a costa de la propia Nación. He creído que por sobre todo debíamos llegar a buen puerto. ¿Cuál era ese? Que la Nación, en un ejercicio pacífico, decidiera quiénes iban a ser sus representantes, sus mandatarios durante los próximos años; que cambiara el escenario nacional.

El problema a resolver era ese. Si el régimen constitucional había sido tan cuestionado, traumatizado y había tantos interrogantes en la mente de todos, el camino era –al final de un túnel– mostrar otro escenario y que renaciera la esperanza con nueva gente, nuevos propósitos, nuevos programas, nuevos debates. Y lo hemos logrado. Yo digo “lo hemos”, porque hemos sido un equipo y yo he sido, compitiendo un poco con el ilustre maestro del arte y de la economía, ese gran venezolano que es José Antonio Abreu, atreviéndome a competir con “él”, abusando, no he querido ser director de orquesta. No se puede en estos tiempos saber de todo; no se puede en estos tiempos aparentar que se sabe de todo; no se puede en estos tiempos imponer la suficiencia sobre la ciencia. Hay que estar conscientes de los grandes cambios nacionales; nosotros lo hemos estado”.        

NOTA

Este texto ha sido tomado de Selección de discursos venezolanos del Siglo XX. Selección y notas: Federico Pacanins y Carlos Fernández Cuesta. Caracas, 2001