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Profesión: librero

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(Del lat. librarius).

1. m. y f. Persona que tiene por oficio vender libros.

2. m. y f. Guat. Pan. Cuba, Ec., Hond. y Méx. librería (mueble con estanterías para colocar libros).

3. m. ant. Hombre que tenía por oficio encuadernar libros.

Diccionario de la lengua es- pañola de la Real Academia Española


    RODNEI CASARES

E n nuestro país ser librero es un oficio que, por lo menos oficialmente, no existe.

Por ejemplo, cuando nos toca llenar cualquier planilla aparecen cientos de profesiones, oficios y ocupaciones menos la de librero. Cuando vas al banco a pedir un crédito, la ejecutiva te dice que si puede poner: vendedor, bibliotecario o gerente.

("Total es lo mismo, ¿no?"). En los aeropuertos, mientras haces la cola para chequearte, el encargado de la seguridad va haciendo preguntas, cuando llega tu turno, respondes lo de siempre. El guardia te mira, abre los ojos, mira hacia arriba y te repregunta. En la mayoría de los casos te hace abrir la maleta para ver si entiende, cuando la ve llena de libros supone que haces muebles para ellos y esos que llevas son la medida estándar. De estos casos podría mencionar muchos, pero es mejor no detenernos ahí.

El punto es que no es posible que en un país donde hay cientos de librerías, la mayoría de las personas no sepan que hay gente que se dedica a este oficio, uno tan importante como el de electricista, plomero o latonero; un oficio que en algunos países es una profesión, tan respetada como la de médico o ingeniero.

Para que esto cambie el problema debe atacarse de raíz.

Para poder formarme como librero tuve que invertir mucho tiempo y dinero. Al no conseguir oportunidades de formación en mi ciudad, tuve que investigar qué opciones habían que estuvieran a mi alcance.

Así llegué al Cerlalc (Centro regional para el fomento del libro en América Latina y El Caribe) donde concursé por una beca de formación y tuve la suerte de obtenerla. Después de eso he asistido a congresos de libreros y a las tres ferias de libros más importantes de América Latina: Guadalajara, Buenos Aires y Bogotá. Para que todo eso pasara tuvieron que transcurrir cinco años.

Debemos darnos cuenta de la importancia que tiene el librero en la sociedad, porque no sólo somos una "persona que tiene por oficio vender libros", tal como lo define el DRAE. Somos mucho más que eso. En primer lugar, estamos encargados de poner en las manos de los niños muchos de sus primeros libros; guiamos a los jóvenes a través de las distintas etapas de la ficción: vemos cómo van pasando de los cuentos de hadas a las historias de terror, de amor o de aventura; asesoramos por igual a escritores, profesores, abogados, doctores y hasta presidentes. Además de eso, nuestro trabajo no se queda sólo en las librerías, muchos de nosotros somos promotores de lectura, participamos en proyectos y propuestas en torno al libro, escribimos, opinamos y creamos.

Creo que ha llegado el momento donde debe profesionalizarse el sector, las nuevas generaciones no pueden seguir formándose empíricamente, ni esperando dos o tres años para reunir un pasaje para irse a Guadalajara o a Buenos Aires a participar de algún curso. Las escuelas y universidades deben dar un paso adelante y abrir escuelas para libreros. Hay muchas experiencias exitosas de donde fijarse, y aquí en el país hay gente muy capaz.

Muchos lectores se quejan de lo mal que son tratados por algunos vendedores de libros.

Se horrorizan cuando alguno de ellos es incapaz de escribir bien el apellido de algún escritor o cuando no saben diferenciar entre literatura clásica o literatura contemporánea, por decir lo menos. Se quejan, pero no proponen. Los invito a crear un debate serio en torno a eso, que estas cosas no queden sólo como una anécdota.

Yo, que soy librero y me formé empíricamente, propongo que se abran escuelas. Tú, lector, no dejes que te sigan maltratando, si tienes algún espacio pon este tema en debate. Yo quiero que te sientas tan bien atendido como cuando vas a tu médico, yo quiero que sepas que te va a atender un profesional.