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Pretorianismo intolerancia y barbarie

Pretorianismo, intolerancia y barbarie

Pretorianismo, intolerancia y barbarie

A partir del denominado pretorianismo, se va pasando paulatina y progresivamente a la confiscación inadvertida de los poderes del Estado

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Ultimadamente lo que plantea el fascismo es la destrucción total del enemigo o su rendición incondicional por parte de la masa. Ahora, el punto de cómo llegamos a semejante situación es objeto de análisis minucioso y comparativo del libro Pretorianismo, intolerancia y barbarie, de Guillermo Yépes Boscán.

En él se observa cómo el autor va paulatinamente desde situaciones generales, analizadas desde lo filosófico y lo pragmático, hasta el tema que nos toca directamente; el caso del Socialismo del siglo XXI. 

A partir del denominado pretorianismo, que el escritor define como una suerte de régimen "sultánico" --sujeto, evidentemente a los caprichos del "manda más"-- se va pasando paulatina y progresivamente a la confiscación inadvertida de los poderes del Estado. 

En esta sucesión de hechos, el fin último es la abolición del Estado democrático por una especie de híbrido pretoriano que toma el poder de manera hegemónica basado en el discurso patriotero. El militar se siente investido de las glorias pasadas y con el derecho a actuar de cualquier manera para hacer efectiva esa supuesta herencia "histórica". 

El primer paso en esta estrategia fatal sería un estado de confusión de la población que posibilitaría la sumisión de los medios al poder caudillista. Mediante ello, se entraría de manera progresiva en un orden militarista cuyo objeto sería la pretorización de la sociedad o la conversión de ésta en un "cuartel". Es de destacar aquí que la lógica del cuartel de obedecer primero y opinar después sería trasladada al mundo civil, cuya lógica fundamental debiera estar basada, primero en la opinión y luego en la acción. 

Es necesario entender que en el militarismo están presentes el culto a la barbarie, la rudeza, el autoritarismo y el chauvinismo. La historia patria quedaría reducida, entonces, a hechos de guerra. 

No obstante, aquí el analista hace una clasificación del pretorianismo arbitrario y el dominante. El primero justificaría la toma del poder político para restaurar un hilo constitucional perdido y luego devolver el gobierno a los civiles y, el segundo, simplemente llegaría para quedarse in saecula saeculorum. No obstante, todo pasa. 

Ya con esta base teórica, Yepes Boscán pasa a la situación venezolana y a la aparición de las diversas logias militares que venían actuando en el país desde los años setenta. Su análisis es muy cuidadoso, incluso, en el caso cuando López Contreras da el discurso inaugural en la recién creada Escuela de Aspirantes a Oficiales, al instaurar el tan dañino calificativo de "herederos de glorias pasadas"; de la misma forma como hoy en día lo predica el bolivarianismo. Ya de por sí esta comparación del ejército moderno con los padres de la patria forma parte de una política ideologizante que podría terminar en la absurda argumentación de que sin ejército no es posible la patria. 

Continuando con el discurso del texto, éste aborda lo relacionado con la intolerancia y la discriminación, todo ello incluso dentro del contexto de la globalización. En este sentido, y en referencia a Venezuela, se muestra cómo ha sido la política del Socialismo del siglo XXI respecto al aumento de las desigualdades y de la calidad de la pobreza, de manera de contar con una masa crítica disuasiva y con poder electoral. En este caso se concibe al adversario como enemigo y la oposición se lleva a cabo desde la dualidad amigo-enemigo. Se daría entonces una "intensidad" entre estos dos roles que justificaría, incluso, el uso de las extensiones de la política. Esta intolerancia, ultimadamente, pretende imponer el punto de vista del caudillo (que usualmente tiene características carismáticas, populistas y demagogas) así como el odio y rechazo del otro. De esta manera, dentro de esta lógica perversa quedaría justificada la violencia para eliminar las diferencias entre unos y otros. 

Aludiendo a Venezuela, el autor muestra una serie de hechos discriminatorios ocurridos entre 2003 y 2007, como el control de los medios masivos, la lista Tascón, la creación de sindicatos paralelos, la exclusión abierta en palabras del ex ministro de salud Roger Capella, el programa Maisanta, así como la discriminación a Fogade, a Pdvsa y a sus huelguistas. 

Ante este horrendo panorama, pareciera que el camino que quedaría --aunque fuese duro de recorrer-- sería el de retomar la democracia en tanto un compromiso entre los diversos sectores políticos que conforman a la sociedad y dentro de un contexto civilizado. Yepes Boscán pone, como ejemplo, el Pacto de Punto Fijo como una forma hallada, en su momento, para garantizar la gobernabilidad que se dio democráticamente durante 40 años. 

El libro culmina mostrándonos las diversas caras que pudiera asumir la intolerancia. 

Finalmente, y desde el discurso filosófico, se ahonda en el tópico de la barbarie, como derivado de todo lo antes mencionado en el texto, poniendo incluso ejemplos infames como las limpiezas étnicas del siglo XX. Así, dentro de la perversión de los regentes del Estado pretoriano lo que estaría planteado no es un estado de guerra frente a un enemigo externo, sino frente a la propia población. De esta manera, estos y otros planteamientos claves constituyen la geografía política que desglosa este libro; valiosa contribución al librepensador y al ciudadano democrático.