• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Preguntas para Pensar la Transición (IV)
Responde Edda Armas

Edda Armas / Foto Henry Delgado

Edda Armas / Foto Henry Delgado

La tercera entrega de la serie corresponde a la Psicóloga social y escritora, Edda Armas. En este cuestionario que presentamos hasta el 1 de julio, 13 intelectuales reflexionan sobre la crisis venezolana y sus perspectivas 

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

―Queremos comenzar por su visión del actual estado de cosas en Venezuela. ¿Qué ve, qué siente, qué le resulta inquietante?

―Veo y siento lo nunca imaginado en mi país. Horror y desesperación en mayúsculas, fuera de escala, por hambre y muertes que podrían evitarse. Estridente manifestación de la violencia como expresión diaria. Es destrucción institucional y moral. Violencia que no perdona lo más sagrado: el derecho a la Vida. Es el secuestro, la falta de medicinas, la tarea ardua que roba todas las horas del día en la procura de alimentos básicos y de agua potable. Indigna cada noticia sobre cómo mueren personas de todas las edades. Los hipertensos, el que padece cáncer o VIH, por no contar con sus medicamentos; y tantos más, en emergencias por las deficiencias en centros asistenciales, en los que no hay nada de nada de insumos ni equipos, solo médicos y enfermeras intentando salvar vidas. Las madres con hijos a cuestas y los ancianos viven el horror más inhumano en una cola en busca de productos regulados, no siempre exitosa, porque no llegan al producto que se agota pronto, pero también por el altísimo costo de la cesta básica en relación al salario mínimo. Tragedia es no encontrar el alimento; la otra tragedia conseguir algo y no poder adquirirlo. Se trafica con los alimentos, esa es la verdad, como también es verdad es que no todos tienen acceso a ellos. Otro horror es el verbo vulgarizado y retorcido que impera desde arriba. El odio que se siembra para separar  y enfrentar a los venezolanos. El discurso retorcido que nunca apunta a las causas reales de lo que acá nos pasa. Sistemática negación al acceso de la verdad en tantas tragedias ocurridas y tapadas. Es un país en retroceso. El corrosivo horror tiñe de “duelos” a la familia venezolana. Todo en Venezuela es inquietante. La diáspora, el otro dolor. La familia separada es el común denominador actual, algo sin precedentes en la historia del país. Mucha población joven buscándose camino en otras tierras,  y los mayores regresan –50 años después a sus países de origen– sintiéndose venezolanos a carta cabal, todos necesitando huir de este inhumano y desvencijado país. Lo que ocurre en Venezuela es para todos los venezolanos, otra forma, muy cruel, de “Guerra civil” en el S. XXI.

―Un tema, cada vez más presente en las preocupaciones venezolanas, es la cuestión de la violencia y el modo en que viene ocupando espacios en la sociedad. ¿Venezuela tiene posibilidad de realizar un cambio político sin recurrir a la violencia?

―Ya lo decíamos, aquí todo es violento, porque la violencia se utiliza como otro mecanismo de control social. Pareciera que la amabilidad y la sonrisa a flor de piel del venezolano se la hubiesen extirpado. Se ofrece reprimir, y se reprime con odio siguiendo órdenes duras de represión al opositor. No se permisan algunas de las marchas opositoras. Sistemáticamente los días en que las hay se cierran las estaciones del metro. Violencia es que no haya leche para los niños lactantes. La impunidad y la intolerancia lo corroe todo. Hay miedo sembrado. En este caos que arde, es peligroso acto que el CNE y el TSJ impidan, retrasen o no lleguen a activar el Referéndum Revocatorio para este año; ya solicitado por el 1% de los electores del registro electoral nacional actual. El voto es la salida legítima, constitucional, tal vez la única posible, sin violencia. Pero, activar el RR supone respeto a la mayoría opositora y no opositora que hoy lo exige. Pero ello supone que, el gobierno admita algo por ahora niega: la conflictividad social nacional que exige un cambio, no solo de presidente y dirigencia política, sino de rumbo económico y social, independencia de los poderes públicos, y libertad para todos los presos políticos.

―De forma recurrente, hay personas que se preguntan si la sociedad venezolana ha aprendido algunas lecciones de los padecimientos de estos últimos años. ¿Hemos aprendido o todavía podríamos ser una sociedad frágil ante la tentación populista?

―Me cuento entre los que se lo preguntan. A veces la sociedad venezolana da signos de que sí, otras de que no. Creo que cuando se cae en el caos que se produce deliberadamente como forma de dominación de un pequeño grupo aferrado al poder, como es el caso, violentándose todos los reglamentos y códigos civiles, se llega a esta desproporción de todo, muy sádica por cierto, como la que hoy vemos en todos los asuntos y rincones del país. 

―Queremos preguntarle por la idea de fracaso. ¿Cabe establecer una relación entre Venezuela y el fracaso? De ser así, ¿qué fracasó, qué salió mal?

―Para una inmensa mayoría, haya votado o no por la “Revolución bonita” que ofrecía que “Venezuela, ahora es de todos”, en la que no habrían más “niños de la calle”, ni analfabetismo, se reduciría la pobreza y pondría mano dura a la corrupción, lo que se vive en Venezuela demuestra un fracaso rotundo. La Rx a la vista está. Los casos de corrupción venezolanos, de la última década, son records guinness. El venezolano está indigente, siendo Venezuela uno de los países más ricos de la región. País angustiante este, donde impera la barbarie, aún en el tráfico de alimentos. Ni siquiera se consigue arroz ni café, de los que en el pasado la producción del país abastecía la demanda nacional. Es un país desmantelado llegando a límites absurdos y brutales de padecimiento social. Clara y certera la imagen declarada a la prensa nacional por el periodista Alonso Moleiro: “Venezuela es un polvorín de habitantes desesperados”. Entonces, este hoy venezolano evidencia el fracaso instalado entre su propia gente, al incumplirse aquella promesa de cambio liderada por HCF, en la que el pueblo mayoritariamente creyó y apostó en las elecciones de 1998.

―El tema del posible papel de los intelectuales en la vida pública, sigue siendo debatido. ¿Cómo valora Usted la actuación, en términos generales, de los intelectuales en los últimos años? ¿De qué modo, si es que ha ocurrido, ha impactado la polarización en la actividad de los intelectuales en Venezuela?

―El intelectual, aquel que utiliza la razón para hacer aportes con innovación y reflexión crítica, da voz al drama de otros y cuerpo al dolor humano. Así ha sido en todos los tiempos de la humanidad y en nuestro país de igual manera. En tiempos de crisis siempre inconformes ponen oídos a los hechos y hurgan profundo, alejados del poder, con catalejo desde su rincón. Ante el horror social investigan, y su registro y tensión permea su obra. Revisemos la historia y reconozcamos las contribuciones de nuestros  científicos, historiadores, músicos, escritores artistas visuales o del teatro y el cine. Si dudamos de ello, ¿no será que en Venezuela no hemos sabido reconocerles sus aportes? Pienso en Jacinto Convit con su vacuna contra la lepra, en el dramaturgo feroz de Cabrujas hurgando la historia en El Ilustre Americano o Gómez o La dueña. Allí están Memorias de un venezolano en la decadencia de José Rafael Pocaterra o Se llamaba SN de José Vicente Abreu. Don Rómulo Gallegos, el gran humanista nos legó Doña Bárbara, Cumboto pero también como político activista llegó a la presidencia del país por el voto. Y, oh ironías, ¡a este ciudadano ejemplar de este país hoy le saquean la tumba! Allí están ¿Duerme usted, señor presidente? de Caupolicán Ovalles o la obra Homenaje a la Necrófilia de Carlos Contramaestre, dos de los intelectuales valientes y puntillosos como todos los del Grupo Techo de la Ballena: Elisa Lerner –la gran cronista venezolana, autora de una novela de imprescindible e impostergable lectura hoy como lo es De muerte lenta, Salvador Garmendia, Adriano González León –con su País portátil–, y Rodolfo Izaguirre. Creo que en estos complicados últimos 17 años, en esta Venezuela de desgastes y exabruptos, muchos intelectuales han jugado su papel crítico, alertando a modo individual, pero también colegiadamente a través de las universidades, academias y colegios profesionales, como en otras épocas del país. Su opinión, se lee en artículos y entrevistas, como también a través de sus obras. Intelectuales como Elías Pino Iturrieta, Héctor Silva Michelena, Teodoro Petkoff, María Elena Ramos, Carlos Cruz-Diez, el Padre Luis Ugalde, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Elisa Lerner, Ana Teresa Torres, Alberto Barrera Tyska, Gabriela Montero, Ramón Guillermo Aveledo, María Fernanda Palacios, César Miguel Rondón, Gisela Kosak , Antonio Pasquali, Harry Almela, Antonio López Ortega, Leonardo Padrón, Igor Barreto, Yolanda Pantin, José Tomás Angola, Fedosy Santaella, yo misma, entre muchos otros, quienes hemos cargado la pluma para expresarnos y disentir. Para alzar la denuncia del atropello, la arbitrariedad y la anarquía gubernamental que crea miseria institucional, obstaculiza los derechos civiles constitucionales, lo que en buena medida instala el caos social intolerable que se vive en nuestro país.

En relación a la segunda pregunta, claro que la polarización ha impactado la actividad de los intelectuales en Venezuela, como en todos los asuntos del país. Los intelectuales que adversamos al gobierno somos excluidos o no queremos participar de cargos públicos ni festivales oficiales, lógicamente, y también adversamos el discurso y el pensamiento único que el gobierno quiere imponer. Los que apoyan al gobierno, ejerciendo o no cargos públicos, no tienen el más mínimo sentido crítico de lo que acá acontece. Hacen loas. Aplauden. Justifican. Viajan con recursos del estado. Reciben premios y homenajes. Son cómplices, de la tragedia nacional instaurada en el país.

―¿Cuál es, en su criterio, el estatuto actual de la polarización política en Venezuela? ¿Se mantiene, ha cambiado?

―La polarización se mantiene. La posición de adversar o de apoyar hace percibir y narrarlo todo de manera radicalmente distinta. Aferrarse al poder pareciera distorsionar la forma como se mira y evalúa lo que aquí se vive. Quien apoya cree el cuento de la ´Guerra económica´ como raíz del deplorable estado económico del país, y repite el mismo guión como autómata. El que adversa sabe que el haber expropiado y desmantelado empresas, amén de no darle divisas a las empresas no alineadas al gobierno las llevó a quiebre, y con ello a la economía del país, e instauró este crítico estado de desabastecimiento general. Pero resalto dos históricos quiebres en la polarización. Uno muy significativo, como lo fue la expresión electoral del 6-D en 2015, cuando  opositores y chavistas votaron masivamente por una Asamblea Nacional integrada por representantes de partidos opositores a través de la tarjeta única, expresando así, aliadamente, la urgente necesidad de un cambio de rumbo político en el país. El otro quiebre, ocurre cuando la mayoría surtida –en urnas– no aprobó la reelección indefinida del presidente, diciembre de 2007.

―Se afirma, incluso con soporte en estudios de opinión, que en la mayoría de los venezolanos está presente, con fuerza, un deseo de cambio. ¿Podría intentar describir ese deseo de cambio? ¿Tiene Usted idea o intuición del cambio al que aspira la mayoría de los venezolanos?

―Por lo que se escucha y se ve: en la calle se clama el cese de la situación intolerable que nos oprime día a día. El cambio es el tema que arde en el oído adonde quiera que vayas. En la farmacia, el abasto, la reunión, la cola de lo que sea. Se pide una Venezuela con Ley y Orden. Se pide justicia y cese a tanta impunidad. No basta ejercer el voto. La democracia debe volver a la independencia de los cinco poderes públicos: Poder legislativo (Asamblea Nacional), Poder Judicial (TSJ), Poder ejecutivo (Presidencia), Poder electoral (CNE) y Poder Ciudadano (Defensoría, Fiscalía y Contraloría General de la República). Se clama por ser un país normal, donde la farmacia expenda los medicamentos y el abasto, la bodega, el mercado los alimentos. La vida del ser humano tiene que rescatar su valor; lo que pasa por poner en boga el respeto y los valores positivos en la sociedad. Porque el odio al sembrarse liberó los peores demonios de la crueldad. Las noticias de los asesinatos que acá ocurren dan prueba de ello. Se pide juicio para los que han desfalcado las arcas públicas. Se pide valorar las profesiones y sueldos dignos. El salario mínimo debe significar “algo” en el bolsillo del venezolano. Se implora calidad de vida. Derecho al trabajo y respeto a la propiedad privada. Recuperar espacios públicos y el derecho a la recreación y al bienestar familiar. Que retorne el valor de que “trabajar” sea mejor que “robar”. Que ganarte el pan sea mejor que recibirlo como limosna. Todas las familias han sido víctimas del hampa, la pobreza, el miedo, la falta de electricidad, de agua potable, alimentos y medicinas. Es necesidad restablecerle la misión y función a cada institución. La jornada laboral debe volver a ser de  lunes a viernes. La educación pública debe garantizarse con pago puntual y justo al educador.

El cambio reclama abolir la exclusión de un sector de la población por razones políticas, dignificar el trabajo, reactivar las empresas, respetar la libre circulación de la información y las ideas. Es decir, devolverle la esperanza al venezolano, hacer habitable el país, gerenciarlo hacia la modernidad, con respeto a la constitución y las leyes, y activando políticas públicas que garanticen seguridad, transporte, vialidad, educación, alimentos, servicios, salud y justicia, verdaderamente para “todos” los venezolanos.  

―La experiencia de procesos en otros países demuestra que la transición demanda de cierta disposición al entendimiento y a la reconciliación; de ciertos sacrificios; de ciertas energías distintas a la de la confrontación. ¿Cómo evalúa Usted la disponibilidad de estos y otros elementos para una posible transición en Venezuela?

―En un país picado en dos mitades por la política, el entendimiento pasa por el respeto del que piensa distinto, de aquel que se opone y hace la crítica. Parte honda del problema es que, en Venezuela, la dirigencia de los últimos 17 años ha ejercido el poder para dejar afuera a quien no piensa como ellos, al que no se somete al pensamiento único, aunque estos sean ya más de la mitad del país. Cuándo es el estado el que confronta, el que anula los derechos civiles a los ciudadanos, el que cierra con descalificaciones los caminos del diálogo ¿cómo se llega al entendimiento? Creo que la confrontación y el irrespeto verbal y moral, y el ocultamiento de la verdad, han sido el plato servido por largos años. Por ello, ninguna mesa de diálogo ha dado frutos. El venezolano ha demostrado –ejerciéndolo– su creencia en el voto como mecanismo legitimo de expresar su desencanto, rabia, frustraciones y deseo de cambio. Invocar el RR presidencial este año, respetando la voluntad de quienes lo han solicitado mediante las firmas dadas, pareciera la urgente y única salida para esta olla de presión llamada Venezuela. 

―Una última pregunta: ¿tienen los intelectuales alguna asignatura pendiente con el país? ¿Falta alguna contribución decisiva?

―Los intelectuales, como todos los profesionales, los que nos hemos quedado en el país, haciendo, diciendo, creando, asistiendo al prójimo, como aquellos que se han ido –por múltiples razones– seguiremos asumiendo como hasta ahora lo hemos hecho nuestra responsabilidad. Cada quien en su parcela de conocimiento y experticia.

¿Cuál podría ser esa contribución decisiva que nos falta dar? 

Soy de las que valora que los intelectuales en Venezuela –sí, hablamos de quienes trabajan con el intelecto y no con la fuerza física– han dado y siguen dando aportes insólitos a pesar de no contar con el apoyo del Estado, y en muchos casos sin aportes de la empresa privada. Hay instituciones sobreviviendo por la custodia de quienes en ellas se desempeñan, como las academias. Iniciativas que sorprenden, mucho emprendimiento bajo la fórmula de ONG’s y fundaciones privadas en apoyo a infinitas causas atendiendo a los más desposeídos y/o minorías, editoriales y grupos independientes diversos que vienen surgiendo en el área social y cultural, que así lo demuestran. Porque, es un deber constitucional que el estado haga inversión cultural y apoye a sus talentos –sin distingo de raza, género y posición política–, y que se abran acceso a esos aportes, becas, premios, patrocinios, sedes museísticas, teatros, salas de exposiciones, editoriales del estado, etc. Lo cual con este gobierno hace años dejó de ser así, al politizarlo todo de forma extrema. Hay autores censurados a quienes no se les edita en las editoriales del Estado. Este gobierno ha sesgado descaradamente todos esos espacios y aportes, destinándoles para el uso oficial, partidista, y de aquellos que les apoyan. El libre pensador en todos los tiempos y todos los países debe crear, soñar, reflexionar, estudiar, opinar desde el lugar de su decir, desde su especialidad, tanto o más como divergir con ojo y voz crítica, atento al entorno, al padecimiento de las minorías. Participar a modo personal o integrado en organizaciones, compartiendo saberes adquiridos en las múltiples actividades que cada quien pueda ofrecer. Como ciudadanos, el intelectual, el artista, el educador, se hace constructor de civilidad, apostando a la vida, a hacer del sueño un logro a la libertad de expresión y creación, a la libre circulación de las ideas, al respeto a las ideologías y los credos políticos y religiosos, en ejercicio democrático. Damos voz a voces silenciadas. Por ello, considero que seguir ejerciendo y fomentando este hacer constructor y crítico es la contribución decisiva que debemos continuar dando a nuestro país, apoyando cívicamente la iniciativa de activar el RR para este año 2016.