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Postal para Belén

El domingo partió la bailarina venezolana Belén Lobo. Dejó una hoja de vida enjundiosa y una herencia de afecto invaluable 

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“Murió la madre de Boris Izaguirre”, titularon numerosos medios sobre el lamentable fallecimiento de Belén Lobo. Ella de seguro hubiera estado encantada con el hecho de ser emparentada con la fama de su segundo hijo.

La entrevisté junto a su alma gemela, el entrañable crítico de cine y escritor Rodolfo Izaguirre, para el programa de radio, Caracas Vuelta y Vuelta, en la Emisora Cultural de Caracas, en 2012; y no dudó en afirmar que su matrimonio fue su mayor realización. “Tengo 3 hijos preciosos: Rhazil, Boris y Valentina. Hoy cada uno hace lo que quiso hacer y es algo que me da muchísimo gusto. Mi familia es el mayor privilegio que he tenido en la vida. Ahora disfruto a unos niños que son adultos”. El amor fue su mejor y más largo ballet.

Se casó con Rodolfo vestida de Chanel en la prefectura civil de Chacao en 1964. Días antes ambos visitaron la oficina para constatar que la legalización de su concubinato era la forma más expedita de contraer matrimonio. Lo más gracioso es que ocurrió una tarde en la que Rodolfo tomaba unos tragos con Salvador Garmendia. Belén apareció y se llevó al novio. Horas después sellarían una unión que perduró hasta su último respiro, el pasado domingo 23 de noviembre.

Dueña de un pasado brillante sobre los escenarios, podría considerársele como la primera bailarina profesional que tuvo el país. De la Escuela Nacional de Ballet creada por la Nena Coronil en los años 40, partió a Nueva York para estudiar en la School of American Ballet. Volvió a Caracas en el año 1953 y apareció bailando Sílfides en la primera transmisión de Radio Caracas Televisión. Luego sería parte de Academia Interamericana de Ballet, fundada por las hermanas Irma y Margot Contreras, en la que conoció a otro de los grandes hacedores de la danza en Venezuela, Vicente Nebreda.

Tras un viaje a Cuba en 1960, se quitó las zapatillas para siempre y se convirtió en una bailarina de danza moderna. Lo cierto es que brilló sobre las tablas y profesó un gran compromiso con la formación de las nuevas generaciones como directora de Danza del Consejo Nacional de la Cultura (1974-1988) y fundadora del Instituto Superior de Danza y el Instituto Universitario de Danza.

Durante la misma entrevista habló de porqué nunca se marchó del país pese a las difíciles circunstancias que hoy atravesamos. “Ciertamente, tuvimos la oportunidad de irnos con Boris a Europa, pero Rodolfo siempre me decía: Si consigues cómo montar la casa en un barco, incluyendo a los helechos, nos vamos (…) Hay que hacer un esfuerzo por reunir a la familia para que el país sea lo que un día fue: uno solo. Habrá que tomar en cuenta la tolerancia para recuperar tanto de lo que hemos perdido”, concluyó.

Protagonista de la escena cultural del país, junto a sus amigos Isaac Chocrón, Salvador Garmendia, José Ignacio Cabrujas, Adriano González León, entre tantos otros; su recuerdo siempre estará suscrito a las mejores causas y a las historias de amor eterno.