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Poemas del libro Daño oculto

Georgrina Ramírez / Foto cortesía OT Editores

Georgrina Ramírez / Foto cortesía OT Editores

Georgina Ramírez (Caracas, 1972) es Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Central de Venezuela. A partir del año 2006 inicia su participación en talleres de creación literaria con la poeta Edda Armas, formando parte del grupo poético El ojo errante. Activista cultural; creadora y directora de la Asociación Civil La parada poética desde 2007. Autora de “Piel de durazno“ (Caracas, 2010) en la Colección de Plaquettes de Poesía del Taller Editorial Artesanal El Pez Soluble y “Lo que calla la noche” (Maracaibo, 2015) en la Colección Volante de Ediciones del movimiento. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías poéticas

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«Georgina Ramírez, enciende piras en la mesa del té cuando afirmativa traza oráculos sobre el blanco mantel, para que sean alas en el transitar entre los infaustos días del presente: la nostalgia busca el abrazo pero son ajenos los cuerpos las mariposas no deben ser enjauladas / custodio tu piel aún adormecida en el poema / padre no apagues la luz.

Desmontadora de oscuridades recónditas del alma, la poeta elige purificar la intención de su escritura abordando sujetos que padecen, pues no quiere domesticar la rabia, sino hurgar núcleos de dolor, aflicción y heridas esenciales, duelos de otros como propios, dándoles visibilidad metafórica: la gota se hace eco si urge la entrega de lo que silente se esconde. Por ello, a conciencia y porque duele la vida, acendra miradas con profunda atención al dolor social». (Edda Armas)

Mantis

Se abre la pierna para fracturar el mundo

Y la boca

que en vano intenta desviarse

se enreda

Un caudal en ráfaga

hace estragos

los olores arañan

la lengua devora todo resto

cae rendida ante el follaje

perece

Hay presas que merecen ser mordidas

Puntos de sutura

Amor sí lo era

Dos cuerpos callados

ya no atentos al roce

De ese bocado primigenio

sólo una promesa queda

la taza de café sobre la mesa

que lejos de tus labios se enfría

en desconcierto

por vez primera

desde tu partida

dejo caer la gota que te nombra

Intemperie

Él le regala su último adiós

La despide con la mirada envejecida

como quien ha visto tanto amanecer a su lado

que conoce todas las noches de su cuerpo 

Ella le sujeta el alma

la anuda con palabras que ya no dicen

que son sólo errancia

Promete otra noche

una última noche estragada que no sepa de mañanas

que estalle en el temblor de las carnes

Hay recuerdos que no saben despedirse 

Sequía

Me hiere en la espalda

tu afilada ausencia

Voy escampándome de a poco

hasta el refugio onírico de tus brazos

que absorben

los invisibles restos de mi llovizna

Desenmascaro el silencio

que se burla de esta amnesia

hecha pretexto

Quiero estar

a la altura de tu vuelo

reparar todos los miedos

que disimulan mis noches

saberte para siempre

aunque no estés

Credo

No basta una plegaria

divagar en la tiniebla te ha extraviado

he nadado en la locura

y en tu nombre

madre

hoy me confieso

De pronto tus alas desconocieron el vuelo

y estalla en la ventana el mañana

la luz se hace miedo

te pierdo

No supe de esta oscuridad que eras

y deshago los peldaños que me llevan a tu infierno

ya no hay camino en ti

Se diluyen los días que te nombran

Nunca has sabido levar anclas

quizá por eso el naufragio

la deriva en los ojos