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Poemas de Fragmentos Naranja

José Antonio Parra | Foto cortesía OT Editores

José Antonio Parra | Foto cortesía OT Editores

José Antonio Parra es escritor, editor y crítico de arte. Actualmente es columnista de Papel Literario de El Nacional y blogger de Inspirulina. Ha participado en revistas y suplementos literarios, impresos y digitales como Puntal, revista de la que además fue parte del equipo editorial, Kalathos.com de la que fue editor, Imagen Latinoamericana, Art Market, Efory Atocha y del suplemento literario Verbigracia de El Universal. Fue columnista de la revista Sala de Espera y director-editor de la revista digital La Casa Azulada. Tiene publicado el poemario “Grado superlativo”. Su experiencia literaria está enmarcada en el dominio de lo experimental y ha sido objeto de atención de medios especializados. Los poemas aquí publicados pertenecen a su libro “Fragmentos naranja”, recién publicado por Oscar Todtmann Editores (Caracas, 2015)

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Este tiempo –quizá no tiempo– precisa que ella se asuma en modalidades de entrega súbita, que olvide sus afanes imposibles, sus lagunas negadas y regrese al punto donde dejamos cristales flotando contra lo que todo lo envuelve. Y rompo el tiempo, lo fracturo y me reflexiono, te hablo y me encuentro con la singularidad ; una enunciación que desconocemos de dónde proviene o a dónde se dirige, enunciación pura, mensaje en vaivén que también se refleja en el espejo de su interlocutor, ese al que apelamos cuando nos hacemos más fragmento, más trozo de realidad, más inquietud tras las paredes. Y esas luces naranja-saturado de una noche de los setenta.

 

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Dicen algunos comentaristas que un piloto volando sobre el océano podría perder noción de lo que es arriba y abajo y de esta manera volar al revés sin tener conciencia de ello, pensando que todo está normal cuando, en realidad, el mundo se ha trastocado.

Algunas veces es desenredar la maraña de las circunstancias, algunas veces es entretenerse y no pensar, mirarte oculta tras todos los rostros que te pertenecen –miradas otras, de muchas pieles, hechas de muchos instantes, miradas que se adhieren y que siendo tantas son una–.

 

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Esto es dicho desde la soledad, una soledad singular y avasallante, la soledad del proscrito y del extraño, la soledad del desierto. Estoy en una playa sin veranos, sin sombras, sin arenas, sin olas y con el aura errante de quien ya no es, quien está en su liberación. Nadie pronunció palabras, solo los ladridos de un perro que fue.

 

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Te ruego por nosotros y por todos los que dijeron tantas mentiras como nosotros lo hicimos, te ruego por nosotros que hemos matado en masa. Y ruego por las heridas aún sin sanar a Dios, el Altísimo. Y ruego por todos nosotros y mi palabra no tiene límite; es la palabra que ha ido y venido, y en la montaña hay un hombre, y él va con sombrero y una serpiente, recorre las selvas y dice sin decir, un grande hombre vive apartado en una montaña y en las noches sus sueños son ciudades de diamante. Ese hombre es el final de todos los finales y nadie conoce con certeza su nombre, su mirada ya no es. Ese hombre te despoja de la vestidura que te ata, summer love. Solo eso, solo una ligereza.