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Poemas de Santiago Castelo

Los cuatro poemas aquí ofrecidos pertenecen a “La sentencia”, libro del poeta y periodista Santiago Castelo (1948-2015), que obtuviera el XXV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma. Fue publicado por Visor Libros, España, 2015

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Espejismo

Apenas mueve el aire de los álamos del parque.

La mañana de junio se mece luminosa

y unos niños se esconden tras una adelfa roja.

Visto el paisaje así –hiere el azul del cielo–

se diría que el mundo está perfecto, tan limpio,

que no cabe ni una lagrima, ni siquiera un suspiro;

pero el dolor acecha y la duda te marca

y una melancolía helada de puro cristalina

se te asienta en el pecho con ganas de quedarse.

Y ya no sé que hacer: si derrumbarme

o alzarme a ms ruinas buscando otro mañana.

 

El derrumbe

El cuerpo es un castillo en continuo derrumbe.

ayer, una muralla, hoy una torre; quizás mañana un puente…

No puedes hacer nada. Miras subir la hiedra

tapando las ruinas y son tus propias manos

las que intentan cubrirte. Te levantas creyendo

que los amaneceres traerán primavera,

pero siempre a la tarde regresan las tormentas.

Y vuelta a los derrumbes, a lo que no esperabas.

Te mantiene la fe, el ansia de la vida

Y creer que en la noche el lucero que guiña

te manda algún mensaje con algo de esperanza.

 

Renacer

Hay momentos que piensas que ya eres el último,

que una caquexia general te exporta al otro mundo;

pero pasan las horas y ves que no, que sigues existiendo,

que con el alba te han entrado unas enormes ganas de vivir

y que aun no te marchas. Que queda mucha vida

y versos y esperanza. Y la ilusión se torna aliento.

Y de nuevo en la calle vuelve a salir el sol. Como todos los días.

 

Renuncias

Se va uno acostumbrando a las renuncias.

A veces sin querer, pero uno sabe

que hay que decir que no a muchas cosas.

Al principio te cuesta. Y luego te acostumbras.

Ya no puedes mirar al sol como lo hacías

ni dejar que la noche te envuelva en su relente

ni recorrer el mundo sin mirar los relojes

ni llenarte los labios de la pasión y el verso.

Hay que mirlo todo con serena nostalgia

para que no te llene al acíbar tu boca

y pensar que fue bueno mientras duró aquel goce

sin entrar en detalles que te colmen de clavos.

Nunca fue la nostalgia tan puntual y tan viva

ni imaginé acunarla como  la acuno ahora.