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Papel literario

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Poemas de Ramón Palomares

Ramón Palomares (1935-2016) fue poeta, crítico y narrador. Miembro del grupo literario Sardio y editor de la Revista “Rayado sobre el Techo”. Entre los muchos premios que recibió por su obra poética, destaca el Premio Nacional de Literatura, en 1974

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Más allá de nosotros

Conversaciones que venían
Hoscas
Buscándonos
Gentes del sueño y Gentes del Viento
Árboles ventosos y golpes en el corazón
Y al cabo estábamos volando
conversando
Árboles ya y gentes del sueño y vientos 
     (con el alma errada y un errante árbol
Furiosos, Incorpóreos, 
dando vueltas en torno a la vida
y desentrañándonos 
desentrañándonos 
Más allá de nosotros. 

Pajarito que venís tan cansado

Pajarito que venís tan cansado
y que te arrecostás en la piedra de beber
Decíme. ¿No sos Polimnia? 
Toda la tarde estuvo mirándome desde No sé dónde
Toda la tarde
Y ahora que te veo caigo en cuenta
Venís a consolarme
Vos que siempre estuviste para consolar
Te figurás ahora un pájaro
Ah pájaro esponjadito
Mansamente en la piedra y por la yerbita te acercás
'Yo soy Polimnia' 
–Y con razón que una luz de resucitados ha caído aquí mismo
Polimnia riéndote
Polimnia echándome la bendición

Una forma de ser

Aquí llega el noche
el que tiene las estrellas en las uñas, 
con caminar furioso y perros entre las piernas
alzando los brazos como relámpago
abriendo los cedros
echando las ramas sobre sí, 
muy lejos. 

Entra como si fuera un hombre a caballo
y pasa por el zaguán
sacudiéndose la tormenta. 

Y se desmonta y comienza a averiguar
y hace memoria y extiende los ojos. 

Mira los pueblos que están
unos en laderas y otros agachados en los barrancos
y entra en las casas
viendo como están las mujeres
y repasa las iglesias por las sacristías y los campanarios
espantando cuando pisa en las escaleras. 

Y se sienta sobre las piedras
averiguando sin paz. 

Que tiemblen las culebras enemigas

Ahora comenzará a temblar la tierra
a quejarse el monte
a revolverse el agua
¡Nunca vieron tanta fuerza regada!
Nadie juntó los hombres así como el Tigre del cielo

Y los jefes de piel verdosa y plumas
de arrendajo
–Flecheros ellos,
y corredores y saltadores–
suenan su selva

Unos se pintaron de alcatraz y gaviota,
porque traen sus flechas como puntos de espuma
como ojos de peces,
y vienen con estrépito
sonando caracoles y huesos
En sus gritos corre el sol de las aguas

¡Que tiemblen las culebras enemigas
Que tiemblen las bestias enemigas!