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Poemas de Rafael Rattia

Rafael Rattia nació en el Delta del Orinoco, (1961). Poeta y ensayista. Licenciado en Historia, ULA-Mérida, Venezuela.1989. Actualmente realiza estudios de Maestría en Educación en la UPEL-Maturín. Profesor de Historia de Venezuela en Educación Media. Poeta y ensayista. Ha publicado La pasión del suicida, 1999;Los Cantos del Apátrida, 2007, Obsidiana Press, Estados Unidos; La concepción de la historia en E.M. Cioran, 2008, West Virginia, Estados Unidos. Sus textos de ensayo y crítica han aparecido en Argentina, México, España y EE UU

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Condenado irreductible

                                                                                               

Nada me derrota, nada me amilana

Pertenezco a la legión de los condenados irreductibles

Soy un Espartaco escarnecido

Herido por la saeta y el cruel vilipendio proferido

Por los poderes  instituidos

Mas nunca doblegado curtido en refriegas de los

Perseguidos y atormentados por la desdicha

Tengo la piel reseca y dura de los inquebrantables

Por aquí pasó un esclavo libre que no claudicó ni bajó la cerviz

Ante la humillación de los poderes terrenales

Transité por infernales gólgotas inenarrables y no pedí

Clemencia a quienes usufructuaron las vidas ajenas a su antojo

Mi orgullo no tiene mensura y me solazo en mi fortín porque abrevo

Insaciado en mi precariedad menesterosa y doliente

Soporté la inefable tortura de vivir varias muertes y vengo de regreso de

Oscuras luminosidades

Nada me derrota nada me amilana

Pertenezco a la legión de los condenado irreductibles

Vivo en un país que sólo yo conozco

Hablo una lengua que yo solo pronuncio

Y la extrañeza de la incertidumbre me acompaña

Cual tenebrosa filiación de animal proscripto del mundo.

 

Los poetas de la revolución

 

Se agolpan sudorosos y con redomada ansiedad

Entre la multitud y la turba hambrienta, enardecida

Sedienta de venganza clasista

Se disputan el micrófono por donde emanan desvencijadas

Consignas anti-imperialistas

Visten de blue jean y franela roja en las congregaciones

De las grandes avenidas de la ciudad atestada de caca de perros

Y hollín

Hablan una lengua extraña, ataviada de odios y rencores

Provenientes de la colonia

Los poetas de la revolución son colonos colonizadores

Se persignan en nombre de la nueva  iglesia y  rinden

Riguroso culto a los novísimos santones de la naciente

Nomenclatura partidocrática

El síndrome de la nómina los cobija con edulcorada placidez

Burocrática y brindan con penca de cocuy y miche cuando bautizan

Sus panfletos en las máquinas de la imprenta nacional.

Algunos pocos de ellos prefirieron el servicio exterior, pues el bajo perfil

En Cancillería les confiere un anonimato cónsono con su estulticia

De opacos funcionarios de carrera.

De luises y wilfredos está llena la fauna de la zoofilia bolivaresca

De gustavos, william y ramones se enorgullece el Saturno antropófago

Los poetas de la revolución cantan loas y tejen ditirambos a la

Personalidad del líder único, eterno, supremo

Los poetas de la revolución se agremian en redes de espionaje y delación

Para sapear a otros poetas que no siguen la corriente de la historia

Los poetas de la revolución se esmeran en perfeccionar su laborioso

Mecanismo de relojería y nunca olvidan su pequeña biblia azul

Por si se les olvida algún versículo de su bigbrother, porque, no

Lo olvidemos, también tienen  su padrecito Stalin con mostacho

Y agrafía.

Los poetas de la revolución cantan ebrios hasta el hartazgo de licores

Ideológicos himnos de escasez y miseria

Obviamente, los poetas de la revolución nunca leyeron a Hörderlin ni a

Mallarmé, pocos de ellos saben quién es Whitman pero lo esconden de los anaqueles

De las librerías oficiales para que los poeticastalleristas bisoños no lean al poeta

De la democracia

Alguna vez leí en un amarillento suplemento literario que

Los poetas de la revolución viven literalmente en las nubes pero bajan

Puntualmente a las taquillas del erario nacional a cobrar sus emolumentos y canonjías

A cambio de sus pliegos de infamia que testimonian la degradación del espíritu humano.

 

Por aquí pasó un esclavo

                                                                                                        

Por las íngrimas y desoladas calles del antiguo villorrio

Caminan con desgano los últimos hombres dignos de una

Estirpe que por décadas durmieron  en  la penumbra de

Una ciudad escarnecida por los verdugos de una patria

Que nunca izó sus banderas como las que aparecen en las

Enciclopedias continentales

Tras los grandes ventanales de la duda sempiterna

Se asomaban las mujeres somnolientas y ansiosas

Por saber si la sombra que se golpeaba con los muros de

Las callejas de la tenebra inhóspita era de su hijo

Vilipendiado por las nefandas editoriales bolivarescas.

En mitad de la noche, a diario, con religiosa puntualidad,

El esclavo ebrio de esperanzas interrumpidas arrastraba

Consigo la vergüenza nocturna de ser tan sólo un estropajo

De los vicios que laceraban cruelmente a las madres del barrio.

 

Espectros de la comarca

                                                                                                       

La comarca fluvial se había quedado sola

Sus habitantes fueron emigrando cuales aves continentales

Hacia los confines de otra alegría en búsqueda de ilusiones

Màs jóvenes

Sus precarias callejas heridas por un olvido secular

Albergaban espectros condenados al vagavagar incesante

En la comarca fluvial todos soñaban despiertos

La modorra y molicie inmóvil paralizaba los espíritus

De los seres acuáticos

La forma de gobierno de los sobrevivientes era el gineceo

Pero a escondidas los dudosos miembros varoniles de la especie

Se esforzaban por afeminarse amparados en la letra muerta de una

Constitución vituperada por la mano izquierda del partido único.

 

Verbo martirizado

 

En medio de la tormenta

Mi lengua zozobra y se adormece

En el fondo de la aguas turbias

En los días de desequilibrio orgánico

Mi lengua enmudece y se niega conmigo

Ella duerme un sueño imperturbable

Y habla el idioma mudo de mis muertos

Sempiternos

Cuando el rumor sórdido del tumulto

Profiere sus ruidos estridentes

Mi lengua habla despacio vocablos inteligibles

Mi lengua piensa lo que dice pero no dice todo lo que

Piensa por temor a ser cercenada por la daga implacable

De los monjes itinerantes del poder decrépito

Mi lengua calla cuando escucha inauditos tropeles

De potros insomnes cabalgando llanuras incendiadas

Por los rencores seculares

Mi lengua y tu lengua en el transtierro se esconde de las

Ordenes altisonantes del vituperio indómito

Huye mi lengua y boga en bajeles de angustia

Hacia el mar de los sargazos.

 

Hetairas del Derecho

                                                                               

Estas son las filibusteras de una

Jurisprudencia graduada en las aulas de la perfidia

Las bucaneras de la trampa y la celada

Dueñas de una inteligencia mefistofélica

Que no repara en prodigar puñales a traición

Sus labios teñidos de farsa y carmesí

Profieren promesas incumplidas con pasmosa antelación

La tierna tesitura de sus sonrisas improvisadas

En el lenocinio de sus muecas estudiadas

Son pájaros negros disecados en el diálogo pútrido

Sus palabras desérticas e infecundas son arañas venenosas que tejen

Hilos macabros y fatuos para extraviar incautos.