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Poemas de Eli Tolaretxipi

Nació en la entrañable ciudad de San Sebastián, España. Eli Tolaretxipi (1962) es traductora y poeta. “Edgar”, publicado por Fundavag Ediciones, es su cuarto libro de poesía y el primero publicado en Venezuela. Impecable dicción, voz clarísima, inquietante necesidad de atrapar el mundo: la poética de Tolarextipi no cierra sino que se abre a la escucha del mundo. Como dice en un poema titulado “Diario I”: “Me pregunto cómo se baja a lo concreto, / dónde está la tierra firme, / si existe lo cierto”

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Decepción

Sin entusiasmo.

Se filtra entre los resquicios

—en suspense, como el tiempo—

choca contra la mirada.

El choque produce emoción.

Languidece.


Definiciones II

Pienso: ¿qué es el colmo de la libertad?

Y la impresión es tan fuerte como ahora, como entonces,

la madrugada en que se fueron de la casa,

el colmo de la libertad, esta impresión, el llanto,

aislar a la mujer que come

entre familias silenciosas,

la mujer que desayuna huevos, sola

en la pensión de las montañas

o en un bar del centro.

La libertad, y tanta belleza,

el colmo de la libertad,

el desgarro, la niña con los labios

tan finos como la línea de sus ojos,

la separación, ni un lazo, pero

No logro nada si aíslo a la mujer

que es libertad en este frío tan serio

del encuentro, mejor que el choque,

—sería estridente, confuso—.

De color verde seco su belleza

Y la libertad adulta del silencio.


Lenguaje

La incomunicación es grandiosa,

absoluta, muy superior al silencio.

El discurso fluye como un río lento,

caudaloso, oscuro. No se ve lo que

pasa por debajo. A flote, nada que

consuele. Alguna rama de árbol de

otra historia. La turbiedad sirve

para ignorar el movimiento de

alcohol, de dinero. Se mencionan

el paisaje, el clima, lo que da de sí

el viento.


Bishop/ Poe

El nadador parece un juguete eléctrico

dirigido por una mano alejada de la bahía.

Su placer es mecánico.

Ella tiene las manos frías

y se las calienta en el pecho, bajo el brazo.

Siente el corazón.

No sé si el latido es automático

o lo produce el contacto.

Se le enciende una luz roja en los ojos

como un pequeño foco:

recorrido horizontal de luciérnaga

que se ilumina a sí misma,

que dice, estoy “aquí”, “aquí”, “aquí”.

¿Es previsible el placer?

Bishop dijo que el placer era mecánico

y que la caída del amor hacia la tierra

era inevitable.

Hay una extensión líquida de tiempo,

clara, turbia, tibia

en constante transformación.

Hay cortinas, vaho, huellas,

sedimentos más delgados cada vez,

y lo elevado, lo que flota en el aire,

lo que aletea y nada

entre el fondo y la superficie.