• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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Poemas de Andrés Barba

Esta selección pertenece al libro “Crónica natural”, reconocido con el XXV Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma. Su autor, nacido en 1975, es narrador y ensayista. Este es su primer libro de poemas 

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Robo

Nos estuvo observando días enteros.

Sabía cuántos éramos, cuándo salíamos, cuánto

tardábamos en volver.

Una casa de siete es un panal

de pautas previsibles.

Nuestra mirada en algún punto pasó sobre la suya

como cruza la mirada de un hombre

la de un animal.

Esperó el momento

y abrió nuestra puerta sin romperla.

Estaba entornada al llegar.

Caminaste por el pasillo a grito de

                                                     Quién anda ahí

la mano acariciando la pared,

la tensión de tu miedo en la espalda,

y al llegar al dormitorio el paisaje revuelto,

los cajones sacados,

los estuches rotos.

Quedaba aún en el oxígeno del cuarto

La acelerada respiración del intruso,

el aire que había removido

su presencia humana,

su lengua áspera, sus pupilas.

También el sonido

persistía como la vibración insensible

de un ángel familiar.

Te diste media vuelta y me dijiste:

No se te ocurra tocar nada.

Eso fue lo que vino a mi memoria

el día que encontraron el tumor.

 

Un amigo ciego te toca el rostro

Hay un breve instante de silencio

luego

extiende la mano,

toca la silla que está frente a él,

se inclina.

Ofreces la cara

Sin cerrar los ojos.

Las manos trepan por los brazos, recorren los hombros.

Lo primero que sientes: el olor a trementina,

la sequedad de la piel, la dulzura

no acompaña

al grosor de esos dedos,

algo flota a un milímetro

de ti, un halo

una saciedad de la materia.

Te toca los labios, la nariz, los párpados,

las cejas.

Y ahí en la sombra, en la fisura estelar

de su cerebro

algo le hace sonreír al ciego,

pero no sabes qué es.

 

Carcajadas

Lo organizaste todo en un hotel

de vuelta o de camino a otro lugar.

El salón parecía una boda de pueblo.

Sobre el plato estaban

las bolsas del cotillón:

los hombres gorrito dorado y bigote de Groucho,

las mujeres perlas de pega, brillantina y peluca.

Bajo una luz blanca que sólo favorecía al marisco,

deshicimos nuestras bolsas bromeando.

El nervio sonaba entre las mesas.

Comimos nuestras gambas

con la inquietud de clase media

que quiere escapar antes que nadie

del barco medio hundido.

Ahí empezaron los matasuegras.

Tú sonreías. Hicimos

el payaso para ti, una necesidad infantil.

En el primer minuto del año 2009 ya estabas riendo a carcajadas.

La fuerza irrumpió en tu cerebro

y lo abrió de un golpe.

Más viejo y más antiguo que la misma risa

te pusiste en pie y nos miraste a todos

como el primer hombre que rió:

la mirada vuelta hacia el sol

olvidado del mundo o contra el mundo.

Nunca habías reído así, nunca volviste a reír así.