• Caracas (Venezuela)

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Poemas de Alejandro Castro

Es una de las más destacadas nuevas voces de la literatura venezolana. Alejandro Castro nació en 1986 y es poeta. En 2011 su libro “No es por vicio ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias” obtuvo el Premio Monte Ávila para Autores Inéditos. Los aquí seleccionados pertenecen a su libro “El lejano oeste” (bid & co editor, Caracas, 2013)

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Casalta

Tengo que sobrevivirte

entre los perros que de madrugada

profieren la música del odio.

Debajo de las balas encima de la ciudad

día tras día Casalta tengo que sobrevivirte.

 

Pero te llevo conmigo Casalta irremediablemente

con pañales en el balcón y las aceras

tu alegría impostada y el ruido de los clientes en el frío

o quizá en el miedo de cerrar la puerta

y que por sus resquicios entre la jauría

los disparos y el merengue

como si no te importara deforestarte siempre

y encender los bombillos que regala el gobierno

para olvidar.

 

Quiero dejarte aquí Casalta en el poema

tapiarte con los escombros de la infancia.

 

Yo –mi hermano y yo– adivinando

el color de los carros en que mi padre no vendría

inventando canciones de apagón

sobreviviéndote milagrosamente

detrás de las rejas.

 

Los últimos cincuenta

A Gina Saraceni

Yo era un dios a los cien metros

Todo zancadas poderosas

En los pulmones por primera vez aire

No humo

 

Yo era un dios a los doscientos metros

primerísimo lugar engreído victorioso

primerísimo en algo al fin.

 

A los trescientos metros

nadie podía detener el tren que yo era

el avión más rápido del mundo.

Podía sentirlo:

algo detrás de mí se quedaba

partía yo corriendo del pasado.

 

Era la hora de la venganza (ráfaga fugaz)

alzado en hombros adolescentes pletórico de deseo

sumergido en la marea de pecas transpiradas

y Caracas desaparecía a los trescientos cincuenta metros

olvidada en mi vuelo incontenible minúscula

desde el podio imaginado.

 

La muerte me sorprendió entonces

en los últimos cincuenta agazapada

detrás de la recta final en cada paso

una pena las piernas iban solas hirviendo

los ojos sin el mundo la mueca de dolor

 

El cuerpo atropellado por una ambición

Superior a sí mismo

Humano cuerpo

Sin alas ni turbinas

 

Estoy cansado

vivir es una carrera de cuarenta y dos

kilómetros y agoté la alegría en trescientos

cincuenta metros.

 

Función de la poesía

las palabras mágicas no estaban en latín

ni en alguna muerta lengua prehistórica

las palabras mágicas las que podían hacer

que mi mejor amigo amarrara las trenzas

de mis zapatos o me dejara columpiar

en su cuerpo eran las mismas que dirigía a la maestra

enfurecida para explicar que la del siete

no sería tabla de salvación.

 

por eso a mi poesía le falta poesía

porque la gracia verbal aparece

tan sólo frente a la duda de un potencial

columpio porque irrumpí en el templo

profanándolo y la belleza

para mí es un medio y la poesía un cebo

a veces un escudo como cuando jugaba con mi nombre

porque no salía el poema y decía alejo

yo alejo y castro.