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Plaza Venezuela a gran escala

Panorámica aérea de Plaza Venezuela | Foto Williams Marrero / Archivo

Panorámica aérea de Plaza Venezuela | Foto Williams Marrero / Archivo

“En el bullicioso sector caraqueño, el arte cinético se manifiesta en forma monumental con los artistas venezolanos más representativos”

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“El arte nunca es un reflejo mecánico de las

condiciones positivas o negativas del

mundo, sino más bien la ilusión exacerbada,

el espejo hiperbólico de estas. En un mundo

condenado a la indiferencia, lo único que

puede hacer el arte es “añadir” a esa

indiferencia, girar en torno al vacío de la

imagen, del objeto que ya no es un objeto”

Jean Baudrillard

Si sobrevive en Caracas un espacio donde la mano y el pensamiento determinaron con holgura los movimientos de los humanos y sus vehículos, está aquí. Un punto que deviene en ombligo de una abrumante ciudad, atosigada por el vértigo congelado de un tráfico enfermizo. Es una ruleta automotor con acceso a toda cardinalidad posible. Entre rascacielos, que se miran a distancia razonable, los peatones disponen de variadas formas de transporte: tres de las cuatro líneas del Metro, autobuses y busetas con rutas urbanas y suburbanas y las riesgosas moto taxis.

Transeúntes, pasajeros y chóferes apaciguan sus esperas contemplando impactantes estructuras arquitectónicas, artísticas y publicitarias. En el país hay 40 rascacielos o edificios que superan los 100 metros de altura. Treinta y siete están en la capital, y diecisiete están distribuidos en los alrededores de Plaza Venezuela; el cuarentitres por ciento. Las Torres Gemelas de Parque Central, con 225 m  lideran en Suramérica los edificios más altos, y los sesenta centímetros que las separan de la Torre Mayor en el DF mexicano, les arrebataron el record latinoamericano que ostentaron entre 1983 y 2003.

Se aproxima una avalancha de 57 rascacielos que pudieran estar listos para el 2010. De ellos, Veintiuno las superarán. Waters en Panamá, con 232 m marca el final de esas casillas, y un holgado primer lugar corresponde a la Torre Bicentenario II, en la capital mexicana, con 350 m. El líder emergente en Suramérica será la Torre Gran Costanera, en Santiago de Chile con 300 m.

En el bullicioso sector caraqueño, el arte cinético se manifiesta en forma monumental con los artistas venezolanos más representativos. En el espacio público de la plaza, Alejandro Otero (1921-1990) instaló el “Abra solar”, un cuerpo activo y luminoso, que mueve a voluntad del viento sus múltiples y hermosas veletas. Probablemente la obra escultórica de mayores dimensiones en la ciudad, según el especialista Axel Stein. En el extremo este, tabletean diversos tonos de verde, azul, rojo y naranja en la fisicromía de Carlos Cruz Diez (1923), “Homenaje a Don Andrés Bello”, donde formas cóncavas y convexas se encuentran. Fue realizada a solicitud del  Metro de Caracas, en 1982, y funciona como recurso estético para embellecer los ductos de ventilación.

La presencia cinética se extiende a cotos privados, como la Torre Capriles. Donde sólo permanece una de las dos “Estructuras al aire libre” que el maestro Jesús Soto (1923-2005) creara para la fachada. Cruz Diez diseña la puerta de dos hojas para la Torre Phelps y el portón de La Previsora; el segundo permanece en uso, el otro no.

De larga data es el despliegue publicitario que a escala gigante caracteriza la zona. En 1954, estrena el letrero de Polar la torre que lleva el mismo nombre; para entonces el aviso de neón más grande de Latinoamérica. El edificio Pigalle, en Bello Monte, ha alojado por medio siglo el óvalo blanco y rojo de Savoy, “Con sabor venezolano”. En 1958, es el  mayor aviso luminoso en Latinoamérica, y emblema de la marca favorita de chocolates en el país; creada por una empresa local, fue adquirida hace dos décadas por la transnacional suiza Nestlé.  La misma que provoca a la ciudad con su descomunal tazón rojo y el cintillo de Nescafé, que de facto le han “cambiado” el nombre a la Torre Phelps (111,9 m).

Al frente, la Torre Capriles (108 m), mantuvo por décadas el aviso del vespertino “El Mundo”, periódico emblemático de la Cadena Capriles. El edificio fue vendido recientemente al SENIAT, la oficina recaudadora de los impuestos nacionales, que ahora marca su territorio en forma equivalente. El cuerpo acristalado de la edificación ya no viste, como ahora lo hace la torre Polar, gigantografías publicitarias de 80 m de altura por 45 m de ancho.

Una piel de vidrios oscuros distingue a la Torre Polar II (122 m), donde un inmenso balón con los colores de Pepsi lo destaca. Bebida producida por el Grupo Polar, la empresa privada más grande y poderosa del país.  La Torre La Previsora (117 m) rememora formas egipcias, y corteja a los caraqueños con el reloj luminoso más grande del planeta. Sus números de 3,15 m de altura, no logran ajustar el particular sentido de la puntualidad venezolana.

La Torre Domus (110 m), exhibe cristales ahumados, que cambian de tonalidad a lo largo del día. Según la posición y destellos del sol, hasta transformarse en rutilante cuarzo.

Alba (130 m), otrora Torre Caracas Hilton, es el séptimo edificio más alto de la ciudad. Próximo está el “Complejo Parque Central”, conformado por las Torres Gemelas y ocho edificios de 120 m de alto: Catuche, Caroata, Mohedano, Tacagua, Tajamar, San Martín, El Tejar y Anauco. Este último convertido desde 1973 en apartotel, anexo al entonces Hilton hasta 2003, cuando el gobierno se hizo cargo de su administración. 

El bosque de gigantes de acero, concreto y vidrio no avizora relevos. Caracas no figura en la pantalla donde tilitan en lista de espera nuevos rascacielos. La monumentalidad que dejaron los setenta y los ochenta, sus élites, su estética y la bonanza “saudita”, no parecen divisar un horizonte prometedor más allá de la publicidad y el pasajero aliento de remodelaciones.