• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Desde otro Planeta / X

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Canadá

Quiero seguir pensando, leyendo y escribiendo sobre Venezuela. Pero también quiero pensar, leer y escribir sobre el país que luego escogí y me escogió, Canadá.

Quiero entenderlo, porque me desconcierta este país que a primera vista se parece tanto a Estados Unidos pero que desde la segunda mirada comienza a revelar cuán distinto es de su vecino, con el que comparte lagos, cordilleras, praderas, economías, indicativo telefónico, rutas y cultura de masas, pero poco más. Las vastas provincias canadienses son más autónomas y distintas entre sí que los 50 estados de la Unión, y tienen cada una su primer ministro y su gabinete. En varios sentidos, Canadá es más democrático (y muchísimo más pacífico) que Estados Unidos, pero no es una república, sino una monarquía parlamentaria, y la jefatura del Estado recae todavía, nominalmente, en la reina Elizabeth II.

Con el francés como segundo idioma y carácter oficial, Canadá recuerda también a Europa en la amplitud de su Estado del bienestar, con sus altos impuestos y su salud gratuita. Pero supera al Viejo Continente con la relativa generosidad ante el inmigrante; su sistema migratorio es cada vez más exigente, pero la actitud de las mayorías ante la migración -incluso la musulmana, que genera tantas choques culturales y está relacionada con conflictos armados en los que participan las fuerzas canadienses- está por fortuna muy lejos de la xenofobia de ultraderecha que resucita en Europa.

Tampoco está Canadá atestada, como lo está Europa, de gente y de historia. Aquí hay mucho por hacer y mucho espacio. El espacio por poblar es una constante histórica y hasta cierto punto un aliciente para aceptar hoy decenas de miles de inmigrantes cada año. Ese espacio rebosa de recursos cuya explotación es fuente de numerosas disputas entre políticos, empresarios, comunidades indígenas y organizaciones ambientalistas. Y lo que queda por hacer es el origen de muchas interrogantes sobre el futuro de un país que aún discute sobre su identidad. Tiene agua, tierra y minería como para no preocuparse por el siglo XXI; y también institucionalidad con la que manejar bien esa riqueza, a diferencia de Venezuela.

A seis meses de haber llegado, y sin habernos integrado todavía del todo, estamos seguros de que Canadá es un muy buen lugar para vivir, sobre todo cuando vemos a nuestra hija caminar segura por un parque o cuando la proveemos de todo lo que necesita sin enfrentarnos a las consecuencias de la escasez.

El invierno toca la puerta. Nuestra gente en Venezuela la pasa cada vez peor y no sabemos cómo ayudar. Nos queda mucho, mucho por aprender y por lograr aquí. Pero tenemos muy buenos amigos. Y aquí no estamos en peligro.

Lo menos que podemos hacer por un país así que nos haya aceptado es corresponderle con nuestro progreso. Entender a Canadá… y adentrarnos en él. En el ancho y ventoso paisaje de este otro planeta.