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Líneas tardías: La Pequeña Revancha, entre el optimismo y el terror

El dúo lo conforman Juan Olmedillo y Claudia Lizardo

El dúo lo conforman Juan Olmedillo y Claudia Lizardo

El dúo estrenó hace un mes su segundo EP, titulado Pasos sincopados, un buen  álbum que no se aleja mucho del sonido de su ópera prima Falsos hermanos

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Hace tres años La Pequeña Revancha emergió en la escena caraqueña con una propuesta  en apariencia austera, pero formidable en resultados. El dúo conformado por Claudia Lizardo y Juan Olmedillo empezó a ser telonero de artistas que en varias ocasiones resultaron disminuidos ante la música de estos dos compositores.

Era imposible no detenerse y mantenerse si el motivo inicial de la presencia en un concierto era la agrupación que los sucedería. Lo de ellos no se interpretaba como pretensión, porque se notaba la necesidad de romper el contenedor para expresarse.

Ambos empezaban a atreverse. Por un lado, Lizardo –hija de PTT de La Misma Gente- mostró al público lo que tanto preservó en la intimidad de su hogar, mientras Olmedillo sacó del escondite lo que no podía cantar con Los Mentas.

En septiembre de 2013, lo que dejaba ser un experimento fue registrado en un EP llamado Falsos hermanos, uno de los mejores discos de ese año en el rock y pop en Venezuela, claro, sólo reconocido en el claustro de lo que llaman alternativo. Nada más.

Hace un mes el dúo volvió para demostrar que no fue un juego, que lo surgido forma parte de una promesa mutua, aunque tal vez no manifiesta en palabras, de redimirse ante ellos mismo por no atreverse en el pasado a exponer sentimientos con estos sonidos y palabras.

Un nuevo EP entró a su historia: Pasos sincopados, una producción en la que no hay sorpresas, pues los músicos no se alejan mucho del espíritu del trabajo anterior. No es un reproche, solo una observación para el que teme ser defraudado o el que espera una propuesta transgresora de su pasado.

Obviamente hay tenues diferencias. Por ejemplo, la guitarra acústica pierde protagonismo para que tomen su lugar los efectos de la eléctrica y el trabajo de cuerdas de Jesús Vásquez  “Percucello”. Al final es indie y rock con más pop.   

La primera canción, “La pequeña revancha”, es un agradable canto a lo que falta por hacer, lo que en ocasiones uno no se atreve a ejecutar, el salto al vacío, a lo desconocido. Es la razón por la que es homónima. Le sigue “Yo era el sol”, una pieza nostálgica sobre alguien que ha perdido su ímpetu, aquellos buenos momentos pasados, temporalmente en pausa. De hecho, la musa de Lizardo fue su padre, quien en 2013 sufrió un ACV.

“Rosa de Montecarmelo” es una pieza de añoranza, pérdida y debilidad sobre un personaje que tomó otros caminos, pero en algunos momentos todavía es necesario. “A mi pesar” es la pieza más pop de la producción. Trata sobre la despedida, la aceptación de la minusvalía que se siente con el adiós. “Poder perdí cuando te vi”, cantan ambos en la más pegadiza de las siete composiciones del EP. “Tempestad” es una invitación a trascender mientras las guitarras se acoplan agradablemente a lo que hace Vásquez con el chelo.

En general, la voz de Lizardo brinda sosiego en buena parte del álbum, mientras que la de Olmedillo demuestra desespero, lo que no quiere decir que desagrade. Es el desespero de quien encuentra en la música desahogo ante una pena, un malestar. Sin embargo, la serenidad de ella se trastoca en “La fiesta del señuelo”, donde la cantante hace una advertencia. Desde ese momento puede haber peligro en la imagen que empieza a evocarse en la canción: malos por conocer, oscuridad y confusión. La idea del engaño es acentuada con unos acordes que manejan bien el suspenso, como si tocaran la espalda de quien escucha y vea al tiburón que avizora al endeble barco en el que se encuentra. 

Es un buen preámbulo a “Rojo” el grito final de Olmedillo, una historia de acecho, de angustia citadina, obsesión, fantasía y horror. Es una pieza que asusta e intimida. Se siente cercana y verosímil en distintos aspectos mientras las guitarras marcan el ritmo de la marcha a lo peor.

Pasos sincopados es un canto optimista, que no niega los miedos. Es un buen reflejo de tres años de incertidumbre  y a la vez de las ganas de avanzar en un contexto cada vez más enrarecido y por momentos vil para los artistas. Es impulsar, pero también prepararse para lo peor.