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Chulapos mambo: mixtura y risa

Juan Carlos Méndez Guédez | Alexandra Blanco

Juan Carlos Méndez Guédez | Alexandra Blanco

La escritura es un modo de amor, también de erotismo profundo. Juegos de máscaras, seducciones, pasiones intensas, desdoblamientos. Y la posibilidad de la mezcla y la multiplicación

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--Nestor García Canclini, en Imaginarios urbanos, habla de los individuos híbridos que "aprovechamos varios repertorios para enriquecernos, formarnos y participar en escenarios distintos". Desde su título, Chulapos mambo, más que híbrida es mestiza, ¿cómo toma forma esa idea del mestizaje a la hora de crear? ¿Cuál es la causa de esta literatura heterogénea? --Me apasiona la mezcla. Creo que vivimos para mezclarnos, para contaminarnos, para embadurnarnos del otro. En el fondo esos son las relaciones de amor, las relaciones eróticas, un salir afuera para ser en los otros y que los otros sean nosotros; un salir afuera para enredarnos y mezclar lo propio y lo ajeno en un momento festivo.

La escritura es un modo de amor, también de erotismo profundo. Juegos de máscaras, seducciones, pasiones intensas, desdoblamientos. Y la posibilidad de la mezcla y la multiplicación.

En todo caso, no sé formularte teóricamente la razón de esta literatura heterogénea. No sé ofrecerte una razón distinta a decirte que la realidad venezolana que marcó mi infancia y mi adolescencia es una celebración de esa mezcla. Frente a la rigidez de una identidad cuartelaria, identidad de cartón piedra, infantiloide: batallas lejanas, joropos, arpa, cuatro, maracas, y el dios Simón Bolívar; frente a ese proyecto que nos enseñaban en el colegio como parte obligatoria de una supuesta venezolanidad pura y que ahora es el credo de la siniestra cursilería chavista, las calles, la existencia cotidiana mostraban la necesidad continua de expandirnos, de probar otros sabores, otros modos, otras formas de entreverar códigos diferentes, sonoridades antagónicas.

Una de las canciones más sabrosas sobre Caracas es un vallenato del Binomio de oro; espaguetis y paellas tan deliciosos como los que puedes comer allí, no son fáciles de conseguir en Italia y en España; y luego si ves el modo en que una rubia caucásica venezolana mueve sus caderas al caminar comprendes que con el erotismo no se nace, el erotismo lo construyen nuestras ciudades, nuestras miradas, nuestro gusto por el roce, por la caricia, por la exploración riesgosa de las combinaciones insólitas.

Eso fue para mí lo natural.

Explorar los modos en que distintos escenarios podían superponerse, potenciarse. Por otro lado, la pureza es una idea aterradora; siempre aparece un miserable que en nombre de ella pretende machacar a otros y fijar desde su absolutismo, rígidos límites a la libertad y al placer. Así que la mezcla, la mixtura es un modo de subversión, de vitalidad extrema.

Por eso ya el título de mi novela convoca esa noción: Chulapos mambo es el territorio difuso, intermedio, es un guiño a los tópicos madrileños pero también a los del Caribe.

Es un caribe madrileñizado o un Madrid caribeño.

--En su anterior novela, Tal vez la lluvia, tenían importancia las situaciones grotescas y absurdas. En Chulapos mambo opta casi totalmente por el humor, ¿con qué registro se encuentra más a gusto, con una voz lírica o con una cómica? --Cada libro es una experiencia independiente. Cuando comienzo una nueva novela todo yo soy esa novela. Me convierto en una distracción andante, en una silueta que camina pero no sabe muy bien por dónde se mueve. Soy novela.

Y en ocasiones la historia que estoy escribiendo requiere de una voz cómica, esperpéntica, como es el caso de Chulapos mambo, o por el contrario, la historia exige un tratamiento lírico, casi de poema en prosa, como puede ser Arena negra, mi próxima novela que pronto saldrá publicada, y que es un libro fragmentario que pretende una delicadeza absoluta, una sutil exploración en la memoria, en la relación con los padres, en la necesidad del dolor, todo dentro de un tono muy lejano a lo que fue mi intención en Chulapos..., que era convocar la carcajada más feroz de las personas; su lado más canalla a la hora de reírse.

Una de las fantasías de muchos escritores es la de contener dentro de sí muchas voces. La posibilidad real de construir muchas formas diversas. Para mí la comodidad está en lograr esa multiplicación, esa expansión. El libro de Esther contiene una ternura, una exploración casi adolescente en la derrota de lo amoroso, que era mi necesidad de ese momento. Y en Chulapos mambo lo amoroso ya es directamente un problema estomacal que se puede solucionar con purgantes. Como ves, son miradas diversas, como si estuviese intentando mirar la realidad desde muchos ángulos para complejizarla, para desconocerla, para reinventarla.

--Sus novelas tienen en común la realización de un viaje, por parte de los personajes centrales, que conduce al autodescubrimiento, a la toma de conciencia de una identidad. En el caso de Chu- lapos mambo, ¿cuál es la finalidad de ese viaje, de ese desplazamiento? --Madrid es de esas ciudades acogedoras y maravillosas donde se reúne gente de muchos sitios a cumplir sus anhelos. Todo eso que su lugar de origen no les permitía, parece volverse una posibilidad inminente al llegar aquí.

Creo que ese es el sentido del viaje de los tres personajes de este libro. Pero al tratarse de personajes canallescos, miserables, digamos que sus anhelos son oscuros, y terminan en un profundo disparate.

--Estos chulapos de sangre mestiza se caracterizan por su personalidad antiheroica, estática. En los tres prevalece la idea de realizar grandes hazañas, sin embargo sus planes --tanto la creación de un nuevo arte novelístico, la posibilidad de un ascenso social o la conquista del poder-- se ven frustrados por la inmovilidad que los define. ¿Cómo ve al hombre contemporáneo? ¿Ha llegado el final de cualquier utopía? --El siglo XX mostró un lado tan siniestro de las supuestas utopías que yo les tengo una desconfianza profunda. Lo humano es imperfecto y es una búsqueda de la felicidad dentro de esa imperfección.

A mí me interesa todo lo que nos diferencia de las hormigas, tan perfectas, tan ordenadas, tan precisas. De niño fui alérgico a las hormigas y sólo las tolero en cuentos infantiles.

Por eso creo que la lucha del ser humano es potenciar todo lo que lo separa de esos insectos. Eso hacen las novelas.

En todo caso, el ser humano contemporáneo es un individuo sometido a múltiples presiones, a poderes visibles o invisibles que intentan utilizarlo para un beneficio que no siempre lo incluye. Por eso creo que la literatura nos entrega el placer de un vicio solitario donde podemos alcanzar la plenitud que la vida nos niega. Es un lugar donde el ruido del mundo no entra con brusquedad, sino que es parte de una música de fondo donde la subjetividad explora nuevas reglas, nuevas sensaciones y sentimientos.

--Chulapos mambo se concibe como una novela satírica donde la mirada del narrador escudriña el absurdo de las vidas de sus personajes. ¿Con qué intención se produce esa sátira? --Toda novela se inicia a partir de un punto penumbroso, y al cerrarse, deja en el aire un nuevo punto de penumbra. La novela es una luz diurna entre dos oscuridades. No podría definirte con exactitud racional que crítica pretendía yo esbozar, porque mi intención era lograr la risa frente a situaciones solemnes que normalmente proscriben el humor. La realización personal, el amor, el éxito, la política, el militarismo, son temas muy serios a los que me apetecía darles un empujón y lanzarlos a una piscina. Creo que en una ocasión, Otrova Gomas dijo que si la muerte finalmente se reía de todas las personas, nosotros perfectamente podíamos reírnos de la muerte. Quizás es eso lo que he intentado. Reírme de aquello que normalmente se ríe de mí.

Por otro parte, Chulapos mambo intenta que cada lector alcance sus propios descubrimientos. A lgunos podrán leerla como una parodia del caudillismo latinoamericano; otros como una mirada feroz sobre la xenofobia; otros como una visión corrosiva sobre los discursos amorosos; otros como una exploración en la frivolidad de la farándula literaria.

Me gusta verla como una novela que, si alcanza su objetivo humorístico en los lectores, los dejará más relajados, y ya se sabe, la gente relajada siente de inmediato el deseo de comer bien, de beber jugos de parchita o buenos vinos, de hacer el amor, de bailar, de reunirse con los amigos. Y cuando la gente hace todas estas cosas suele alegrar el mundo y no hacer daño a los otros.

--También Chulapos mam- bo vuelve a ser una novela de homenajes. En su obra siempre hay un agradecimiento a la tradición literaria. ¿En qué lugar, con respecto a esa tradición, se sitúa Chulapos mambo? --En este caso aposté de nuevo por la mezcla. Quise conectar con la tradición del esperpento español; con la novela cómica inglesa de autores como Waugh; Sharpe; Hornby; con la picaresca; con el cine de Wilder o de Berlanga; y sobre todo con los chistes que me contaban en Barquisimeto mi tío Juan y mi prima La Negra. Intenté conectar con esas ficciones que nos recuerdan que también somos seres hechos para la risa, para la celebración, para la ironía, para la relativa maldad que experimentamos al ver el mundo como un inmenso disparate donde nada debe tomarse muy en serio.