• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Pantallas sin democracia

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

La industria televisiva nacional ha tenido que acatar una suerte de “programación paralela”, saturada de noticias oficialistas, eslóganes militaristas y cadenas presidenciales

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Comunicar, convivir con la pluralidad y la diversidad de tendencias es un acto genuino de democracia. Comunicar, precisamente, no es un rasgo que identifica a este gobierno ni al que le precedió. Pantallas sin democracia significa que la industria televisiva nacional ha tenido que acatar una suerte de “programación paralela”, saturada de noticias oficialistas, eslóganes militaristas y cadenas presidenciales. Pantallas sin democracia. Narrativa épica-propagandística, desinformación, culto a la personalidad, negación de la civilidad y descrédito por el que piensa diferente.

Pantalla Censurada

La democracia solo es posible cuando el gobierno y sus ciudadanos honran los deberes y derechos de la Constitución Nacional. El funcionamiento del Estado se desvirtúa si cada quien interpreta a su manera sus acciones en el ámbito de lo público. Con Norberto Bobbio cabe advertir que como contrapropuesta a las formas de gobierno autocrático: “La única manera de entenderse la democracia es considerarla caracterizada por un conjunto de reglas, primarias o fundamentales, que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos.” (El futuro de la democracia).

Ya sabemos que los dos últimos gobiernos de Venezuela han transgredido las normas establecidas en la Constitución. Y que, además, han implementado de manera arbitraria mecanismos de control social que inhiben la libertad de expresión, las opiniones diversas en lo político, económico y cultural y el desarrollo de una industria creativa audiovisual. Nos referimos a la Ley Resorte y Medios Electrónicos y la Ley Orgánica de Telecomunicaciones. Normativas que confieren facultades al gobierno para decidir qué es lo que se debe transmitir, silenciar y ocultar.

Se ha creado, por decreto presidencial, el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria. Junta de censura que impide el acceso a la información oportuna y veraz. Obstaculiza  la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Militariza, por decirlo de alguna manera: “las informaciones de interés para el nivel estratégico de la Nación, asociadas a la actividad enemiga interna y externa, según lo requiera la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana”.

Pantalla venezolana censurada por el Plan de la Patria 2013-2019. Dictamina el gobierno: “el uso de los medios de comunicación como instrumento de formación para la transición al socialismo”. Medios portavoces obedientes de la doctrina socialista. No tiene cabida la Constitución ni su definición de nación soberana:

“Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.”

 

Pantalla Autocensurada

Autocensura: No difundir los hechos noticiosos. Renunciar a la libertad de informar de manera veraz, oportuna y honesta. Desviar la atención hacia acontecimientos irrelevantes. Sucesos que marcan a la nación ocupan un segundo plano. Demandas judiciales, violencia física y verbal, difamaciones, encarcelamientos, cierre de medios de comunicación, restricción de la publicidad y el incremento de impuestos vía SENIAT, ocupan este sucinto inventario de amenazas del oficialismo.

Una investigación del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela, IPYS,  sobre la Censura y Autocensura en periodistas y medios de comunicación en Venezuela en el año 2015, reveló que 227 periodistas de medios privados, independientes, comunitarios y estatales han incurrido en la autocensura. Estas son las razones:

Amenaza de acciones legales (37%). Procedimientos judiciales contra medios y periodistas (30%). Silencio por parte del medio (24%). Seguimiento policial (23%). Acusaciones del gobierno por terrorismo (23%). Disposición de difamación e injuria (21%).

Autocensurarse antes de poner en peligro a la fuente o sus informantes. “La principal razón que indicaron los consultados por la que guardaron silencio fue la necesidad de proteger a sus fuentes de información (26%) o para no afectar a un inocente (25%).”

Autocensurarse para no tratar problemas sociales. No se cubrieron temas “vinculados a hechos de violencia y criminalidad (19%); conflicto con autoridades de gobierno (18%); disputas con manifestantes violentos (17%); escasez de alimentos (15%), actividades relacionadas con el narcotráfico (14%), entre otros.”

El periodismo es una profesión de alto riesgo en Venezuela. Ha sabido responder a las presiones del gobierno con gallardía y honorabilidad. Un efecto perverso de la censura es la autocensura: lesión moral y deontológica del quehacer periodístico.

Pantalla encadenada

Pudiéramos considerar las cadenas presidenciales como un género televisivo, que se ha impuesto por decreto en la televisión venezolana, desde hace diecisiete años. El Género Cadenas, así lo califico, cuenta con una narrativa audiovisual híbrida. Espectáculo de las palabras (talk show). Espectáculo de la vida personal (reality show). La noticia como espectáculo y su carrusel de las mentiras (infoshow). Abecedario discursivo infamante: “A de apátridas, arrastrados, analfabetas y alcahuetas. B de bandidos y burros. D de demonios y degenerados. E de escuálidos y estúpidos. F de fariseos. I de imbécil. L de lacayos. M de malditos y majunches. P de pelucones y payasos. V de vagabundos y vendepatrias.” Y hasta aquí lo deja Nelson Rivera en Pedazos de opinión: adjetivos.

Los canales de televisión, los medios masivos, en general, están obligados a transmitir las cadenas. La Ley Resorte y Medios Electrónicos lo establece en su artículo 10. Narración oficial en todo el espectro radioeléctrico venezolano. Uno sabe cuando comienza la cháchara pero no sabe cuándo termina. Una de las cadenas del fenecido presidente duró 9 horas y 23 minutos, con motivo de la presentación de la Memoria y Cuenta del año 2011, en la Asamblea Nacional. Es curioso que uno de los términos de alocución sea “discurso o razonamiento breve dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos” (DRAE).

Dato sorprendente, digno de Nuestro Insólito Universo. Este régimen ha transmitido aproximadamente 3000 cadenas de radio y televisión en el período 1999 -2015. La gran narrativa del gobierno cercena la libertad de expresión, la posibilidad de informar a la nación, deprime la producción nacional, restringe la inversión en los medios y se convierte en una estrategia política eficaz para silenciar las voces críticas.

Soy de los que opinan que los mensajes y las alocuciones oficiales no deben encadenarse. No deben invadir el espacio informativo y de entretenimiento de los medios. Que si el jefe de estado quiere dirigirse al país, lo puede hacer en un corto tiempo, treinta minutos, con anuencia de la Asamblea Nacional, haciendo uso de un canal del Estado y solo para asuntos muy puntuales de la agenda pública o para casos excepcionales de emergencia nacional.

Pantalla gubernamental

Lo dijo un periodista de la BBC Mundo y no se equivoca: “En el canal emblema del gobierno, Venezolana de Televisión (VTV), es casi imposible escuchar a alguien admitir que los venezolanos no la están pasando bien. Y en las ocasiones en que lo hacen, los responsables de los diferentes males, de acuerdo al léxico oficialista, son el imperio, la oposición fascista, los empresarios apátridas, el mercado capitalista o el fenómeno de El Niño.” (Juan Paullier: El país que vi mirando una semana de VTV…).

Lo mismo ocurre con el resto de los canales del sistema nacional de medios públicos. Son medios que anteponen la propaganda a la información veraz. Responden a las directrices del ejecutivo nacional y del partido de gobierno. Politizan las buenas intenciones de la producción nacional. “Nunca será independiente” en un régimen que interviene en la libertad de creación y pensamiento crítico. Informativos para ocultar la realidad. Programas de opinión para la infamia y la mentira.  

Los ciudadanos apagaron la pantalla gubernamental. Prefieren ver canales privados. Migran a la televisión internacional. Huyen de las cadenas y de las propagandas. Exiguo 7,6% de audiencia de los canales oficiales. Hay que  encender la pantalla democrática. Se distingue por su independencia editorial, universalidad, creatividad, diversidad cultural, información plural, educación, conocimiento, cohesión democrática, ciudadanía activa, acceso y participación sin restricciones, credibilidad, sano entretenimiento. ¿Será posible?