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Panorámica. Arte Emergente en Venezuela. 2000-2012

Patrocinada por Fundación Telefónica, la Sala Trasnocho Arte Contacto ha inaugurado “Panorámica. Arte Emergente en Venezuela. 2000-2012”, que exhibe la obra de 60 artistas “emergentes o de media carrera”. Importante exposición que, en su magnífica diversidad, presenta una muestra de obras e intenciones estéticas aparecidas en los años recientes. La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 16 de noviembre. Entre la oferta de este proyecto cultural, además de una programación de foros y otras actividades, está la opción para el lector interesado en la versión digital del catálogo, obtenerlo sin costo alguno en la página web de Fundación Telefónica

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de Venezuela con el propósito de apoyar y divulgar las propuestas de un conjunto amplio de artistas, emergentes y de media carrera, que han tenido una presencia destacada en la escena cultural del país entre 2000 y 2012. A partir de una selección de 60 artistas e igual número de obras, la muestra ofrece un recorrido a través de los medios, lenguajes y temas de mayor protagonismo a lo largo del período señalado.

Más allá de una perspectiva generacional, se advierte en estas propuestas la preponderancia de una mirada situada en contexto, perneada por la impronta de diversos acontecimientos, pretéritos o en desarrollo, locales o foráneos. Hay un cambio de óptica en lo que se refiere a lo real y al propio arte, verificándose una serie de desplazamientos reflexivos donde el video, la fotografía y el accionismo corporal tienen un rol significativo junto a medios de mayor arraigo como la pintura, la escultura y el dibujo. De esta contigüidad entre diferentes procedimientos y modalidades discursivas se derivan combinaciones inéditas, cuyo significado enriquece el contenido de las obras.

Entre los principales tópicos que abordan las producciones emergentes de los años 2000-2012 se encuentran los relacionados con las representaciones identitarias, la construcción de la idea del territorio, la configuración de nuevos archivos, y la reflexión sobre el arte. Casi todos estos temas colindan con preocupaciones similares en la escena continental y global, pero con una fuerte inclinación contextual, estrechamente conectada a la cultura visual del país. 

En el núcleo de identidades destacan las obras o prácticas que revisan las nociones de género, cuerpo y emigración, en cuanto categorías normativas que codifican los comportamientos individuales y colectivos. Son formas de inscripción o contestación que se desenvuelven en un horizonte cultural específico frente al cual los sujetos definen su conducta.

En la sección de territorios se encuentran las indagaciones enfocadas en el significado de los espacios públicos, en cuanto síntomas de una realidad contrastada. También se plantean las equivalencias entre el entorno físico y los modelos cartográficos, desarrollándose un fuerte interés por el mundo orgánico y el paisaje natural.

El segmento de los nuevos archivos y la memoria se conforma a partir del registro y catalogación de objetos, lugares y personajes  que emulan la función patrimonial del museo y cuestionan las tácticas de control taxonómico. También aquí se trasluce un fuerte interés por testimoniar el desencanto generado por las quimeras incumplidas y la recuperación crítica de pretéritos silenciados.

Finalmente, las propuestas de arte sobre arte, tácitamente inspiradas en los preceptos del arte conceptual, no sólo se refieren al estatuto de la obra sino que también analizan la incidencia de los medios en la configuración del sentido artístico. En esta vertiente la reflexión sobre los procedimientos constituye una declaración de contenido y no sólo un vehículo de destreza técnica, en la medida en que ponen de relieve los mecanismos de articulación del lenguaje artístico y la manera en que estos se inscriben y legitiman en el imaginario cultural.

Después del año 2000 se abandona el monumentalismo espectacular de las prácticas instalatorias y multimediales de la década de 1990, pasándose al uso generalizado de las posibilidades que brindan los dispositivos de captura, edición y reproducción de imágenes fotográficas y audiovisuales. En ese marco, el uso del video y la fotografía cumplen una función doble; unas veces para generar obras autónomas y otras para constituirse en registro de acciones, situaciones o experiencias efímeras, bajo la forma de video acciones y foto performances.

La vigorosa presencia del video y la fotografía en la escena artística venezolana de 2000 a 2012, guarda una relación de alternancia con algunas proposiciones basadas en medios tradicionales como la pintura, la escultura y la gráfica; así como con prácticas estéticas que se derivan del imaginario urbano entre las que se encuentran el grafiti y los productos mediáticos. El debate sobre lo pictórico también compromete a otros medios como sucede con el uso de componentes objetuales, la adopción de recursos extra pictóricos, el manejo de soluciones instalatorias que llevan el color y la forma más allá de los límites del soporte, la presencia de lo gráfico, así como el empleo de la fotografía.

En el campo del arte tridimensional se da un fenómeno similar respecto a la heterogeneidad discursiva que resulta de la combinación estratégica de elementos escultóricos, gráficos y pictóricos. Pintar, dibujar o esculpir ya no es un síntoma de anacronismo cuando se hace conscientemente para generar un efecto crítico o especulativo acerca de las estrategias de representación. Esto es particularmente encomiable en las propuestas que hacen explícito el papel de los medios en la configuración de la idea y su efecto sobre la percepción.

En el campo fotográfico prevalecen los registros metódicos, aparentemente neutrales, que abogan por los mecanismos de archivo. Mientras algunos artistas proponen extensos inventarios de edificios, colecciones y objetos, cuya acumulación y caprichoso ordenamiento establece nuevos marcos de percepción para su asimilación patrimonial;  otros enfocan su trabajo fotográfico en la idea del paisaje, tanto urbano como natural, motivo que guarda una conexión explícita con el debate acerca de la herencia moderna y los desafíos de la contemporaneidad.

Otro medio que ganó un espacio relevante entre 2000 y 2012 fue la performance artística, aún cuando durante la década  anterior su presencia estuvo sensiblemente atenuada. Esta recuperación del discurso performático aborda la idea del cuerpo como punto de cruce de “flujos codificables”* y, por tanto, como el lugar de subjetivación de la experiencia social. De ahí la importancia que toman los aspectos relacionados con la cotidianeidad, el poder, la identidad y el género.

En la categoría de arte en video, la generación emergente  en esta etapa combina con naturalidad la acción y el registro, evitando las soluciones histriónicas y utilizando una narrativa austera. Así, la obra videográfica funciona también como acontecimiento, especialmente en los casos donde lo cinemático propone un tipo de movilidad diferida, destinada a mostrar la paradójica fijeza de los hechos. Destacan en esta vertiente los trabajos que se deslizan entre lo videográfico y lo accional, colocando el foco en temas sensibles de la realidad local y manteniendo una relación reflexiva con los códigos del arte. También significativas son las propuestas que revisan desde la inmaterialidad  de la imagen proyectada, ciertas nociones vinculadas al arte  y la cultura modernas en el país.

Por supuesto, no todo el arte que se produjo entre esta etapa se circunscribió a los recintos expositivos, destacando una serie de incursiones artísticas en sitios públicos (urbanizaciones populares, edificios, plazas, calles, etc.). Los medios más utilizados fueron el grafiti, las instalaciones sitespecific y las intervenciones murales, siendo la mayor parte de ellas de carácter reversible o efímero, diferenciándose así del ambientalismo constructivo, los monumentos tradicionales y las obras propagandísticas.

Es importante señalar que los ejes de atención que se han delineado no pretenden agotar la diversidad de temas e inquietudes del arte emergente a lo largo de los doce primeros años del siglo XXI. Se trata apenas de identificar algunas de las rutas más visibles, para desde allí adentrarse en los matices y singularidades de ese repertorio. Sirvan estas notas para facilitar la travesía del espectador a través de un panorama artístico extremadamente vital e intrincado.

 

* Cfr. Deleuze, Gilles. Derrames. Entre el capitalismo y la esquizofrenia. Buenos Aires: Equipo Editorial Cactus, 2006.