• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Palabras traducidas a poemas en prosa

Claudia Sierich / Foto cortesía OT Editores

Claudia Sierich / Foto cortesía OT Editores

Alfredo Chacón fue el encargado de presentar el reciente libro de Claudia Sierich, Sombra de Paraíso (OT Editores, 2015), en la librería Lugar Común el pasado 8 de noviembre

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En este acto convocado para acompañar el bautizo de Sombra de Paraíso, el nuevo título de la poeta Claudia Sierich (ocasión de la que me quiero valer para agradecerle su realización a Oscar Todtmann Editores y celebrar los grabados de Lihie Talmor que modulan sus páginas), deseo resaltar los rasgos de este libro que despertaron y sostuvieron mi interés durante la lectura de sus casi cien páginas.

Me refiero a la compleja y exigente decisión de, primero, asumir la traducción en cuanto actividad esencial de la cultura y desafío a la experiencia, el pensamiento y la imaginación de quien decide abordarla por su cuenta y riesgo; segundo, incorporar el acontecimiento mismo de la traducción a la contextura verbal del poemario, como una de las corrientes  de toda su escritura y, en algunas de sus instancias, como único caudal navegable; tercero, singularizar a ciertas palabras alemanas junto con su eventual equivalencia en la lengua española; y cuarto, mantener vigente su pregunta por la especificidad de la traducción; pero no en cuanto definición conceptual o parte del catálogo de las profesiones, sino, precisamente, a propósito de las posibilidades y dificultades de acercamiento entre los idiomas español, alemán y francés.

Dicho esto, me autorizo a presuponer que incluso unas indicaciones tan someras como las que acabo de hacer pueden bastar para alertar al futuro lector acerca del importante asunto que en este libro, literalmente, se ventila. Mientras tanto, me complazco en anticipar ante ustedes que el asunto en cuestión es la relación más general y fundamental concebible entre poema y experiencia. O, dicho más concretamente: entre la experiencia de escribir el poema y cualquier otra experiencia, la cual en el presente caso es nada menos que el acto de traducir, de trasladar palabras de un idioma a otro. Quiero decir, de transponer entre dos idiomas los signos, significados, ritmos y sentidos que determinadas palabras, configuradas en una lengua como un poema, pasan a configurar otro poema en otra lengua.

Es un asunto que en Sombra de Paraíso está presente no solamente por el amplio espacio textual que ocupa, sino también gracias a la radicalidad del punto de vista que lo aborda. Y ambas cosas referidas, sea a la poesía en cuanto tal, como ocurre apenas comenzado el libro, cuando la voz que en él habla dice: “Los espacios que me provee el poema se abren allende toda determinación”; o con respecto a la desafiante plenitud del lenguaje, perspectiva que unas veces le revela que “a veces avanzo por zonas en las que no sé en qué lengua ando”, o “debes saber alejarte de cada lengua, si quieres hacerlo.”

Y por supuesto, es sobre todo el asunto cuya potencia interrogativa se ejerce hacia y desde la desafiante experiencia de acometer la traducción. Es decir, como lo dicen sus propias palabras: “Hacer que una lengua brote de lugar, en otra”; o “El programa temporal necesario para traducir no encaja con otros cronogramas”; o, lo cual es aún más difícil de satisfacer mediante una respuesta consideradamente admisible: “¿(Cómo) se honra una traducción de poesía?”. En todo caso, es la posibilidad o lo imposible de la obra lo que en la presente experiencia poemática de Claudia Sierich está debidamente en juego. Quiero decir, lo que está dicho en estas sus palabras: “Colocar el tiempo en obra. Obrar en el tiempo con/sentido. Porque también el tiempo se consiente.”

En fin que, como desde el primer momento he querido decirles, estamos ante un libro de esos que no son muy frecuentes en la poesía que sigue predominando en Venezuela y los otros países latinoamericanos. Un libro que no solamente se fundamenta en una conciencia suficientemente experimentada de los problemas que la creación poética de este siglo debería plantearse, sino que asume felizmente la osadía de tomar los propios materiales del trato con la poesía y con la lengua como materia prima y principio de la verbalización poética. Un libro que, para colmo de mérito, quiso y pudo responder a la doble y única experiencia de su autora: la persona que bajo el nombre de Claudia Sierich vive de ejercer la doble vocación de poeta y traductora, según el caso más o menos simultánea.