• Caracas (Venezuela)

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País dolor

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MANIFIESTO PAÍS es lo inclasificable. Lo que puede ser desmenuzado en incalculables partículas. O enunciado en gruesas palabras. Una lista sin comienzo y sin final. Un catálogo de posibilidades. La tensión entre lo oculto y lo MANIFIESTO.

Ni siquiera es posible afirmar que hay un país por persona: a menudo, cada quien porta varios países dentro de sí mismo. El país es cosa ambivalente, materia de titubeos. Hoy se afirma y mañana se niega. Incluso: se suscribe o se repele en un mismo gesto.

Sobre todo: País es asunto que se piensa. Que se experimenta. Que se resiste. Que se intuye.

Puede ser evocación que se levanta desde ese remoto lugar llamado infancia. Declaración de lo que podría ser, reconocimiento de que existe una potencialidad común. Testificación de que, a pesar de todo, el país sigue allí, en su domicilio de siempre. Pero también País puede ser distancia o inmersión. Proximidad o lejanía.

Se demuestra en los textos-imágenes que siguen, que País es quizás menos asunto público y más una dimensión de la intimidad. Intimidad expuesta a la calle. Póster de lo privado. Declaración que anuda lo personal y lo político.

Como un altar con velas: frente a sus escenas, se ruega. O como la mesa de una familia: se le formula como propósito, se le sueña, pero también se le denuncia. Por momentos, se le enjuicia.

Más que una idea, MANIFIESTO PAÍS es una exigencia.

La pregunta por el país, la pregunta por el vínculo de cada quien con su comunidad es una pregunta al espíritu. Y ante requerimiento tal –haz del país un manifiesto‒, lo que aparece como respuesta es la tensión entre aliento interior y política. Entre parcela interior y esa vastedad que llamamos País.

Lo que puede leerse como una declaración del alma –si aceptamos que el País es un lugar en el alma‒, adquiere aquí la presunción de la propaganda: el póster, la postal, el documento rescatado o diseñado. 66 estéticas para 66 textos. 

Pero, y esto es lo esencial, el País es lo que permanece. Lo que finalmente se espera. Lo que, de alguna manera, se asocia al porvenir. A lo por venir. Es un amor letra a letra. Amor con lágrimas y palabras de despecho. Amor de soledades y llamados. Amor más duradero que cualquier embate. Más fuerte que todo deterioro.

Porque País es un dolor. Un dolor que salva.