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La Paciencia: las fantasmagorías en Alicia y el cojín rojo

Alicia y el cojín rojo de Consuelo Hernández Besembel

Alicia y el cojín rojo de Consuelo Hernández Besembel

“El artefacto está construido a partir de ocho relatos con un marcado tono atmosférico. En general hay un predominio de lo nebuloso y de la ensoñación”

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El libro Alicia y el cojín rojo de Consuelo Hernández Besembel es una pieza narrativa en la que confluyen multiplicidad de planos temporales y en la que las atmósferas están prendadas de fantasmagorías. Así, sobre la base de una trama doble se van articulando diversas anécdotas ocurridas en el siglo XIX y en la actualidad. De esta forma, a partir de la mudanza de Alicia a la casa de sus antepasados junto a su hija se van generando una serie de situaciones en las que quedan en evidencia el acontecer de sus ancestros, así como la develación de secretos y crímenes acaecidos en tiempos pretéritos. De igual manera la edición presenta una serie de ilustraciones a cargo de la talentosa Isabel Adler.

El artefacto está construido a partir de ocho relatos con un marcado tono atmosférico. En general hay un predominio de lo nebuloso y de la ensoñación. La autora, cuyo entorno originario es la plástica, se vale de artificios propios del realismo mágico latinoamericano de forma que en la pieza hay un influjo de obras máximas como Pedro Páramo, por ejemplo. En un solo escenario se da la convivencia entre vivos y muertos, entre habitantes de la contemporaneidad y aquellos que vivieron en la casa a más de cien años en el pasado.

Quizá ese mismo antecedente de la plástica que posee Hernández Besembel sea clave en el logro de una pieza cuyo valor predominante sea de carácter imaginario. En este caso el componente visual está en primer plano con relación a lo temporal. Y es que de hecho todos los tiempos conviven en un único territorio configurando un texto esencialmente estereoscópico. Así, la acertada resolución editorial de este libro a cargo de Carmen Verde Arocha redundó en una edición ilustrada por Isabel Adler, en este caso con una mirada hacia lo espectral y hacia lo fuera de este mundo. La impresión última que queda en el lector es la de que cada uno de los capítulos que conforman la edición parecieran un montaje teatral. En este caso se da una epifanía de situaciones imposibles, en cierto modo surreales.

El tono en algunos casos se hace frenético al momento en que la autora refiere la llegada inminente de las hordas de Boves, una de las manifestaciones máximas de la barbarie durante el decimonónico. Quizá en este elemento exista un guiño con la realidad actual de la nación cuando la barbarie ha avanzado de manera avasallante sobre los últimos resquicios que pudieran quedar de civilización.

Asimismo, un aspecto que ha resultado muy grato en esta lectura ha sido la recreación que hace Hernández Besembel del dialecto propio de los esclavos en Venezuela durante el siglo XIX, ello sin duda ha significado una cierta mirada del detalle sobre las disciplinas lingüísticas.

Igualmente hay un matiz de lo oculto y del secreto que nunca es develado. Ciertamente en este trabajo hay una relativa impronta erótica, muy bien resuelta. En ella está clara la marca del trópico y de lo afrocaribe. En este caso son muy gratas esas texturas. La rítmica narrativa es siempre muy vivaz en esta obra a pesar de que en la misma predomina un carácter difuminado y fantasmagórico. Sobre la base de diálogos muy ágiles y ligeros se van generando toda una gama de atmósferas y emociones que redundan en una sobria pieza.

Lo simbólico es clave en este libro, de manera que hacia el final del mismo se da una apoteosis cuando en la casa de los antepasados a la cual se mudan Alicia y su hija aparecen unos huesos. Ahí está el eje que permite el encuentro real entre los vivos y los muertos que ya convivían en la trama.

Queda al final del texto el sabor de un tiempo que se fue, de la nación que somos y en la que confluyen todos los tiempos. Este texto es una metáfora de esa convergencia de todas las épocas que somos. Quizá sea el propio carácter estereoscópico de este artefacto su valor primordial y el gran logro de sus artífices.

Asistimos con esta hermosa edición a una celebración de nuestra propia idiosincrasia en sus valores más hondos. Ciertamente Alicia y el cojín rojo es el resultado de un diálogo desenvuelto entre Consuelo Hernández Besembel e Isabel Adler.

 

Alicia y el cojín rojo

Consuelo Hernández Besembel e Isabel Adler

Edición de Carmen Verde Arocha.

Caracas, 2014.