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La Paciencia: Man Ray, el arte de lo insólito

Dora Marr | Foto Man Ray

Dora Marr | Foto Man Ray

“Este artista vinculado al movimiento surrealista y al dadaísmo tuvo un impacto sin precedentes, no solo en la pintura, sino también en la fotografía”

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La vida de Man Ray (Estados Unidos, 1890) estuvo signada por lo insólito. En efecto, este artista vinculado al movimiento surrealista y al dadaísmo tuvo un impacto sin precedentes, no solo en la pintura, sino también en la fotografía. De hecho, para este formato, Man Ray significó una revolución real y profunda.

Hijo de inmigrantes rusos, su existencia estuvo relacionada en sus orígenes con el género espectacular. No obstante, desde muy joven se vinculó con Marcel Duchamp a quien le unió una gran amistad y, evidentemente, la afinidad por el dadaísmo. De este modo fue uno de los precursores en Norteamérica de dicho movimiento. Muy pronto se trasladó a Francia, donde vivió casi toda su vida a excepción de un período de diez años durante los cuales ocurrió la Segunda Guerra Mundial. De hecho, a su llegada a ese país fue recibido por el príncipe del surrealismo, Jean Cocteau, quien le introdujo a su grupo de allegados entre los que estaba la flor y nata, no solo del arte para la época, sino del mundo del glamour y lo exquisito. Muy probablemente la figura de Cocteau sea una de las personificaciones más superlativas de lo refinado a lo largo de toda la historia humana, de forma que no era cualquier cosa estar en su círculo.

El carácter experimental es impronta en Man Ray, de manera que su aproximación a la fotografía estuvo revestida de lo novedoso y de tonalidades en cierto modo “abstractas”. Así, la técnica utilizada por él, los “rayogramas”, consistían de la exposición de película fotográfica en contacto con diversos objetos, pero sin la utilización de cámaras. La dimensión de lo emocional aparece en su obra con un claro trastocamiento del mundo real en donde confluyen el absurdo, la calidez, el erotismo y el humor. Hay, sin duda alguna, una constelación muy sesuda en la propuesta de este creador.

Al igual que como ocurrió con todos los paladines del surrealismo del siglo XX, muy pronto Man Ray se hizo íntimo de mujeres que eran representación paradigmática de las femmes fatales, como fue el caso de Kiki de Montparnasse, quien incluso le sirvió de modelo para su icónica obra, Le violon d’Ingres, de 1924. En esta pieza, la brillante intervención del artista sobre el cuerpo desnudo de la cantante y actriz da una caracterización donde se prefigura un cierto matiz conceptual. Adicionalmente el creador fue pareja de la poeta Adon Lacroix y escenificó una doble boda con Juliet Browner junto al dúo constituida por Max Ernst y Dorothea Tanning.

Asimismo, la tensión erótica presente en su trabajo está revestida de una incandescencia inaudita, como ocurre con su pieza Observatoire du temps, les amants, de 1936, en la que unos labios en el cielo inauguran una dimensión novedosa del mundo en la que la tensión resuena en el público estupefacto. Sin duda alguna el tono onírico es más que obvio aquí. De igual forma es célebre su pieza El regalo, de 1921, en la que el artista trastoca un elemento cotidiano como lo es una plancha para añadirle tachuelas y de este modo no solo colocarla en el territorio del absurdo, sino provocar de manera abierta al espectador.

Adicionalmente, la experimentación de Man Ray en lo cinematográfico fue profusa y añadió una mirada distinta y audaz a ese género. Sus rodajes Le Retour à la raisonLes Mystères du château de Dé son clara evidencia de un creador que no solo se guiaba por la inteligencia, sino por la intuición y el apasionamiento. Su trabajo responde al goce de la vida y a la erótica implícita en ella.

De modo que a pesar de que su propuesta fotográfica tiene una connotación absolutamente distinta a lo conocido y lo esperable, su experiencia como retratista de figuras de máxima envergadura revistió una constelación de lo de culto. Para este artista, cuya vida significó una vuelta de tuerca en los géneros y formatos en los que trabajó, el quehacer del oficio implicó una labor de hechura muy disciplinada. De esta manera, hoy por hoy, es propicio hacer un homenaje a este creador, que a pesar de haber muerto en Francia en el año de 1976 permanece vivo en los anales del arte y de la innovación.