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La Paciencia: La tragedia de Syd Barrett

Syd Barrett / foto allmusic.com

Syd Barrett / foto allmusic.com

“En su caso se ha hablado de un cuadro esquizofrénico aunado al autismo. Incluso, el ‘príncipe’ de la antipsiquiatría británica, Ronald Laing, tuvo que ver con el cantante en algún momento, a quien declaró incurable”

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Hacia el año de 1982 Syd Barrett estaba en Londres donde pasó unos meses antes de que volviese caminando ochenta kilómetros a Cambridge –su pueblo natal– sin tener mucha conciencia de lo que hacía. Este evento conllevó a que este creador, quien había fundado la banda Pink Floyd, requiriese un nuevo tratamiento psiquiátrico.

Quizá el hecho más trágico en torno a Syd Barrett (1946-2006) fue que su vida culminase a los sesenta años, luego de décadas de deterioro mental y físico. En su caso hay que contextualizarse en una época donde el frenesí y la toxicidad eran lo usual. No obstante, a diferencia de otras estrellas de los sesenta que también fueron meteóricas, Barrett no falleció en el intento, sino que quedó condenado a una vida de reclusión y enfermedad mental, a ser probablemente el espectador de su propia decadencia. Todo ello a pesar de que su irrupción inicial fue intensa y genial, más genial y explosiva que ninguna que se hubiese visto antes o después.

Sus orígenes se remontan a su natal Cambridge donde era conocido como Syd, “el Beat”; por su afición a la contracultura beatnick de los años cincuenta en la que estaban inscritos escritores como William Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg, entre otros. Su extrema sensibilidad le llevó a que se vinculase con la poesía y la plástica de modo que él mismo realizó alguna obra en este sentido que despertó cierta curiosidad, sobre todo en tiempos recientes.

Sin embargo, su momento explosivo vino cuando se vio formando parte durante los sesenta de la flamante banda Pink Floyd, de la cual fue compositor, guitarrista y cantante, amén de realizador de la composición gráfica del primer álbum del grupo, The piper at the gates of dawn. Y esa irrupción se manifestó en todo sentido, de forma que tantos los aspectos más luminosos del artista, así como los más oscuros afloraron potenciados por un desmedido y mórbido consumo de sustancias. El resto de la historia es harto conocida y el propio Barrett se vio fuera de la banda justo en la primera gira a los Estados Unidos en la que protagonizó una serie de conductas erráticas. En su caso se ha hablado de un cuadro esquizofrénico aunado al autismo. Incluso, el “príncipe” de la antipsiquiatría británica, Ronald Laing, tuvo que ver con el cantante en algún momento, a quien declaró incurable.

Luego de su expulsión de la banda, el artista se fue recluyendo cada vez más hasta quedar permanentemente en la casa de su madre. Aun así, logró grabar dos discos en solitario, The madcap laughs (1970) y Barrett (1970), que pasaron relativamente desapercibidos en su momento y en los que contó con la colaboración de figuras legendarias, como los miembros de la primera banda psicodélica del mundo, The soft machine. En estos trabajos se observa la aproximación del músico a una perspectiva lírica muy intimista y depurada, sobre todo en piezas como Golden hair (1969), alusiva al homónimo poema de James Joyce.

La poética de Syd Barrett es fluctuante, de modo hay momentos en los que se manifiesta una gran efervescencia y en otros casos lo introspectivo. El descalabro y la depresión son la marca que predomina. De manera que frente a canciones como la tristísima Birdie Hop (aparecida en 1988) se contraponen las composiciones maestras psicodélicas Atronomy domine (1967) e Interstellar overdrive (1967), que realizó con los Pink Floyd. De hecho en esta línea última está la pieza Lanky (part I) (aparecida en 1988) donde se evidencia esa “precisión azarosa” que fue característica de la genialidad del artista. Asimismo, son de muy grata recordación su Baby lemonade (1970) de cálidas texturas, al igual que la hermosísima Love Song (1970). En todas las composiciones de este músico hay, sin embargo, una suerte de “paso” o tempo que es muy característico de él y que no he podido observar nunca en ningún otro creador.

De forma que la tragedia de Barrett estuvo justo en el hecho de que su imagen no quedase congelada en el tiempo producto de una muerte prematura, como ocurrió con Janis Joplin, Jimi Hendrix o Jim Morrison, sino que debió sufrir los avatares propios del tiempo y de la vivencia de un hombre atrapado en su propia patología y deterioro. Ultimadamente el 7 de julio del 2006 Syd Barrett falleció producto de las complicaciones del cáncer de páncreas y de la diabetes. Vivía recluido en la casa  de su madre.