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La Paciencia: En torno a Árbol que crece torcido

Rafael Castillo Zapata / Foto Williams Marrero. Archivo El Nacional

Rafael Castillo Zapata / Foto Williams Marrero. Archivo El Nacional

“Este trabajo apareció por primera vez hace ya treinta años en el contexto de la irrupción del Grupo Tráfico, el cual sin lugar a dudas significó la inauguración de una nueva estilística en la poesía venezolana”

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La edición del poemario de los años ochenta de Rafael Castillo Zapata, Árbol que crece torcido, recién publicado en una conmemorativa y excelsa edición por Kalathos Editorial es expresión de un momento privilegiado de la literatura venezolana. Y es que en efecto, la vida y obra de este poeta es de una gran coherencia en relación a lo que es la existencia del artista y del Ser que experimenta una vivencia fuera de lo común e inscrita en lo insólito, en todo aquello que sale de lo normal y que pertenece al ámbito de lo extraordinario.

Este trabajo apareció por primera vez hace ya treinta años en el contexto de la irrupción del Grupo Tráfico, el cual sin lugar a dudas significó la inauguración de una nueva estilística en la poesía venezolana. El propio autor refiere al comienzo de esta edición el escenario histórico y cultural en el cual se inscribe el libro. Y, obviamente, uno de los aspectos más audaces de este poemario lo constituye el tono confesional del mismo y la perspectiva autobiográfica que posee. Hay que decir que la lírica de Rafael Castillo Zapata fluye y logra referir a anécdotas construidas a partir de signos de la cotidianidad, en este caso una cotidianidad que ha quedado congelada en la constelación de lo atemporal. Hay, si se quiere, un tono pop que es parte intrínseca de la sazón de la obra de este escritor. Así, el poeta escribe: “Primor de Prismacolor entonces / nunca un destornillador ni una segueta ni un taladro / en la mano ni tampoco un berbiquí / y aquellos músculos lerdos pequeñitos / que ayudando a montar un caucho en la cuneta / se sentían Hércules felices”.

Sin embargo, la valentía y honestidad con que irrumpe este texto en su momento fue expresión de una vuelta de tuerca en la geografía de nuestro mundo literario. A través de este discurso el autor pone en palabras toda una dimensión de los afectos y de lo que le es más íntimo.

La forma como devienen las texturas y matices sonoros en el discurso de este poeta es de un calor y una exuberancia muy singular. Aquí quisiera referirme a lo que fue la experiencia de haber asistido hace ya cosa de veinte años a sus seminarios en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y la aproximación a una perspectiva superlativa en torno al lenguaje y al pensamiento con la que nos confrontaba Castillo Zapata. Era ese un tiempo privilegiado en esa Escuela y en las clases de ese autor confluíamos toda una variedad de personas; desde figuras que terminaron aproximándose al mundo editorial y de la crítica, hasta músicos de bandas underground de la época. Menciono esto porque uno de los tópicos centrales de Árbol que crece torcido es esa exposición de lo inusual, de lo que es raro e incluso nuevo, de modo que no es de extrañar que la palabra de este creador resuene justo en ese ámbito. Así, el poeta se mira a sí mismo y escribe: “Nunca supe cómo matar una rata con todo ese miedo a cuestas por el mundo / cómo prepararle la trampa en arduo queso sigiloso a la alimaña / si el día en que empaté unos cables asombrado como un necio / hubo un cortocircuito torpe en el televisor de cónsola Admiral de mi madrina / y un escándalo de padre y señor mío familiar y un zaperoco / y un trágame tierra del acto en la vergüenza / y un miedo al ridículo u horror de ahora qué haré”.

Adicionalmente, hacia el final de la edición hay un exquisito epílogo escrito por Alejandro Castro –La infancia que falta– que ofrece una perspectiva con matices propios del psicoanálisis en torno al discurso de Castillo Zapata y en donde se da una aproximación crítica muy lúcida.

Esta elegantísima y delicada edición que hace Kalathos Editorial es expresión del quehacer meticuloso donde lo que priva es la estética. Es oportuno de este modo celebrar esta obra de Rafael castillo Zapata, hoy por hoy una de nuestras referencias literarias más importantes, así como epifanía del maestro.

 

Árbol que crece torcido

Rafael Castillo Zapata

Kalathos Editorial.

Caracas, 2013.