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La Paciencia: El territorio de la idea en Ángela Bonadies

Angela Bonadies / Foto Nathalia Manzo

Angela Bonadies / Foto Nathalia Manzo

“Para la artista, no solo es vital el pensamiento en sí, sino también las expresiones imaginarias de ese pensamiento”

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La dimensión de la obra de Ángela Bonadies (Caracas, 1970) está circunscrita primordialmente al ámbito conceptual. No obstante; su más reciente trabajo, West Side, que se expone en la galería Abra Caracas de los Galpones de Arte de Los Chorros expresa una profunda vertiente emocional y lírica. Esta propuesta plantea, no solo aspectos vinculados al deterioro sino también –y quizá sea ello lo más importante– a la pérdida. La propia artista ha comentado que el mismo nombre de la muestra está referido al apelativo que ella le daba a una amiga muy querida que falleció en el período en que se produjeron los disturbios de calle en Venezuela en el año 2014. Así, este trabajo está vinculado al duelo y a la forma cómo este es planteado mediante una simbología del espacio donde la posibilidad de hallar nuevas miradas y salidas es de gran importancia. El tono, sin duda alguna, está revestido de una emocionalidad que rompe de alguna manera ese carácter tan estrictamente intelectual que posee buena parte de su obra.  Lo sutil es clave aquí, así como los metadiscursos. En este caso, por ejemplo, la creadora juega con un texto de Armando Barrios sobre el que se han producido tachaduras y que en un desplazamiento de significantes pretende dejar sobre el tapete la dinámica de la realidad venezolana actual en el sentido de “armar barrios”.

Hay que recordar que la línea de investigación en la cual cabalga Ángela está alineada con los discursos propios del posestructuralismo. Basta no solo ver el tipo de abordaje que ella realiza con la fotografía, sino los guiños a pensadores como Foucault. Ese regodeo con la idea misma que Bonadies lleva a efecto cuando vuelca su mirada a la fotografía mediante la fotografía per se es impronta no solo de una clara línea de pensamiento, sino de una agudeza excelsa. Ello ocurre en su propuesta Copia original (2011-2014). Sin embargo, pareciera que a donde apunta esta artista es hacia una deconstrucción que, más allá del fenómeno fotográfico, está referida a  la propia  realidad. Hay además una poderosa reflexión en torno a la eficacia de los diversos discursos de los que se vale, ya no solo el artista, sino el ser humano en general. Eso es obvio en su muy comentada obra, Inventarios (2002-2014). En este trabajo, el ojo del detalle registra una totalidad que ha sido deconstruida en dos vertientes discursivas; lo propiamente visual y el discurso verbal. Queda aquí abierto el gran cuestionamiento al espectador y al crítico en general en relación a con cuál de los dos se podría llegar más lejos en esa carrera de la imposibilidad que consiste en ir tras la representación. Adicionalmente, en eso del deleite por ciertos héroes del pensamiento está ubicada su apuesta, Las personas y las cosas (2006-2010), donde de nuevo se abre un diálogo para transitar el camino inconcluso de la idea por la idea. Es claro entonces que la obra de Ángela Bonadies es para el espectador iniciado y un plato exquisito para la crítica.

En lo personal, aun cuando ya tenía conocimiento de su trabajo y entre Ángela y yo habían vasos comunicantes que se remontaban a los años noventa, debo decir que nuestro primer encuentro formal se realizó hace pocos días en la gratísima Plaza de Los Palos Grandes de Caracas. Sin duda fue estremecedor poder compartir con un alma de la sensibilidad de esta artista y más allá de ello con una inteligencia agudísima en la que la idea por la idea y los discursos que cabalgan discursos forma parte esencial del goce inherente a la vida. Para Ángela Bonadies, no solo es vital el pensamiento en sí, sino también las expresiones imaginarias de ese pensamiento. Nuestra plática fluyó en un regodeo de significados, de significantes, de andamiajes y de artefactos en donde no faltó, por ejemplo, Jean Cocteau y la poética de sus manos y de su pelo como un hecho vital en sí mismo, como la epifanía del fenómeno estético.

La experiencia de Ángela Bonadies es sin lugar dudas una de las de mayor depuración formal, así como de agudeza y erudición que se está dando en el ámbito Iberoamericano actual. Su propuesta posee una densidad muy singular que está sustentada en la potencia de discursos que flotan unos sobre otros.