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La Paciencia: A propósito de Sir Winston Churchill

Sir Winston Churchill | Foto cortesía

Sir Winston Churchill | Foto cortesía

“Habiendo nacido en el seno de una familia aristocrática y siendo descendiente directo del Duque de Marlborough, estuvo sometido a las exquisiteces de la cultura desde su infancia”

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A comienzos del presente año se cumplieron cinco décadas del fallecimiento de Sir Winston Churchill (Gran Bretaña, 1876), una de las personalidades más paradigmáticas en la lucha de la civilización humana contra la barbarie y el totalitarismo. En efecto, la figura de este hombre reviste una extrema densidad y es sumamente compleja.

Habiendo nacido en el seno de una familia aristocrática y siendo descendiente directo del Duque de Marlborough, estuvo sometido a las exquisiteces de la cultura desde su infancia, a pesar de que no contó particularmente con importantes medios de fortuna y en muchos casos debió apelar al oficio de escritor para poder llevar una vida cómoda. Es de destacar que en tanto autor fue galardonado con el Premio Nobel en el año de 1953.

En el territorio de la política, no se puede hablar en su caso de una disposición en específica hacia el ámbito de los liberales o de los conservadores, porque más que nada Churchill fue siempre fiel a sus propios ideales, a su manera de ver al mundo; una manera que en definitiva terminó configurando buena parte del planeta que hoy conocemos. Así que no fue extraño verle brincar del bando conservador al liberal y viceversa.

No obstante, hubo un aspecto de su vida y de su modo de actuar que fue de una sola línea: su profundo carácter democrático. En tal sentido, siempre respetó las decisiones de las mayorías aunque estas se manifestaran en su contra, como ocurrió al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando luego de haber llevado a la nación la victoria, el pueblo le removió del cargo de Primer Ministro. Por otro lado, su visión siempre fue preclara al percibir las amenazas que se manifestaron –y aún hoy se manifiestan—contra la democracia; tal es el caso del nazi fascismo y del comunismo. Fue así como durante la Guerra Civil Rusa, siendo Churchill Ministro de Guerra y del Aire, expresó fuerte preocupación por la insurgencia de los bolcheviques y se mostró partidario de la intervención de las naciones occidentales en dicho conflicto. El tiempo le daría la razón cuando al cabo de los años el comunismo terminó convirtiéndose en un sistema  que violaría sistemáticamente las libertades del hombre y en cuyo nombre se mataría, incluso, en masa; como ocurrió con las purgas de Stalin.

El otro instante de preclaridad de Winston Churchill lo constituyó su alerta y temprano llamado de atención frente a la aparición del nazi fascismo alemán. Desde sus propios comienzos, este británico alertó en torno al significado, las intenciones y los métodos utilizados por esta corriente que promueve el “canibalismo” y que capitaliza en la forma de discurso político los odios sociales. La historia es harto conocida y el arribo de Churchill al gobierno Inglés ocurrió luego del funesto fracaso de Neville Chamberlain al ceder una y otra vez frente a las pretensiones de Hitler. Aquel acuerdo del que tanto alardeó Chamberlain en torno a que era la paz de una era no constituyó más que una ilusión fugaz frente a la que Winston expresó: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”.  En efecto, lo que vino luego fue la Segunda Guerra Mundial. En esta lucha las democracias Occidentales demostraron su predominio sobre los sistemas totalitarios. No obstante, en la victoria sobre el nazismo participó de manera decisiva la Unión Soviética totalitaria, cuyo colapso sería obvio hacia el año de 1989, por las inviabilidades ya más que probadas de las economías de corte comunista. En este sentido, Winston Churchill personificó el espíritu y determinación del pueblo inglés y de la libertad en su lucha contra el oscurantismo, cosa análoga a lo que ocurrió con Charles De Gaulle cuando constituyó al gobierno Francés en el exilio, luego de la ocupación nazi de Francia.

En este británico excelso, asimismo, confluyó un carácter muy ilustrado que también se orientó a aspectos de la creación humana, como la literatura y la pintura, aun cuando esta última no tuviese gran valor desde el punto de vista de la innovación estética. Algo similar ocurrió con otro personaje inglés quien vivió mil doscientos años en el pasado, me refiero a Alfredo el Grande, quien fue una figura no solo de gran iluminación cultural, sino que representó el espíritu de la autodeterminación frente a la invasión que sufrió Bretaña frente a los daneses.

Hoy por hoy, cuando tanto el nazi fascismo como el neo comunismo imbricados el uno con el otro, vuelven a comprometer a sectores importantes del planeta, especialmente en Iberoamérica, resulta propicia la toma de conciencia en torno a la amenaza que significan partidos cuyo propósito elemental es la destrucción y aniquilación de cualquier cosa edificada basados en la política del odio por el odio.

Tengo la plena seguridad, que al igual que como ocurrió al cabo de la Segunda Guerra Mundial; la democracia, la libertad, la virtud y la civilización prevalecerán.