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La Paciencia: El preciosismo de Ruven Afanador

Foto de Ruven Afanador, publicada 17 de octubre de 2012 | Foto Cortesía

Foto de Ruven Afanador, publicada 17 de octubre de 2012 | Foto Cortesía

“El trabajo de este fotógrafo ha pasado a constituir un paradigma de elegancia y refinamiento”

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Si algo caracteriza a la obra de Ruven Afanador (Colombia, 1959) es el preciosismo. En efecto, el trabajo de este fotógrafo ha pasado a constituir un paradigma de elegancia y refinamiento. De este modo y como ocurre con buena parte de los fotógrafos actuales de máxima envergadura, este colombiano tiene una mirada que abarca, no solo a lo que es el arte per se, sino también a la fotografía de moda y al retrato de figuras de relevancia mundial.

Sus orígenes se remontan a la Bucaramanga de los años sesenta donde era hijo de un vendedor de relojes y coleccionista de antigüedades. Quizá, esa singular perspectiva de su padre pudo haber influido en lo sutil en que devino la apreciación del fotógrafo por el fenómeno estético. En su plena adolescencia, la familia de Ruven emigró a los Estados Unidos donde el futuro artista culminó sus estudios secundarios e ingresó a estudiar administración, cosa que abandonó muy pronto para dedicarse a estudiar escultura y diseño gráfico. Durante sus años como estudiante conoció a Eric Eckhart, quien significó una influencia en el joven de modo que le permitió definir una clara línea estilística al presentarle el trabajo de Irving Penn y Richard Avedon. Ciertos tonos minimalistas de la obra de Avedon son clara impronta en Afanador. Asimismo, hay en él un definido influjo de los excelsos Helmut Newton y Robert Mapplethorpe.

Muy pronto el joven creador se trasladó una temporada a Milán donde adquirió ese sutil rebuscamiento que caracteriza a ciertos aspectos del arte europeo. Luego, a su llegada a los Estados Unidos, Afanador deslumbró a los editores de revistas de moda con su peculiar propuesta en la cual convergían una mirada minimal muy depurada, el preciosismo y cierto carácter exótico propio de lo latinoamericano. Revista como Vogue, Elle, Rolling Stone, New York Times Magazine y Vanity Fair, entre otras, le dieron una acogida mediante la cual el fotógrafo pudo estremecer al público con una perspectiva novedosa. Asimismo, por su lente fueron pasando personalidades de todos los ámbitos, incluyendo a Gabriel García Márquez, Robert Redford, Rihanna, la Duquesa de Alba y el presidente Clinton. No obstante, una de las musas que le ha marcado es la legendaria Rossy de Palma, la singular actriz nacida del séquito de Pedro Almodovar. Igualmente, su vinculación con la industria publicitaria y con la moda ha redundado en un trabajo donde el glamour es obvio. En él se manifiesta la magia que surge de la disciplina sostenida a la hora de concebir una determinada pieza.

Las sesiones de trabajo de Ruven Afanador responden a la lógica de lo lúdico. En ellas se da un intenso juego donde el fotógrafo se aproxima al modelo mediante el arte de la seducción. Y es que esa seducción es parte inherente a la personalidad y a la obra de este colombiano, una poética donde confluyen la sencillez y lo exquisito.

No obstante, uno de los aspectos que más resalta en el trabajo de este creador es la forma como expresa las emociones. En su caso estamos en presencia de una epifanía de lo emocional mediante el color. Destaca el apasionamiento que el artista provee a una imagen con el uso de los diversos matices, en especial su característico uso del rojo. Sus planos son de signo vehemente y en ellos hay una clara impronta de lo dionisíaco que está explícito en el gusto del fotógrafo por la fiesta taurina.

Tres libros de una elegancia soberbia hay en el quehacer de este fotógrafo; Torero, Sombra y Mil besos. Sin embargo, un aspecto que es obvio en la experiencia de este creador está en la preeminencia del ojo del detalle, esa capacidad para expresar las sutilezas de lo estético y de una escena en particular. En su caso lo primordial es la noción de lo artístico, más allá del dominio de la técnica. Aun así, en sus trabajos hay una pulcritud y un refinamiento máximo en los acabados.

Con Ruven Afanador asistimos a la obra de un artista que ha pasado a ser canon en la actualidad. En él se da una redefinición de lo clásico y de la excelencia.