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La Paciencia: La fotografía intimista de Sally Mann

Sally Mann (1951) / Foto queenmobs.com

Sally Mann (1951) / Foto queenmobs.com

“La propuesta de esta norteamericana se enfoca primordialmente en lo que le resulta más próximo; esto es su propia familia y el paisaje natural que le rodea”

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La obra de la fotógrafa norteamericana Sally Mann (1951) está plena de belleza, una belleza imbuida de lo sublime. En efecto, su trabajo bien podría encuadrarse dentro de lo que es la fotografía documental, una fotografía que en este caso retrata lo que significa la vivencia misma y la existencia como experiencia donde conviven el crecimiento, la muerte y la dimensión de la piel que se transforma bajo la huella del tiempo. En esta artista, esa obsesión por atrapar el instante ha redundado, paradójicamente, en una profunda denuncia del carácter efímero de la vida.

La propuesta de esta norteamericana se enfoca primordialmente en lo que le resulta más próximo; esto es su propia familia y el paisaje natural que le rodea. Así, justo durante la década de los ochenta aparecieron los primeros trabajos que le significaron tanto los mejores elogios como las inadecuadas críticas de sectores ortodoxos. Me refiero aquí a su obra At Twelve: Portraits of Young Women (1988), en donde la creadora llevó a cabo un registro fotográfico de mujeres adolescentes cuya marca fundamental está puesta en el paso del tiempo, en la inocencia, en la metamorfosis, así como en una suerte de ingenua provocación. Hay sin duda alguna una dimensión de lo íntimo en este trabajo, de forma que lo primordial es la representación del alma de los sujetos. Pero no solo hay una focalización en la pubertad en tanto época de cambios y crecimiento corporal. También, en esa mirada intimista, la fotógrafa ha documentado facetas de su entorno familiar e, incluso, de lo referido a la enfermedad como aspecto fundamental de la condición humana. Pienso en este instante en la obra que realizó en torno a la distrofia muscular sufrida por su marido –un importante abogado de Lexington– en su serie Proud flesh (2009), en la cual hay una dimensión de lo humano desde el sufrimiento y la emocionalidad implícita en ello.

Hay que resaltar que a nivel formal la obra de Mann posee una gran depuración y la fotógrafa trabaja con la técnica del colodión húmedo para lograr una fotografía que remite, sin duda alguna, a un pasado para siempre y desde siempre perdido. En este caso se nota una aspiración de fuga mundi, al igual que ciertos tonos parnasianos como los que bien podrían haber en la obra de David Hamilton, artista que también ha sido blanco de grupos ortodoxos.

La constelación del tiempo aparece también de un modo muy intenso en su obra, What remains (2003), en la que son representados cuerpos en descomposición y donde, de nuevo, el acento está puesto en el inexorable carácter transitorio de la vida. No obstante, a pesar de que el trabajo de Sally Mann tiene la impronta de lo documental, en su caso se nota un fuerte acento a la hora del logro de atmósferas muy estilizadas. Su mirada apunta de una manera diáfana y decidida hacia la poética del simbolismo. Ello se ve con claridad en las representaciones de paisajes que dialogan con el siglo XIX y donde el énfasis atmosférico se logra mediante el uso del colodión húmedo, además del uso de objetivos dañados.

Hay evidentemente una profunda reflexión en torno al fenómeno estético por parte de esta artista, al igual que la evidencia de un alma en extremo sensible que logra una poética donde la marca de lo melancólico y de la fantasmagoría se erige en una constelación de lo que es bello por lo bello. Y es que en medio de ese deleite en torno al preciosismo per se yacen justamente facetas donde aparecen ciertos tonos de gran sensualidad. No obstante, no deja de haber cierta transgresión en la forma como la fotógrafa plantea ciertas escenas de corte íntimo. Ello se ve con claridad en su trabajo Immediate Family (1992), una propuesta que posee gran valor en el sentido de que hace visible lo invisible en su dimensión emocional, amén de poseer una belleza elevada a la categoría de lo sublime.

Asistimos con esta brevísima mirada a la obra de Sally Mann a la experiencia de una fotógrafa donde confluyen poesía y vivencia.