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La Paciencia: El cine clase B, el paradigma del género de culto

The Abominable Dr. Phibes (1971)

The Abominable Dr. Phibes (1971)

"Los tópicos principales abordados por este género están referidos primordialmente a la ciencia ficción, al terror y al erotismo"

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Sin duda alguna que casi todas las apuestas enmarcadas en el formato de cine clase B o de bajo presupuesto tienen la impronta de lo de culto. Esa dimensión de culto ha sido adquirida con el tiempo puesto que inicialmente estas películas aparecieron por razones meramente económicas, de modo que eran las cintas de relleno durante las largas tandas de funciones en las que eran presentados filmes estelares de lo estudios mayoritarios. Para dichas producciones, los costos de elaboración eran bajos  y a ellas quedaron relegados artistas, directores y guionistas que tenían un carácter sumamente excéntrico y que por no estar bajo la mira detallada de los directivos se sentían a sus anchas a la hora de resolver estilísticamente sus películas.

Los tópicos principales abordados por este género están referidos primordialmente a la ciencia ficción, al terror y al erotismo; así como en muchos casos a todo esto imbricado entre sí. Directores como Ed Wood, Russ Meyer o artistas de la talla de Vincent Price, al igual que heroínas como Maila Nurmi –Vampira– o Tura Satana, en quien se inspiró el propio Quentin Tarantino para su Beatrix Kiddo en Kill Bill, son marca fundamental del género.

El caso de Russ Meyer es paradigmático, dado que este realizador llevó a efecto obras del tipo soft porn o sexploitation en el que abundaban las modelos voluptuosas y que en algunos casos provenían de la danza exótica. Meyer estuvo casado con la mítica modelo de Playboy, Eve Meyer, fallecida en el accidente aéreo de Tenerife de 1977; el mayor de la historia. Figuras porno de culto como Kitten Natividad, Candy Samples o Uschi Digard fueron sus musas y entre sus piezas se cuentan Vixen (1968), Beyond the Valley of the Dolls (1970) y Up (1976), que son referencia obligatoria. La estilística de dichos filmes posee fuertes tonalidades de lo à gogo.

En Ed Wood la superposición del terror con tópicos bizarros es impronta. De este modo, su película Glen or Glenda (1953) es un largometraje inaugural de la estética del travestismo. Adicionalmente, su obra Plan 9 from Outer Space (1959) es una de las cintas donde el terror y el absurdo, así como una ejecución muy particular de los acabados redundó en un artefacto único en el que hasta se perciben los hilos de los cuales cuelgan los modelos de platillos volantes utilizados para la representación.

La combinación del género del horror con una potente carga erótica se da en Lust for a vampire (1971), película perteneciente a la Trilogía Karnstein y en la cual ocurre el despliegue lascivo y mortífero de Carmilla, una vampira que lleva a efecto la fatal seducción de una joven doncella. Esa mixtura entre la lascivia y horror se da también en el filme de 1982, Black Candles, donde el casting y los vestuarios contribuyen a nivel estilístico al potente golpe erótico del artefacto. De igual modo, esa impronta del vestuario y el refinamiento, pero esta vez en finas atmosferas cargadas con un “erotismo frío” tiene lugar en la asistente de El abominable Dr. Phibes (1971), Vulnavia. Esta película es protagonizada por Vincent Price como el propio Phibes y Virginia North como la silenciosa y sublime Vulnavia.

No obstante, otro de los géneros donde se manifiesta el cine B es en el western, en este caso con una mayor marca de las realizaciones italianas y cuya derivación fue conocida como Spaghetti western, que surge como una suerte de parodia del norteamericano. Aquí es importante mencionar el depurado trabajo estilístico de este tipo de producciones en cuanto a las bandas sonoras. Pienso particularmente en compositores como Luis bacalov y la película The grand duel (1972), así como en Ennio Morricone y la legendaria A fistful of dynamite (1972).

Es obvio que este tipo de cine ha influido de manera decisiva a realizadores actuales, entre los que se encuentran Quentin Tarantino y Robert Rodríguez, quienes le han llevado a la apoteosis en el presente. Quizá sea debido al hecho de que quienes trabajaron en el pasado en este tipo de creaciones hayan sido personalidades más bien bizarras y de corte tan sofisticado lo que redundó en profundos logros estéticos que se erigen como obras atemporales. Sin duda alguna, asistimos con esta brevísima mirada a uno de los aspectos más privilegiados de la cinematografía mundial.