• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

La Paciencia: Esos Temples de María Antonieta Flores

María Antonieta Flores - Escritora | Foto Manuel Sarda - Archivo El Nacional

María Antonieta Flores - Escritora | Foto Manuel Sarda - Archivo El Nacional

“Hace ya muchos años desde que vi por primera vez a esta poeta. En esa oportunidad ella no tuvo noción de mi presencia. Simplemente nos cruzamos en la entrada de un edificio de Caracas”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Si algo define a la poesía de María Antonieta Flores (Caracas, 1960) es su densidad y su carácter minimalista. Su último poemario, Temples, expresa desde el erotismo y lo sensual toda una serie de aristas de la cotidianidad. El territorio que le resulta cómodo a esta escritora es el de lo íntimo; una intimidad circunscrita a multiplicidad de ámbitos de la vivencia. De este modo aparece la constelación de la piel y de la mujer que observa a una realidad que muta y que deviene. Ultimadamente la palabra de Flores se basa en el sustantivo y el verbo.

Hace ya muchos años desde que vi por primera vez a esta poeta. En esa oportunidad ella no tuvo noción de mi presencia. Simplemente nos cruzamos en la entrada de un edificio de Caracas. Fue inevitable la profunda atracción que su persona me produjo; sus atuendos cargados de exotismo y misterio. Supe, de inmediato, que estaba en presencia de una mujer extremadamente singular y de un alma errante que observaba al mundo para nombrarlo.

Esa particularidad de la que hablo en el caso de María Antonieta ha redundado en una palabra decantada, una voz donde no hay nada al azar. En este caso se trata de una expresión pura y soberana que con gran densidad de significados es capaz de representar con contundencia a una imagen en apariencia trivial.

En este libro esa órbita de lo sustantivo y de la acción es impronta. El nivel de refinamiento es muy sutil. El lector aquí se encuentra en presencia de un artefacto de delicada elaboración, en todos los sentidos. Incluso el concepto de la colección, a cargo de Kalathos Editorial, pone en evidencia un nivel de excelencia estética.

La capacidad de la autora para capturar la imagen en movimiento y darle un peso demoledor se manifiesta con maestría. Así puede observarse en el siguiente fragmento, con su  implícita carga erótica: “manos que se buscan mientras duermen / alimento de ese aire que me expira”. Sin embargo, la traza del misticismo también es obvia en este trabajo, en este caso revestida de una dimensión de lo ontológico --casi estoica--, como se ve cuando la escritora se refiere a ese “brebaje que siempre me despierta / en la cárcel de los días”.

Hay asimismo, en Temples, atmósferas que tienen gran calidez; incluso me atrevería  decir que Flores ha apostado en algunos casos por el exotismo para concebir el sabor de sus composiciones. Es por ello que aquí se puede percibir la brega del alquimista, de una autora que conoce y despliega los misterios de la palabra, que sabe las formas de hacerla resonar y en última instancia llevar la redención al lector, en especial a la mujer en su rol de amante y amada.

Y no solamente hay una vertiente de lo emocional en el trabajo literario de María Antonieta Flores. En su obra, en general, está la huella de profundos ejercicios intelectuales en los que la poeta apela a la idea, la confronta, la representa y juega a su metamorfosis. En esta creadora se expresa la inteligencia convertida en artilugio, no solo literario sino de la imagen per se. Esa zona de lo sesudo al momento de configurar las texturas de uno y otro discurso revelan a una autora intensa en el ámbito iberoamericano de la contemporaneidad. Y es que más allá de un sinfín de frutos a nivel de premios, está una vasta obra en la que la palabra potente está en primer plano. Uno de los grandes logros de esta poeta está justamente en esa maestría al instante de expresar una estampa del devenir cotidiano, de modo que ésta aparece congelada en un tiempo otro y resonando para multiplicidad de lectores. En esta escritora se da la epifanía de un tiempo detenido, donde el adorno es secundario frente a lo sustantivo y frente al movimiento al que alude la imagen.

La voz de María Antonieta Flores es una singularidad que se manifiesta desde lo sagrado; es la voz que ha ido y venido, la mirada de la artista que quedará, para siempre y desde siempre,  frente a mí detenida en aquel instante mientras atravesaba el portal de una edificación citadina. María Antonieta Flores es palabra desenvuelta. En Temples asistimos a una celebración de la piel y la cotidianidad.

 

 

Temples.

María Antonieta Flores.

Kalathos Editorial.

Caracas, 2014.