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La Paciencia: Richard Avedon, tras la representación de sí mismo

Exhibición de Richar Avedon en Nueva York / Foto AFP

Exhibición de Richar Avedon en Nueva York / Foto AFP

“En la búsqueda de esa dimensión de sí reflejada en el otro, los retratos obtenidos por Avedon revelan un trabajo intenso durante la sesión fotográfica”

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La obra del fotógrafo Richard Avedon (Estados Unidos, 1923) es de una densidad extrema. En él se manifiesta un artista revolucionario que significó una vuelta de tuerca para la fotografía de moda. El suyo fue un canon nuevo. De igual forma, su propuesta significó una acometida distinta y única en la constelación del retrato de figuras de máxima envergadura, así como de sujetos desconocidos. En cuanto a este último género, en su trabajo se observa un abordaje psicológico de sus modelos, además de una mirada a aspectos ontológicos del Ser, tales como la temporalidad.

El background del cual provino este norteamericano no pudo ser más adecuado para lo que vendría a ser su rutilante carrera. Así que siendo hijo de una familia hebrea de inmigrantes, su padre poseía un almacén de ropa para mujeres en Nueva York. En este contexto, el artista pudo observar aspectos sutiles de lo que es el fenómeno de la moda y del comportamiento de lo femenino. Asimismo, una peculiaridad de la familia Avedon consistía en que las propias fotografías familiares respondían a un arreglo escenográfico, de forma que siempre eran elegidas locaciones e, incluso, los perros que aparecían en ellas eran muchas veces prestados. De esta manera, una de sus improntas fue la preparación minuciosa del territorio de la composición para darle un carácter muy sesudo y elaborado a escenas que terminarían apareciendo como cotidianas.

Durante sus comienzos, el fotógrafo estuvo cercano a la poesía y en la Segunda Guerra Mundial fue retratista en embarcaciones de la marina mercante, de forma que ello le permitió un dominio técnico en cuanto a la aproximación a este tipo de miradas. Luego de esto, Avedon experimentó un despegue meteórico de su carrera en el contexto de las revistas para moda, estando vinculado a Harper's Bazaar, Vogue, Life y Look. Sin embargo, el momento estelar vendría en el París de posguerra. En ese contexto, el fotógrafo logró llevar a cabo una verdadera revuelta en lo que fue la fotografía fashion. Su icónica pieza de la modelo Dovina vestida impecablemente con un vestido de Dior y acompañada de elefantes constituyó una irrupción de lo nuevo. La pieza es en sí una obra de arte desenvuelta en donde la sobriedad y la disonancia están en primer término. La gran innovación de este artista en el ámbito de este género fotográfico estuvo en el hecho de lograr imágenes aparentemente casuales en las calles de París, pero que en realidad respondían a una profunda elaboración.

En la búsqueda de esa dimensión de sí reflejada en el otro, los retratos obtenidos por Avedon revelan un trabajo intenso durante la sesión fotográfica, de forma de desarmar al modelo y conseguir así que a éste se le cayese “la máscara”. Entonces el contraste entre el sujeto real y la imagen pública constituiría el planteamiento central o lo que el propio Avedon denominaba “la opinión” que genera una imagen. Estas sesiones podían terminar siendo demoledoras y consistían de varias horas de trabajo frenético en las que el fotógrafo atacaba de manera incesante al modelo hasta que éste se quebraba y dejaba traslucir su rostro real.

Igualmente, a nivel formal, Avedon es profundamente apolíneo y sobrio. Sus trabajos tienen una dimensión minimal que es sumamente elegante. Fue marca distintiva de su propuesta el uso de fondos neutros de modo de darle el máximo acento al carácter del modelo. Así, no resulta extraño, por ejemplo, conseguir la misma densidad de lo humano en el rostro  que el fotógrafo lograba, tanto de un indigente como de alguna personalidad de máxima envergadura.

En este creador concurrió un artista de gran intensidad con un hombre comprometido con las causas libertarias. Su trabajo en torno a los derechos civiles norteamericanos, así como su experiencia en los eventos de la caída del Muro de Berlín ponen ello en evidencia. Asimismo, su aproximación a fenómenos estéticos en irrupción le llevó a ser cercano a figuras como Truman Capote.

En Richard Avedon se da la confluencia de una fotografía elegante y trascendente. En ella el rostro humano adquiere una dimensión última, más allá de las cosas.